Tres factores se combinaron para mantener las cotizaciones de la soja bajo presión: el fin del conflicto en Medio Oriente derrumbó el precio del petróleo a 70 dólares el barril —lejos de los 110-115 del pico bélico—, el dólar firme encarece los commodities para los países importadores, y China sigue sin comprar cantidades significativas de soja en Estados Unidos. En ese contexto, el analista Sebastián Olivero, de StoneX, aconseja esperar antes de vender el stock de la campaña 2025/26 y estar atentos al mercado climático de julio y agosto.
El movimiento del precio de la soja en Chicago fue un reflejo directo de la geopolítica. Las cotizaciones estaban por debajo de los 400 dólares por tonelada antes del conflicto en Medio Oriente, subieron hasta un máximo de 455 en el pico del conflicto y volvieron a 408 en los últimos días, una vez que la situación bélica comenzó a desescalarse. La caída del petróleo fue el principal gatillo: los aceites vegetales, incluido el de soja, pierden atractivo como materia prima para biocombustibles cuando el crudo baja.
A eso se suma el comportamiento de los cultivos de soja en Estados Unidos, con más del 65% en estado Bueno-Excelente, por encima del promedio de los últimos cinco años, lo que reduce la incertidumbre sobre la oferta. Y China, pese a los anuncios del presidente Trump, no concretó compras de soja estadounidense en las magnitudes que el mercado esperaba.
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Para los próximos meses, Olivero no anticipa subas abruptas pero tampoco descarta ventanas de oportunidad. El mercado climático de julio y agosto en Estados Unidos —cuando el cultivo está en las etapas críticas de floración y llenado de granos— puede generar volatilidad si aparecen problemas productivos. A medida que avance el año y se reduzcan los stocks disponibles en Argentina, los compradores domésticos también deberán volverse más activos para asegurarse el abastecimiento.
Respecto a la cosecha 2026/27, Olivero tampoco ve conveniente fijar precios anticipados de 326 dólares por tonelada para entrega en mayo de 2027, y aconseja esperar a que los fondos especulativos —que redujeron sus posiciones en soja— vuelvan a ingresar al mercado para capturar eventuales picos de precio.
El escenario que describe Olivero no es de catástrofe sino de paciencia estratégica: sin grandes alzas a la vista pero con posibles ventanas de recuperación, quienes tienen soja guardada tienen margen para esperar sin apuro. La clave será identificar el momento en que los fondos reingresen y los compradores domésticos aceleren su demanda, dos señales que podrían marcar un punto de inflexión en las cotizaciones.










































