A pocos meses del inicio de la campaña de maíz 2026/27, la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid recomendó reforzar las estrategias preventivas para controlar la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis). Aunque la campaña pasada mostró una menor presión de la plaga, los monitoreos detectaron incrementos poblacionales tempranos en distintas regiones, lo que obliga a planificar un manejo integrado desde antes de la siembra.
La histórica epidemia de achaparramiento del maíz registrada durante la campaña 2023/24 dejó en evidencia el impacto que puede generar la chicharrita sobre la producción agrícola argentina. Si bien el ciclo 2024/25 ofreció un escenario más favorable, los últimos relevamientos volvieron a encender las alertas.
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Según un informe elaborado por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid, durante la campaña 2025/26 se registraron aumentos tempranos en las poblaciones de Dalbulus maidis en distintas zonas del país, por lo que el organismo insiste en comenzar la prevención antes del inicio de la nueva siembra.
Las heladas no alcanzan para controlar la plaga
Uno de los principales conceptos que destaca el informe es que las bajas temperaturas, por sí solas, no garantizan la reducción de la población del insecto.
Las investigaciones más recientes muestran que la chicharrita posee mecanismos biológicos que le permiten sobrevivir al invierno mediante la acumulación de reservas energéticas y la disminución de su actividad reproductiva hasta encontrar nuevamente plantas de maíz.
Por ese motivo, la REM sostiene que el manejo debe apoyarse en un conjunto de prácticas coordinadas y no depender únicamente de las condiciones climáticas.
Eliminar los “puentes verdes”, una medida clave
Entre las recomendaciones, el organismo señala que el principal factor que limita naturalmente a la plaga no es el frío, sino la falta de alimento.
Por ello, resulta fundamental eliminar durante el invierno los maíces voluntarios o “guachos”, conocidos como “puentes verdes”, ya que permiten la supervivencia del insecto entre campañas.
La ausencia prolongada de plantas de maíz obliga a la chicharrita a consumir sus reservas energéticas y reduce significativamente sus posibilidades de sobrevivir.
Vacío sanitario y coordinación regional
Otra práctica considerada indispensable es respetar un vacío sanitario o “veda de maíz” de al menos tres meses, especialmente en las regiones endémicas del NEA y NOA.
La REM recomienda concentrar las fechas de siembra y evitar escalonamientos que faciliten el desplazamiento de la plaga entre distintos lotes.
En ese sentido, la coordinación entre productores de una misma región aparece como uno de los pilares del manejo integrado.
También se aconseja utilizar híbridos con mayor tolerancia, realizar tratamientos profesionales de semillas y monitorear los cultivos desde las primeras etapas del desarrollo, especialmente en lotes tempranos y en aquellos cercanos a maíces ya establecidos.
Las trampas son una herramienta, pero no la única
El monitoreo mediante trampas continúa siendo una herramienta importante para anticipar la presencia del insecto.
Sin embargo, la REM advierte que una mayor cantidad de capturas no implica necesariamente un mayor riesgo sanitario.
Los especialistas remarcan que también debe evaluarse el nivel de infectividad de las poblaciones detectadas, ya que este puede variar significativamente entre regiones.
Por eso, el manejo debe contemplar simultáneamente la dinámica del insecto, las condiciones climáticas, la presencia de maíz en el paisaje y el trabajo coordinado entre los productores.
Desde la REM de Aapresid concluyen que la prevención frente a la chicharrita comienza mucho antes de la siembra. La combinación de monitoreo permanente, eliminación de maíces voluntarios, vacío sanitario y manejo regional coordinado será determinante para reducir el riesgo de una nueva epidemia de achaparramiento durante la campaña 2026/27.
Fuente: Aapresid






































