La creciente resistencia antimicrobiana está impulsando un cambio en los sistemas de producción ganadera de todo el mundo. Durante una jornada organizada por la Comisión de Ganadería de CREA Sudoeste, el médico veterinario Claudio Cabral, director técnico de Nutrición Animal para Latinoamérica de Silva Team, analizó el impacto del uso de antibióticos promotores de crecimiento y presentó alternativas que permiten mantener la productividad con un menor uso de estos medicamentos.
Durante décadas, los antibióticos promotores de crecimiento fueron una herramienta clave para mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos intensivos. Su incorporación en pequeñas dosis dentro de la alimentación permitió reducir enfermedades subclínicas, mejorar la conversión alimenticia y aumentar la productividad de bovinos, aves y cerdos.
Sin embargo, el uso sostenido de estos compuestos comenzó a generar un problema que hoy preocupa tanto al sector agropecuario como a la salud pública: la aparición y propagación de bacterias resistentes a los antimicrobianos.
Según explicó Claudio Cabral, la resistencia puede desarrollarse por mutaciones naturales, pero también transmitirse entre bacterias mediante mecanismos horizontales, permitiendo que genes resistentes pasen incluso entre especies diferentes. Esta situación dificulta el control del fenómeno y amplía el reservorio de bacterias resistentes en el ambiente.
El especialista remarcó que resulta fundamental diferenciar el uso terapéutico de los antibióticos del empleo como promotores de crecimiento.
“No estamos diciendo que no haya que usar antibióticos terapéuticos. Si hay una enfermedad y el tratamiento indicado es un antibiótico, debe utilizarse. Lo que está en discusión es el suministro diario de dosis subterapéuticas como promotores de crecimiento”, señaló.
Cabral recordó que distintos organismos internacionales consideran a la resistencia antimicrobiana como uno de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI. Citó estimaciones que advierten que, si no se adoptan medidas, hacia 2050 las infecciones por bacterias resistentes podrían superar en mortalidad a enfermedades como el cáncer o las cardiovasculares. También indicó que actualmente alrededor de 1,5 millones de personas fallecen cada año de manera directa por infecciones resistentes y otras cinco millones presentan muertes asociadas a esta problemática.
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La situación en Argentina
En la producción bovina argentina, los principales antibióticos promotores pertenecen al grupo de los ionóforos, como monensina, lasalocid, narasina y salinomicina. También continúa utilizándose la virginiamicina, autorizada actualmente para el tratamiento de la acidosis ruminal.
Cabral explicó que el mayor riesgo no se encuentra en la carne obtenida, sino en el ambiente donde se desarrolla la producción ganadera y en la posibilidad de favorecer la diseminación de bacterias resistentes.
El camino que siguen otros países
Durante la presentación también repasó la experiencia internacional.
Dinamarca prohibió los antibióticos promotores de crecimiento en 1999 y la medida luego se extendió a toda la Unión Europea en 2006. Los registros muestran que, aunque inicialmente aumentó el uso terapéutico, el consumo total de antibióticos por kilogramo de carne producida se redujo aproximadamente a la mitad, demostrando que es posible mantener la producción con una menor dependencia de estos productos.
Brasil también comenzó recientemente a avanzar en la misma dirección. Tras restringir el uso de virginiamicina y bacitracinas, parte de la propia industria exportadora impulsa ahora la eliminación gradual de otros promotores, como los ionóforos.
Las alternativas disponibles
Frente a este escenario, Cabral destacó que hoy existen alternativas con respaldo científico para reemplazar parcialmente a los antibióticos promotores de crecimiento.
Entre ellas mencionó diferentes aditivos nutricionales evaluados en decenas de trabajos científicos, donde se observaron mejoras en la ganancia de peso y en la conversión alimenticia respecto de animales suplementados con monensina.
También presentó resultados obtenidos con productos a base de taninos en sistemas pastoriles sobre alfalfa, donde los animales mantuvieron buenos niveles productivos y no requirieron tratamientos antiparasitarios durante todo el ciclo de engorde.
Para Cabral, la evidencia científica disponible muestra que la producción ganadera puede reducir progresivamente la dependencia de los antibióticos promotores sin resignar eficiencia productiva. El desafío, sostuvo, consiste en adoptar tecnologías y estrategias que permitan mejorar la sanidad animal mientras se contribuye a disminuir uno de los principales problemas sanitarios a nivel mundial: la resistencia a los antimicrobianos.
Fuente: CREA









































