Por qué la soja le gana al maíz en área sembrada aunque el clima favorezca al cereal

Productor argentino observa un lote de soja verde junto a un camino rural durante el atardecer en la pampa húmeda.
La soja vuelve a crecer en la región núcleo y le gana terreno al maíz en la intención de siembra 2026/27. La razón no es climática —el escenario hídrico con reservas recuperadas y un El Niño activo favorece al cereal— sino económica: implantar maíz cuesta el doble que la soja con márgenes finales casi idénticos. La oleaginosa ya suma 240.000 hectáreas en las primeras encuestas y promete ir por más.

El giro después del piso histórico

La campaña que acaba de cerrar fue la de menor área sembrada con soja de los últimos 19 años. Sin embargo, algo cambió. En General Pinto lo explican sin rodeos: “Con este panorama, hay una tendencia de ir hacia soja de primera y bajar maíz en la próxima siembra por una cuestión de inversión por hectárea. Los costos subieron mucho este año tanto en pesos como en dólares.”

El primer factor concreto: el 80% de las 300.000 hectáreas que dejarán de sembrarse con trigo en la región núcleo irían a soja de primera. El segundo: incluso en zonas maiceras por tradición, la oleaginosa avanza. En Marcos Juárez la soja de primera aumentaría un 15% y el maíz se reduciría un 10% respecto al ciclo anterior.

La ecuación que lo explica todo

En campo propio, la soja proyecta márgenes de 445 dólares por hectárea y el maíz 437 — prácticamente iguales. Pero la inversión para llegar a ese resultado es muy distinta: el maíz demanda 1.300 dólares por hectárea frente a 700 de la soja. En campo alquilado la diferencia se achica aún más: 5 dólares de renta para la oleaginosa contra 4 para el cereal.

La conclusión es directa: similar resultado final, el doble de capital en riesgo. Para muchos productores, especialmente los que alquilan campos, la soja es la única opción razonable.


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Flete y fertilizantes, los grandes villanos del cereal

Detrás de esa brecha de costos hay dos componentes que solos explican más de la mitad de la inversión en gramíneas. En trigo, fertilizantes y flete representan el 54% de los costos totales. En maíz, el 52%. Solo la nutrición —urea y fosfato monoamónico— explica el 35% de los costos del trigo.

La distancia al puerto es el otro factor que puede hacer o deshacer un negocio. Con 150 kilómetros a Rosario y un rinde de 40 quintales por hectárea, el margen neto del trigo en campo propio apenas llega a 94 dólares. En campo alquilado entra directamente en rojo: -103 dólares por hectárea. Por eso muchos productores de la zona de Junín ya negocian directamente con molinos cercanos para cortarle el flete al negocio.

El esquema que mejor resiste esta presión es el doble cultivo trigo/soja: 519 dólares de margen neto en campo propio y todavía positivo en alquilado con unos 50 dólares. Pero exige una inversión de casi 1.400 dólares por hectárea, lo que lo pone fuera del alcance de quienes buscan reducir exposición.

La paradoja que define esta campaña es estructural: el mejor escenario climático posible no alcanza para compensar la presión de costos. Como advierten en General Pinto, fertilizar adecuadamente para que el maíz exprese su potencial es una apuesta que este año muy pocos están dispuestos a hacer. La soja no gana porque sea la mejor opción agronómica — gana porque es la menos riesgosa financieramente.

Fuente: BCR

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