El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado, aprobado y puesto en vigencia provisoria en apenas seis meses desde enero de 2026, fue analizado en el Congreso Maizar 2026 por el embajador europeo Erik Høeg, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales Fernando Brun y el presidente de CIARA-CEC Gustavo Idígoras. El diagnóstico fue optimista pero exigente: Argentina pasó de tener relaciones comerciales con el 10% del comercio mundial al 30%, maíz, sorgo, miel y girasol ya pueden ingresar a la UE sin arancel, y por primera vez en 25 años el país es recibido en Bruselas como socio y no como amenaza.
Un hito histórico comparable a la creación del Mercosur
Maximiliano Moreno, director del INAI y moderador del panel, ubicó el acuerdo Mercosur-UE entre los tres grandes hitos de inserción internacional argentina, junto a la creación del Mercosur y la incorporación a la OMC en los años noventa. Brun destacó la “determinación política” del presidente Milei para cerrarlo y recordó que, tras una presentación “dura” en Diputados, el Senado lo aprobó con 53 votos a favor y solo 3 en contra. Argentina fue el primer país del Mercosur en ratificarlo, todos los miembros lo hicieron antes de los 30 días, y eso no le dejó a la Comisión Europea más opción que otorgar vigencia provisoria desde mayo.
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Lo que ya está vigente y lo que viene
Desde hace un mes, maíz, sorgo, miel y girasol pueden ingresar a la UE en condiciones preferenciales. En el caso del maíz, la cuota de acceso “es para siempre”, según Idígoras, y aunque es pequeña en volumen, es la más grande que la UE otorgó al resto del mundo. En cinco años, los países del Mercosur tendrán una cuota libre de aranceles para colocar hasta un millón de toneladas anuales de granos en el mercado europeo.
Los primeros resultados concretos ya se vieron: productores argentinos de miel de Entre Ríos y arroz de Corrientes ganaron la parte del león en las primeras cuotas trimestrales disponibles mediante el sistema de primero llegado, primero servido. A partir del maíz, Argentina también pretende acceder al mercado europeo del biodiésel.
Para productos del interior, el acuerdo elimina aranceles de entre 14 y 17% que pagaban manzanas, peras, algodón, cerezas y blueberries mientras competidores de otros países pagaban cero.
De amenaza a socio: el cambio de trato
Idígoras resumió el cambio con una imagen concreta: antes, pedir una reunión con la UE podía implicar una espera de 24 meses para ser atendido brevemente; ahora la respuesta llega en una semana y se dispone del tiempo necesario para discutir en paridad de condiciones. “Ya no somos una amenaza para la UE”, sintetizó Brun.
Høeg confirmó que el acuerdo incluye indicación geográfica para ambos lados: se reconocerán el origen de los quesos italianos y el de los vinos argentinos del Valle de Uco. Precisó además que el 40% de la inversión extranjera directa en Argentina es de origen europeo y crecerá gracias al acuerdo, el RIGI y el camino hacia la OCDE.
El desafío que queda: las regulaciones europeas
Idígoras no esquivó la tensión: Europa es “reina mundial de regulaciones complicadas” que en la mayoría de los casos perjudican a productores externos. Las reglas sobre deforestación, calificadas como “un argumento fabricado en claustros académicos” para no importar biocombustibles, no cambiarán. Høeg respondió que Europa “seguirá regulando para proteger el ambiente y la salud de sus consumidores”. El acuerdo no elimina esas fricciones, pero sí cambia el escenario para negociarlas.
“Argentina está recuperando tiempo perdido y planteando al Mercosur abrirse al mundo”, cerró Brun, quien anticipó que lo aprendido en la negociación con la UE servirá para avanzar en acuerdos con Canadá, Vietnam e India. “Los tiempos de esas negociaciones no pueden ser de 25 años”, concluyó.










































