Un análisis publicado por la Fundación Producir Conservando volvió a poner en foco la desventaja competitiva que enfrenta el agro argentino frente a otros grandes productores mundiales. Según una comparación basada en el indicador Producer Support Estimate (PSE) de la OCDE para el período 2021-2023, mientras productores europeos, estadounidenses y australianos reciben transferencias positivas de sus gobiernos, en Argentina las retenciones y otras intervenciones generan un apoyo neto negativo cercano al 14% de los ingresos del productor.
Argentina, una excepción entre los grandes exportadores agrícolas
La agricultura mundial recibe, directa o indirectamente, apoyo de los gobiernos a través de distintos mecanismos que buscan estabilizar ingresos, reducir riesgos productivos, financiar seguros, sostener inversiones o promover prácticas ambientales.
Ese esquema es habitual en buena parte de los países que compiten con Argentina en los mercados internacionales. Sin embargo, el caso argentino se ubica en el extremo opuesto: en lugar de transferir recursos hacia el productor, el sistema de retenciones y otras intervenciones sobre los mercados extrae parte del ingreso que podría recibir la producción primaria.
El análisis de la Fundación Producir Conservando resume esa diferencia con una frase contundente: el mundo subsidia, mientras Argentina grava.

Qué mide el PSE y por qué importa para el campo
El indicador utilizado para comparar el apoyo estatal entre países es el Producer Support Estimate (PSE), elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El PSE mide qué porcentaje de los ingresos brutos del productor proviene de transferencias generadas por políticas públicas. Dentro de ese cálculo se incluyen subsidios directos, sostenimiento de precios, protección comercial, pagos desacoplados y otros instrumentos de apoyo.
Por eso, el PSE permite observar de manera comparativa si las políticas públicas de un país agregan ingresos al productor o, por el contrario, se los restan.
En la mayoría de los países agrícolas relevantes, el resultado es positivo. En Argentina, en cambio, el indicador se ubica en terreno negativo.

