El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur está en formación con más del 80% de probabilidades de establecerse entre junio y agosto, según los últimos pronósticos de los centros internacionales. Especialistas del Instituto de Clima y Agua del INTA advirtieron que el impacto será diferente según la región y la posición topográfica de cada lote, y destacaron que la diferencia entre sufrir pérdidas o capitalizar oportunidades depende de la anticipación y la planificación agronómica.
Qué se espera para junio-agosto
Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del INTA, anticipó que para el trimestre junio-julio-agosto hay mayor probabilidad de que las precipitaciones se ubiquen dentro del rango normal o por encima de los valores históricos en las provincias del centro y norte del país. En el norte de la Región Pampeana y en Cuyo, en cambio, son mayores las chances de precipitaciones normales a inferiores al promedio. En cuanto a las temperaturas, se prevé que las medias del trimestre se ubiquen por encima de lo normal en todo el país.
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La intensidad, todavía incierta
El Niño históricamente tiene un ciclo de vida que podría comenzar durante el trimestre abril-junio con intensidad débil e ir incrementando hacia la primavera. Según Gattinoni, para esa época hay chances similares de que sea moderado, fuerte o muy fuerte, dado que la incertidumbre en los sistemas de pronóstico sigue siendo significativa. La especialista aclaró que la intensidad del fenómeno no necesariamente se asocia con mayores lluvias ni mayor impacto, y que ese comportamiento depende de la región y la época del año.
El riesgo hídrico: cuencas y zonas bajas, los frentes críticos
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, señaló que los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas. Las grandes cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay podrían presentar situaciones de riesgo para producciones y poblaciones rurales aledañas ante la suba de caudal. Una consolidación temprana del fenómeno durante el invierno también podría generar lluvias por encima de lo normal en el centro-este de Buenos Aires, incluyendo toda la cuenca del río Salado.
Tres estrategias según la posición del lote
El INTA plantea un esquema de decisiones diferenciado según la topografía. En zonas bajas y deprimidas, la prioridad es prevenir: evitar siembras en sectores anegables, monitorear napas, asegurar la evacuación del agua y prever traslado de hacienda con sanidad preventiva. En media loma, el escenario es mixto: aprovechar la buena disponibilidad hídrica eligiendo cultivos y fechas de siembra que no queden expuestos a encharcamientos prolongados. En lomas y posiciones bien drenadas, la oportunidad productiva es máxima: concentrar la estrategia en el alto potencial de rendimiento y usar esas posiciones para concentrar hacienda, pastoreo diferido o almacenamiento de reservas forrajeras.
El agua como recurso, no solo como amenaza
Mercuri planteó que el exceso hídrico puede convertirse en el recurso más valioso de los próximos años si se gestiona con inteligencia: reservorios, aguadas, humedales funcionales, almacenamiento de agua en el perfil del suelo y sistematización agrohidrológica de campos y microcuencas no son solo defensas ante el exceso sino dispositivos de cosecha de agua para los ciclos secos que inevitablemente volverán.
“La diferencia entre sufrir daños y pérdidas o capitalizar las oportunidades que generan estos fenómenos depende de tomar decisiones preventivas y planificar con tiempo”, sintetizó Mercuri. El INTA recomienda consultar los pronósticos climáticos estacionales trimestrales como herramienta complementaria para ajustar decisiones a medida que el fenómeno evolucione durante los próximos meses.








































