Tras cuatro años de ensayos con 18 cultivares en Formosa, investigadores de INTA Ingeniero Juárez recomiendan diversificar la base forrajera para sostener la producción con 45°C y lluvias variables.
La ganadería en el oeste de Formosa opera en uno de los ambientes más exigentes del país: temperaturas que superan los 45 grados, precipitaciones que promedian los 650 milímetros anuales con alta variabilidad entre campañas y un sistema productivo que depende históricamente del bosque nativo como base forrajera. Para mejorar y estabilizar esa oferta, el INTA Ingeniero Juárez evaluó durante cuatro ciclos productivos el comportamiento de 18 cultivares de gramíneas megatérmicas en parcelas experimentales de la región.
Los resultados identifican materiales concretos para potenciar la producción en condiciones de alta exigencia y aportan una hoja de ruta para quienes planifican la base forrajera en el Chaco Semiárido.
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Los que más rindieron
Los materiales de buffel grass (Cenchrus ciliaris) de porte alto se destacaron como los más productivos y estables. Los cultivares Molopo, Biloela, Lucero INTA-Pemán y Orión INTA alcanzaron entre 10.700 y 11.500 kg de materia seca por hectárea por año, con buen comportamiento tanto en años húmedos como secos. A eso se suma una rápida recuperación después del pastoreo y un rebrote temprano, dos características clave en sistemas ganaderos con alta presión sobre el forraje disponible.
Otro material que se destacó fue el Panicum coloratum cv. Bambatsi, con más de 10.200 kg de materia seca por hectárea por año, duplicando los valores registrados por el cultivar Klein de la misma especie. Entre las especies rastreras, Urochloa humidicola cv. Llanero también mostró un desempeño sobresaliente, con producciones cercanas a los 11.100 kg por hectárea, especialmente en los años con mayores precipitaciones.
El Gatton panic, una de las gramíneas más difundidas en la región, registró rindes próximos a los 8.000 kg de materia seca por hectárea, con excelente calidad forrajera. Sus valores más moderados lo posicionan como complemento dentro de mezclas forrajeras más amplias.
Los que perdieron pisada con el tiempo
No todos los materiales mantuvieron su rendimiento a lo largo de los cuatro años. Algunos cultivares de Grama Rhodes (Chloris gayana) mostraron una caída en la densidad de plantas a partir del tercer año de evaluación. El dato refuerza una conclusión que la investigadora María Inés Cavallero subraya: no alcanza con mirar el rendimiento inicial, también hay que considerar la persistencia del stand de plantas en el tiempo.
La clave: diversificar, no apostar a uno solo
El mensaje del equipo del INTA es claro. Combinar especies con características complementarias —algunas con mayor producción en años húmedos, otras más tolerantes al déficit hídrico— permite sostener la oferta forrajera a lo largo del tiempo y reducir la variabilidad entre campañas.
Cavallero lo resume así: contar con datos locales sobre el desempeño de estos cultivares es fundamental para mejorar la planificación forrajera, y los resultados muestran que existen alternativas concretas para potenciar la producción en la región.








































