El programa de mejoramiento genético forestal que lleva adelante el INTA en la Estación Experimental Agropecuaria Montecarlo, Misiones, logró incrementos de hasta el 48% en el volumen de madera en los materiales híbridos F1 INTA-PINDO respecto a los híbridos F2 implantados en la región. Con más de tres décadas de trabajo en selección de árboles superiores y obtención de semillas certificadas, el instituto reduce además la dependencia histórica de materiales importados y fortalece la competitividad del sector forestal misionero.
Tres décadas de mejoramiento genético con resultados concretos
Cristian Rotundo, investigador de la EEA Montecarlo, explicó que el objetivo central del programa es identificar y multiplicar árboles superiores que permitan mejorar la producción y la calidad de las plantaciones. Los resultados muestran saltos significativos según la especie: para Pinus taeda se registraron incrementos en volumen del 24% respecto a otros materiales de origen similar en la zona, mientras que el trabajo sobre Pinus elliottii permitió mejoras de hasta el 25% frente a las semillas provenientes de los primeros huertos establecidos en la provincia.
El avance más destacado es el pino híbrido F1 INTA-PINDO, cuyos incrementos en volumen pueden llegar hasta el 48% frente a materiales híbridos F2 implantados en la región, un salto que tiene impacto directo en la rentabilidad de cada forestación.
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Del huerto al vivero: la transferencia que cierra el círculo
Los avances del laboratorio se materializan en el territorio a través de los viveros forestales, eslabón clave para convertir la genética mejorada en millones de plantines. Luis Kutz, propietario del vivero Arco Iris en Puerto Esperanza, trabaja con materiales del INTA desde hace más de 25 años. “Hoy la industria busca cada vez mejor calidad de árboles: buen crecimiento, buena forma y ramas finas que permitan mejores rendimientos en el aserradero. Eso es lo que está logrando el trabajo del INTA”, destacó.
Por qué el plantín inicial define todo
En el sector forestal, donde los ciclos productivos oscilan entre 15 y 25 años, la calidad del material genético inicial es el factor más determinante del desempeño final. Mejoras en crecimiento, forma del árbol y calidad de madera se traducen, con el paso de los años, en diferencias significativas de volumen, rendimiento industrial y rentabilidad. Por eso, la disponibilidad de materiales locales certificados no es solo una ventaja productiva sino también estratégica.
“El INTA consolida su rol como generador de esta tecnología, transformando la investigación en una herramienta de producción que se transfiere a los viveros y se expresa luego en cada plantación forestal”, concluyó Rotundo. La oferta local de materiales mejorados reduce además la dependencia de semillas históricamente importadas, fortaleciendo la soberanía tecnológica del sector forestal misionero en un contexto donde la demanda de madera de calidad sigue creciendo.








































