“La Argentina debería estar desbordando de productos que dependan del maíz y de la soja para exportar al mundo, y no solamente de grano.” Con esa definición, Juan Kútulas, presidente de CAPIA, resumió el consenso del panel organizado por la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal en el Congreso Maizar 2026. Referentes de las cadenas avícola, porcina y láctea debatieron cómo transformar más maíz en proteína animal y coincidieron en que el país tiene la oportunidad pero le faltan competitividad, infraestructura, financiamiento y acceso a mercados.
El maíz que aún no se transforma
La cadena del huevo consume cerca de un millón y medio de toneladas de maíz por año, y el cereal representa alrededor del 60% de la fórmula alimenticia de la actividad. Sin embargo, frente a los más de 60 millones de toneladas que produce el país, la proporción que efectivamente se transforma en proteína animal sigue siendo baja. “El gran desafío sigue siendo convertir una mayor proporción de esa producción”, señaló Kútulas.
El cerdo, una alternativa eficiente y rápida para agregar valor
Lisandro Culasso, vicepresidente de la Federación Porcina Argentina, destacó que muchos productores de maíz encuentran en el cerdo una alternativa muy eficiente para agregar valor en origen. El consumo de carne porcina en Argentina se triplicó en los últimos 20 años, con una tasa de crecimiento promedio cercana al 12% anual y una expansión del 9% en el último año, lo que consolida un escenario favorable para nuevas inversiones.
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El impacto territorial: de facturar por hectárea a facturar por empleo generado
Cristian Chiavassa puso el foco en el valor territorial de estos modelos. “Cuando agregás valor al maíz y lo convertís en proteína animal generás empleo, inversión y desarrollo local”, afirmó. Como ejemplo concreto, señaló que sistemas intensivos de producción láctea pueden facturar entre quince mil y diecisiete mil dólares por hectárea, multiplicando la capacidad de generar actividad económica respecto a esquemas agrícolas tradicionales.
Avicultura: conversión de 1,5 kilos de alimento por kilo de pollo
Franco Santangelo, presidente de CEPA, remarcó que el maíz representa cerca del 60% del alimento balanceado utilizado por la cadena avícola. En los sistemas más tecnificados, la conversión productiva alcanza cerca de 1,5 kilos de alimento por kilo de pollo vivo, uno de los índices más competitivos entre las proteínas animales. “El desafío no es solo producir más, sino hacerlo con más eficiencia”, sostuvo.
Los factores estructurales que frenan el salto
El panel coincidió en que la competitividad de las cadenas no depende únicamente del precio del maíz, sino también de infraestructura, logística, presión impositiva, financiamiento y acceso a mercados internacionales. Desde CAENA, Sebastián Dates agregó que parte del camino pasa por seguir mejorando la eficiencia productiva a través de formulaciones más precisas, nuevas enzimas, aditivos y probióticos que optimicen la conversión alimenticia.
El debate continuará el 22 de octubre en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, cuando CAENA realice su Congreso de Nutrición Animal bajo el título “2026, el año de la proteína animal”. El encuentro reunirá a referentes técnicos, empresarios y especialistas para analizar los desafíos y oportunidades de consolidar una producción de proteína animal más eficiente, competitiva y orientada a la exportación de mayor valor agregado.









































