Un equipo de investigadores de la Unidad de Estudios Agropecuarios del INTA-CIAP describió el mecanismo mediante el cual las plantas activan y propagan sus defensas frente a patógenos a nivel sistémico, identificando el rol clave de la proteína HASTY y de pequeñas moléculas de ARN que funcionan como mensajeros entre células. El trabajo, publicado en la revista científica Plant Communications, aporta nuevos elementos para entender la memoria inmunitaria vegetal y abre perspectivas para mejorar la sanidad y productividad de los cultivos.
Las plantas no tienen células especializadas del sistema inmune ni producen anticuerpos, pero cuentan con sofisticados mecanismos de defensa. Uno de los más relevantes es la resistencia sistémica: cuando una planta detecta un patógeno en un tejido localizado, no solo responde en ese punto sino que envía señales al resto de sus tejidos —incluso los que no fueron infectados— para preparar una respuesta coordinada.
“Comprender cómo se generan y regulan estos procesos resulta clave tanto desde el punto de vista científico como para el desarrollo de herramientas aplicadas en la agricultura”, explicó Damián Cambiagno, investigador responsable del trabajo.
El hallazgo central del estudio es el rol de los microARNs (miRNAs), pequeñas moléculas de ARN que regulan la expresión génica. Lo que el equipo demostró es que estos miRNAs no solo actúan en las células donde se originan, sino que pueden desplazarse entre células, funcionando como mensajeros que sincronizan respuestas defensivas a distancia.
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La proteína HASTY (HST) es la pieza clave de ese mecanismo. El estudio muestra que HASTY participa en una etapa temprana de formación de los miRNAs —el procesamiento cotranscripcional— que resulta determinante para que estas moléculas adquieran la capacidad de moverse entre células. Cuando las plantas presentan mutaciones en HASTY, los miRNAs pierden esa movilidad y la defensa sistémica se compromete. Cuando se restituye el movimiento de estas moléculas, la respuesta defensiva global se recupera.
El trabajo fue dirigido por Cambiagno y contó con Manuel Musso como primer autor, además de la participación de los estudiantes Nahir Alanie y Luciano Quevedo, y la colaboración de Alejandra Trenchi, Nicolás M. Cecchini y Hernán Ramiro Lascano. La investigación fue desarrollada íntegramente en Argentina.
La conexión con la producción agrícola es directa. Actualmente existen herramientas biotecnológicas —como los bioinoculantes— que buscan inducir o potenciar estos mecanismos naturales de defensa. Profundizar en su comprensión molecular podría contribuir a optimizar esas estrategias y mejorar la resistencia de los cultivos frente a enfermedades.
El estudio agrega una pieza relevante al conocimiento sobre la memoria inmunitaria vegetal, un campo que está ganando creciente atención en la biotecnología agrícola. La posibilidad de activar o potenciar estos mecanismos desde afuera —a través de bioinoculantes u otras herramientas— representa una vía promisoria para reducir el uso de agroquímicos y fortalecer la sanidad de los cultivos de manera más natural y sostenible.







