El dato que marca la diferencia: -13,7% para Argentina
Según la OCDE, para el período 2021-2023 Argentina registró un PSE de -13,7%.
Esto significa que, en promedio, los productores argentinos recibieron aproximadamente un 14% menos de ingresos que los que habrían obtenido con precios internacionales y sin las políticas vigentes.
La diferencia se explica principalmente por las retenciones o derechos de exportación, junto con otras intervenciones que afectan el funcionamiento de los mercados.
En otras palabras, mientras buena parte de los competidores internacionales reciben apoyo estatal para estabilizar su rentabilidad, el productor argentino enfrenta una transferencia neta en sentido contrario.
Cuánto recibe un productor en otros países
La comparación internacional muestra la magnitud de la brecha.
De acuerdo con el análisis, como porcentaje de sus ingresos:
- Un productor europeo recibe aproximadamente entre 15% y 20% adicional de apoyo.
- Un productor estadounidense recibe alrededor de 10%.
- Un productor australiano recibe cerca de 3%.
- Un productor argentino enfrenta un efecto equivalente a una reducción cercana al 14% de sus ingresos por las políticas vigentes.
La diferencia no solo está en el nivel de apoyo, sino también en la orientación de las políticas. En los países competidores, los instrumentos suelen apuntar a estabilizar ingresos, cubrir riesgos climáticos o comerciales, financiar innovación, sostener seguros agrícolas o promover prácticas ambientales.
En Argentina, en cambio, el principal efecto proviene de impuestos aplicados sobre las exportaciones y de intervenciones directas sobre los mercados.
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Estados Unidos: seguros, compensaciones y crédito
En Estados Unidos, el productor recibe apoyo principalmente mediante un sistema de herramientas orientadas a reducir riesgos.
Entre los mecanismos más relevantes se encuentran los subsidios de entre 60% y 70% del costo del seguro agrícola, los programas que compensan caídas de precios o ingresos, las ayudas extraordinarias frente a sequías, inundaciones o huracanes, los créditos blandos o subsidiados, y una fuerte inversión pública en investigación, extensión e infraestructura.
En años normales, el apoyo ronda entre el 7% y el 10% del ingreso bruto, aunque puede aumentar significativamente durante crisis climáticas o comerciales.
El foco del sistema estadounidense no está puesto únicamente en subsidiar precios, sino en sostener la capacidad productiva frente a escenarios adversos.
Unión Europea: el sistema de apoyo más importante
El caso de la Unión Europea es aún más amplio. La Política Agrícola Común (PAC) continúa siendo uno de los sistemas de apoyo agrícola más importantes del mundo.
Un productor europeo suele recibir pagos básicos por superficie, pagos adicionales por prácticas ambientales, incentivos para jóvenes productores, fondos para inversiones y subsidios para seguros y gestión del riesgo.
En muchas regiones, esos pagos representan entre el 30% y el 60% de la renta neta del establecimiento, especialmente en explotaciones mixtas y ganaderas.
El contraste con Argentina es directo: mientras en Europa los pagos son transferencias directas al productor, en Argentina el signo negativo refleja extracción de recursos vía retenciones y otras intervenciones de mercado.
Australia: bajo apoyo, pero positivo
Australia muestra un nivel de apoyo menor que Europa y Estados Unidos, pero igualmente positivo.
Según la comparación, el productor australiano recibe cerca de 3% de apoyo sobre sus ingresos. Aunque se trata de un porcentaje bajo, marca una diferencia conceptual relevante frente al caso argentino: el productor no enfrenta una extracción neta equivalente a la que generan las retenciones.
Esto refuerza la idea central del análisis: Argentina no solo subsidia menos que sus competidores, sino que además grava directamente al productor exportador.
La comparación por hectárea
Aunque cada establecimiento tiene una estructura distinta, el informe plantea que puede hacerse una aproximación para una explotación agrícola de alta productividad.
En Europa, los pagos funcionan como transferencias directas al productor y pueden mejorar de manera significativa la renta del establecimiento.
En Argentina, el efecto es inverso: el signo negativo refleja una pérdida de ingresos por retenciones y otras intervenciones. Esa diferencia impacta directamente sobre la competitividad por hectárea, la capacidad de invertir, la adopción de tecnología y la posibilidad de sostener márgenes en campañas de alta volatilidad.

Competir con el mundo en condiciones desiguales
Los países que compiten con Argentina no solo difieren en el nivel de subsidios, sino también en la forma en que apoyan al sector agropecuario.
En general, el apoyo se concentra en estabilizar ingresos, financiar seguros, impulsar la innovación y promover prácticas ambientales, más que en subsidiar directamente el precio de los productos.
Ese diseño permite amortiguar crisis climáticas, caídas de precios o aumentos de costos, al tiempo que sostiene inversiones de largo plazo.
Para el productor argentino, la ecuación es distinta. Las retenciones reducen el precio efectivamente percibido, afectan la rentabilidad y achican el margen disponible para reinvertir en tecnología, infraestructura o mejoras productivas.
Retenciones: el punto central de la desventaja
La Argentina constituye una excepción entre los grandes exportadores agrícolas porque mantiene un esquema en el que el Estado captura una parte del ingreso generado por la producción exportable.
Las retenciones o derechos de exportación reducen el precio que recibe el productor respecto de los valores internacionales. A eso se suman otras intervenciones de mercado que, según el análisis, terminan configurando un apoyo neto negativo.
Desde la mirada de competitividad, el problema no se limita al costo fiscal o tributario. También afecta decisiones productivas, incorporación de tecnología, rotaciones, uso de insumos, financiamiento y expansión de área en zonas donde los márgenes son más ajustados.
El informe de la Fundación Producir Conservando vuelve a exponer una diferencia estructural para el agro argentino: mientras los principales competidores reciben apoyo estatal para estabilizar ingresos y reducir riesgos, el productor local enfrenta una transferencia negativa cercana al 14% de sus ingresos. En ese marco, la eliminación de retenciones y de otras intervenciones sobre los mercados aparece como una condición clave para mejorar la competitividad del campo argentino frente al mundo.











































