Las señales de un evento El Niño fuerte comienzan a consolidarse y generan expectativas positivas para la campaña fina 2026/27 en Argentina. Con perfiles de humedad recargados, lluvias más frecuentes y una producción estimada superior a 21 millones de toneladas, el trigo podría ubicarse entre las mejores cosechas de los últimos años, aunque los especialistas advierten que será clave monitorear el comportamiento de las precipitaciones durante la primavera.
El clima vuelve a posicionarse como el principal factor que definirá el resultado de la campaña fina argentina. Mientras la siembra de trigo y cebada avanza en la mayor parte del país, los modelos climáticos muestran señales cada vez más claras del desarrollo de un evento El Niño, un fenómeno que históricamente favorece la producción triguera nacional.
Actualmente, las únicas dificultades importantes para la implantación se registran en sectores del centro y sudeste de la provincia de Buenos Aires, donde las lluvias dejaron suelos saturados y, en algunos partidos, las maquinarias no pudieron ingresar para completar la siembra.
Más allá de esos casos puntuales, el panorama general es favorable. Durante junio se registraron lluvias abundantes sobre el noreste argentino y el sur de Brasil, con acumulados superiores a 200 milímetros, más del doble del promedio mensual en algunas zonas. Estas precipitaciones son especialmente relevantes porque recargan las cuencas hídricas compartidas entre ambos países.
En la región núcleo, los perfiles de humedad comenzaron julio en condiciones óptimas, una situación poco frecuente en los últimos inviernos, cuando predominaban los déficits hídricos. Ese escenario favorece el crecimiento inicial del trigo y mejora las perspectivas productivas.
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Las estimaciones privadas proyectan una producción superior a 21 millones de toneladas, lo que ubicaría a la campaña 2026/27 entre las tres mejores de la historia para el cultivo.
El comportamiento histórico también respalda el optimismo. Diversos análisis basados en información de la NOAA, el USDA y Hedgepoint muestran que Argentina suele beneficiarse durante los eventos de El Niño gracias a una mayor frecuencia y regularidad de las precipitaciones.
Según esos estudios, el incremento de las lluvias favorece el establecimiento del cultivo, mejora el desarrollo vegetativo y optimiza el llenado de granos, elevando el potencial de rendimiento. Además, luego de períodos dominados por condiciones neutrales o La Niña, El Niño suele impulsar una recuperación significativa de la producción nacional y del saldo exportable.
Ese mayor volumen permite fortalecer la presencia argentina en mercados internacionales, especialmente en países de América del Sur y del norte de África.
Los pronósticos semanales también muestran una transición hacia un patrón de lluvias más frecuente desde mediados de julio. Las mayores probabilidades de precipitaciones se concentran sobre Misiones, el noreste argentino y el sur de Brasil, aunque gran parte del territorio nacional presenta perspectivas de lluvias regulares durante las próximas semanas.
Al mismo tiempo, la cordillera del norte de la Patagonia y la región de Cuyo continuarían recibiendo lluvias y nevadas que contribuirían a reducir el déficit hídrico acumulado en los últimos años.
La única excepción sería el extremo sur del país. Para el sur de Santa Cruz y Tierra del Fuego, los modelos mantienen una mayor probabilidad de condiciones relativamente más secas.
Sin embargo, los especialistas advierten que el escenario favorable también presenta desafíos. Los modelos climáticos asignan cerca de un 70% de probabilidad a que El Niño alcance una intensidad fuerte o muy fuerte entre octubre y diciembre.
Durante esa etapa, aumentan significativamente las probabilidades de lluvias intensas sobre el noreste argentino, el sur de Brasil y Uruguay. Algunas simulaciones incluso muestran anomalías positivas de precipitación de entre 250 y 350 milímetros para diciembre.
Por ese motivo, aunque el fenómeno aparece como una oportunidad para consolidar una gran campaña triguera, los técnicos recomiendan seguir de cerca la evolución de las lluvias durante la etapa final del cultivo, ya que excesos hídricos podrían afectar la cosecha e incluso modificar el inicio de la siembra de los cultivos de verano.
Con reservas de humedad excepcionales y una alta probabilidad de consolidación de El Niño, el trigo argentino inicia una campaña con perspectivas muy favorables. No obstante, el comportamiento de las precipitaciones durante la primavera será determinante para confirmar si el ciclo 2026/27 logra ubicarse entre los mejores de las últimas décadas.







































