Tres expresidentes del INTA firmaron una carta pública: el organismo perdió 1.800 trabajadores y el daño excede lo presupuestario

Cartel institucional del INTA frente a una estación experimental agropecuaria con instalaciones rurales al fondo.
Los expresidentes del INTA Carlos Cheppi, Carlos Paz y Susana Mirassou, junto al exdirector nacional Roberto Bocchetto y representantes de organizaciones de productores y Consejos Locales Asesores, difundieron una carta pública advirtiendo que el INTA perdió aproximadamente 1.800 trabajadores en dos años y medio —incluyendo las 900 desvinculaciones de junio a través del programa de retiros voluntarios— y que el daño resultante excede lo presupuestario al destruir capacidades científicas, tecnológicas y territoriales construidas durante décadas.

La carta afirma que “la cuestión de fondo son las capacidades que el país deja de tener para generar conocimiento, innovación tecnológica y acompañamiento para el desarrollo a uno de los sectores más dinámicos y estratégicos de la economía argentina”.

Los firmantes señalan que una proporción significativa de los trabajadores que dejaron la institución cuenta con formación de posgrado y extensa trayectoria de investigación, desarrollo y trabajo junto a productores, cooperativas, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Las pérdidas son especialmente graves en la Patagonia, el nordeste y la región pampeana, donde el INTA cumple roles estratégicos para actividades productivas muy diversas.


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Las Agencias de Extensión Rural —principal nexo entre el organismo y los productores— figuran entre las dependencias más afectadas, con impacto directo sobre tareas de capacitación, asistencia técnica, organización de productores y articulación con municipios, escuelas y organizaciones locales. Las Estaciones Experimentales Agropecuarias también perdieron personal clave para investigaciones en producción vegetal y animal, manejo de recursos naturales y desarrollo rural.

La carta repasa algunos aportes históricos concretos del organismo: los desarrollos de INTA Manfredi en maquinaria agrícola que contribuyeron al posicionamiento internacional de fabricantes argentinos; los avances de INTA Sáenz Peña en mejoramiento genético del algodón; el trabajo del campo experimental Pilcaniyeu en lana Merino y Mohair; y desarrollos en tecnologías de deshidratación de hortalizas, cultivos andinos como quinua y amaranto, sistemas de captación de agua rural, boyeros solares, agricultura de precisión y almacenamiento de granos.

Los firmantes reconocen que el INTA debe revisar sus prioridades y mejorar su funcionamiento, pero sostienen que ese debate debería darse de manera participativa y considerando no solo el costo de sostener la institución sino también el costo de desmantelar lo que tardó décadas en construirse.

“La discusión excede lo presupuestario”, concluye la carta, con una advertencia final: “Las capacidades pueden perderse en pocos meses; reconstruirlas puede llevar décadas”. El documento suma voces de peso al debate sobre el ajuste en el INTA en un momento en que el sector agropecuario atraviesa uno de sus ciclos más dinámicos en términos de producción y exportaciones.

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