Incendios rurales: la técnica que puede reducir hasta 72% su severidad

Brigadistas supervisan una quema prescripta de baja intensidad en un pastizal seco para prevenir incendios rurales.
La Red de Manejo de Incendios Rurales advirtió que la extinción sistemática de todos los focos favoreció la acumulación de pastos, hojas y ramas secas. Especialistas proponen utilizar fuego planificado, bajo condiciones meteorológicas controladas y con personal capacitado.

Ante el inicio de la temporada de mayor riesgo de incendios rurales y forestales en distintas regiones de la Argentina, especialistas de la Red de Manejo de Incendios Rurales recomendaron incorporar las quemas prescritas como herramienta preventiva para reducir la acumulación de material vegetal y disminuir la intensidad de futuros incendios. La práctica debe realizarse en áreas delimitadas, bajo planificación técnica, condiciones meteorológicas específicas y estrictos protocolos de seguridad.

La propuesta implica un cambio respecto de la estrategia que predominó durante décadas, basada en combatir cualquier foco de fuego apenas aparecía.

Según los especialistas, la eliminación sistemática de todas las quemas, incluidas aquellas de baja intensidad que históricamente formaron parte de algunos ecosistemas, favoreció la acumulación de hojas, ramas y pastizales secos.

Ese material funciona como combustible cuando coinciden una fuente de ignición, temperaturas elevadas, baja humedad y viento. En esas condiciones, un incendio puede propagarse con rapidez y alcanzar una intensidad que dificulta o incluso impide su control.

El riesgo de acumular combustible vegetal

La ecología moderna utiliza el concepto de “déficit de fuego” para describir lo que ocurre cuando un ambiente que convivió históricamente con quemas periódicas deja de recibirlas durante largos períodos.

La ausencia total de fuego permite que se acumulen combustibles finos sobre la superficie. Entre ellos se encuentran los pastos secos, las hojas caídas, las ramas pequeñas y la vegetación envejecida.

Para la Red de Manejo de Incendios Rurales, esta acumulación incrementa la posibilidad de que una futura ignición derive en un incendio de comportamiento extremo.

El fenómeno puede observarse en ambientes que evolucionaron junto al fuego, como los pastizales pampeanos, los palmares de yatay y algunos bosques secos. En esos ecosistemas, las quemas naturales o de baja intensidad formaron parte de su dinámica durante siglos.

El cambio de enfoque no implica dejar que los incendios avancen sin control, sino intervenir anticipadamente para reducir el material disponible antes de que aparezcan condiciones críticas.


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Las quemas pueden reducir la severidad de los incendios

La evidencia científica internacional respalda el uso preventivo del fuego bajo condiciones controladas.

De acuerdo con un metaanálisis que reunió tres décadas de investigaciones, las quemas prescritas, aplicadas de manera individual o combinadas con el raleo de árboles, permitieron reducir entre un 62% y un 72% la severidad de incendios posteriores.

La disminución se explica principalmente por la eliminación anticipada del combustible fino superficial, uno de los materiales que facilita la rápida propagación de las llamas.

Sin embargo, los especialistas aclaran que una quema prescrita no equivale a encender fuego de manera improvisada en un campo.

Se trata de una intervención técnica que debe ser diseñada, autorizada y ejecutada por equipos capacitados, de acuerdo con la normativa vigente en cada jurisdicción.

Cómo se planifica una quema prescrita

La práctica consiste en aplicar fuego sobre una superficie previamente delimitada y dentro de una ventana meteorológica determinada.

Antes de iniciar la intervención, los equipos técnicos analizan variables como la temperatura, la humedad relativa, el estado del combustible vegetal y la velocidad y dirección del viento.

También pueden utilizar índices especializados, como el Fire Weather Index, para estimar el posible comportamiento del fuego y determinar si existen condiciones adecuadas para realizar la tarea.

El objetivo es que las llamas avancen con baja intensidad y consuman principalmente pastos, hojas y ramas pequeñas, sin provocar daños significativos en la estructura de los árboles ni degradar el suelo.

La planificación también requiere definir cortafuegos, recursos disponibles, personal responsable y procedimientos de contingencia. Por esa razón, la técnica no debe ser realizada por particulares sin capacitación ni respaldo profesional.

Ensayos en distintas regiones argentinas

La Argentina cuenta con antecedentes científicos sobre el uso de quemas prescritas en ambientes rurales, forestales y áreas protegidas.

Investigaciones desarrolladas por equipos del Conicet y universidades nacionales evaluaron esta herramienta en plantaciones forestales de Misiones, Neuquén, Chubut y Santiago del Estero.

Los ensayos mostraron reducciones de entre el 24% y el 71% en la cantidad de combustibles finos disponibles.

Para el sector forestal, disminuir ese material resulta especialmente relevante, ya que permite reducir la exposición de plantaciones cuya producción demanda años o incluso décadas de inversión.

Las experiencias también buscan evitar que incendios superficiales de baja intensidad alcancen las copas de los árboles y evolucionen hacia eventos más rápidos, destructivos y difíciles de combatir.

Resultados en Buenos Aires y Entre Ríos

La utilización planificada del fuego también registró experiencias en la Reserva Campos del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires, y en el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos.

Según los especialistas, las quemas realizadas en forma de parches pueden generar un mosaico de sectores con distinta cantidad y altura de vegetación.

Esa discontinuidad reduce las posibilidades de que un incendio avance de manera uniforme sobre grandes superficies y ayuda a limitar su propagación.

Además de disminuir el combustible disponible, las intervenciones pueden favorecer la recuperación de determinados ambientes, contribuir al control de especies invasoras y mejorar la calidad del forraje utilizado por la fauna silvestre y el ganado.

Los resultados dependen, sin embargo, del tipo de ecosistema, la época del año, las condiciones climáticas y la frecuencia con la que se aplica el tratamiento.

Un cambio de paradigma frente a incendios más extremos

El cambio climático y la mayor frecuencia de períodos con sequía, altas temperaturas y vientos intensos aumentan la necesidad de revisar las estrategias tradicionales de prevención.

Desde la Red de Manejo de Incendios Rurales sostienen que el desafío ya no consiste en eliminar completamente el fuego de los ambientes rurales, sino en aprender a utilizarlo de manera segura y estratégica.

“El combustible que no se quema de forma controlada hoy es la leña de un incendio catastrófico mañana”, resumieron desde la organización.

Como antecedente, los especialistas recordaron el incendio ocurrido en Puerto Madryn en 1994, donde una importante acumulación de pasto seco contribuyó a alimentar un evento de comportamiento extremo.

En ese contexto, consideran necesario impulsar políticas públicas y estrategias privadas que incorporen el manejo preventivo de los combustibles vegetales. El objetivo es proteger poblaciones, infraestructura, plantaciones forestales, cuencas de agua y sistemas productivos frente a incendios rurales cada vez más severos.

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