INTA advierte: sin fertilización estratégica, la alfalfa acidifica el suelo, pierde carbono y puede producir menos del 65% de su potencial

Pastura verde en pleno crecimiento, utilizada para ilustrar nutrición de pasturas, fertilización y manejo de suelos en sistemas ganaderos.
Cristian Álvarez, especialista del INTA General Pico y la Facultad de Agronomía de la UNLPam, alertó en el Simposio Regional Fertilidad 2026 en Santa Rosa que la falta de fertilización estratégica en planteos de alfalfa provoca acidificación del suelo, pérdida de carbono y una caída drástica en la oferta forrajera. Sus datos son contundentes: la fertilización con fósforo y azufre puede incrementar la producción entre un 28% y un 106% en alfalfa pura, revertir el balance de carbono de negativo a positivo y evitar que el rendimiento caiga por debajo del 65% del potencial hídrico regional cuando el pH del suelo baja de 6,8.

La eficiencia hídrica, en juego

En zonas de secano, la productividad de las pasturas está directamente ligada a la eficiencia en el uso del agua. Un manejo integrado de la nutrición puede elevar la conversión biológica desde un piso de 12 kilos hasta alcanzar los 22 kilos de materia seca por milímetro de agua por hectárea. Sin embargo, esa dinámica se rompe cuando la degradación física del suelo avanza y genera compactación en los lotes.


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Fósforo y azufre: el salto productivo

Los ensayos regionales presentados por Álvarez demostraron que la fertilización estratégica con fósforo y azufre incrementa la producción entre un 28% y un 106% en alfalfa pura, y hasta un 46% en pasturas consociadas. Además, esta fertilización óptima permitió saltar de 4,65 a 6,6 toneladas de proteína pura acumulada por hectárea en tres años de producción en Anguil y Dorila.

Lo que la alfalfa extrae del suelo y nadie repone

Álvarez apuntó especialmente a la enorme exportación de nutrientes que implica la cosecha forrajera sin reposición. Evaluaciones sobre una producción acumulada de 33,3 toneladas de materia seca en tres años revelaron que la alfalfa extrae del suelo 673 kg por hectárea de cationes totales —425 kg de potasio, 205 kg de calcio y 43 kg de magnesio—, además de 37 kg de azufre y 48 kg de fósforo por hectárea. Si ese volumen se remueve sin esquemas de reposición, el suelo sufre una pérdida severa de bases intercambiables que abre la puerta a la acidificación.

El umbral crítico: pH por debajo de 6,8

Cuando el pH del perfil cae por debajo de 6,8, las pérdidas de rendimiento en alfalfa son drásticas: la pastura puede producir menos del 65% de su potencial hídrico regional. El círculo vicioso se completa con el impacto ambiental: los lotes degradados mostraron un balance negativo de carbono de hasta 760 kg de carbono por hectárea al año, mientras que los planteos correctamente nutridos lograron revertir esa tendencia y secuestrar hasta 690 kg de carbono por hectárea anuales.

“Las pasturas no son ajenas a la realidad del suelo; expresan el maltrato a través de una menor producción, problemas para persistir en el tiempo y una caída drástica en su calidad nutricional. Cuando fertilizamos bien con fósforo y azufre no solo producimos más forraje, sino que logramos dar vuelta el balance ambiental”, subrayó Álvarez. En sistemas ganaderos donde la pastura es la base de la producción de carne y leche, su degradación por falta de nutrición no es solo un problema agronómico sino también económico y ambiental.

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