La recuperación del negocio ganadero en Argentina está modificando la forma en que los productores evalúan sus inversiones. Con un mejor precio de la hacienda y márgenes más atractivos en los sistemas intensivos, el maíz recupera protagonismo no solo como cultivo comercial, sino también como la principal fuente de alimento para producir más kilos de carne por hectárea. Especialistas de SUPRA sostienen que la calidad del silaje pasa a ser un factor determinante de la rentabilidad.
Cuando mejora la ganadería, también cambia el valor del maíz
La recuperación del precio de la hacienda y la firmeza del valor del novillo están generando un cambio de enfoque dentro de los establecimientos ganaderos. En este nuevo escenario, el objetivo deja de ser únicamente reducir costos y pasa a maximizar la producción de carne por hectárea.
En ese contexto, el maíz adquiere un rol estratégico. Ya no se analiza solamente por su precio, las exportaciones o la superficie sembrada, sino por su capacidad para transformar energía en producción animal.
“Muchas veces analizamos el mercado de maíz mirando exportaciones, precios internacionales o superficie sembrada. Pero una parte muy importante de su demanda se genera puertas adentro de los propios sistemas productivos. Cuando la ganadería mejora, crece la necesidad de transformar más energía en kilos de carne, y ahí el maíz recupera un rol protagónico”, explicó Justo MacLoughlin, responsable del negocio de SUPRA para Argentina y Uruguay.
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El verdadero indicador es la carne producida por hectárea
Los especialistas sostienen que el rendimiento del cultivo, por sí solo, dejó de ser el principal parámetro de evaluación.
Hoy la variable que define el resultado económico es cuántos kilos de carne puede generar cada hectárea sembrada.
Para alcanzar ese objetivo, la calidad del silaje resulta determinante. Aspectos como la digestibilidad de la fibra, el contenido de almidón, la estabilidad de la planta y el momento adecuado de picado inciden directamente sobre la eficiencia de conversión alimenticia y las ganancias de peso de los animales.
Según MacLoughlin, cuando mejora el precio de la carne también aumenta el valor económico de cada mejora en eficiencia dentro del sistema.
“Cuando los márgenes son ajustados, gran parte de las decisiones están orientadas a reducir costos. Pero cuando mejora el valor de la producción, la discusión cambia. El foco pasa a estar en cómo producir más kilos de carne por hectárea. En ese escenario, la calidad del silaje deja de ser un costo y se transforma en una inversión”, afirmó.
El híbrido también se evalúa desde el animal
La creciente intensificación de la producción ganadera modificó también el enfoque del mejoramiento genético.
SUPRA, la marca de maíz de GDM, desarrolla híbridos considerando tanto su comportamiento agronómico como su calidad nutricional para silaje.
Entre las novedades del portafolio se destaca S 4450 VIP3, un híbrido desarrollado específicamente para producción de silo y con protección tecnológica frente al complejo de lepidópteros.
Para Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de SUPRA para Argentina y Uruguay, los productores ya no miden únicamente toneladas de forraje.
“Cada vez más productores miden sus resultados en kilos de carne o litros de leche producidos por hectárea. Para ellos, la estabilidad, la calidad del forraje y la eficiencia de utilización son tan importantes como el rendimiento”, señaló.
La calidad del silaje gana protagonismo
Los especialistas coinciden en que los períodos de recuperación ganadera suelen acelerar la incorporación de tecnologías que permiten mejorar la eficiencia productiva.
En ese escenario, invertir en genética, planificación y calidad del silaje deja de ser una decisión exclusivamente técnica para convertirse en una herramienta que incrementa la rentabilidad del sistema.
Más que sembrar una mayor superficie de maíz, el desafío pasa por lograr que cada hectárea produzca más valor transformando el forraje en más kilos de carne o litros de leche.








































