La biodiversidad se consolida como un componente clave para la producción agrícola en la Región Pampeana, luego de un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) que demostró que mejorar la diversidad floral en bordes de cultivo incrementa la presencia de polinizadores, reduce malezas y potencia servicios ecosistémicos fundamentales para el rendimiento y la calidad de los cultivo
La biodiversidad agrícola comprende todas las formas de vida presentes en los sistemas productivos y cumple funciones esenciales para sostener la producción. Sin embargo, en las últimas décadas su presencia se redujo de manera significativa debido a la expansión de los monocultivos, lo que impulsó nuevas líneas de investigación orientadas a recuperar su rol funcional.
En este contexto, un trabajo del Grupo de Investigación en Interacciones Ecológicas en Agroecosistemas de la FAUBA evaluó estrategias para aumentar la diversidad biológica en bordes de cultivo mediante la incorporación de especies florales.
La investigación, liderada por la especialista Analí Bustos, se centró en la polinización como uno de los servicios ecosistémicos más relevantes para la agricultura, especialmente en cultivos como soja, girasol y frutales, donde los insectos polinizadores inciden directamente en el rendimiento y la calidad.
Más polinizadores y mayor diversidad
En los ensayos, se implantaron mezclas de especies florales como trébol blanco, trébol rojo y lotus en bordes de cultivo, comparando estos ambientes con otros sin intervención.
Los resultados mostraron que los bordes mejorados registraron hasta tres veces más especies de polinizadores y cinco veces mayor abundancia de estos insectos. Además, se observó un incremento en la riqueza vegetal, con mayor presencia de plantas con flores.
Este aumento simultáneo en diversidad y abundancia sugiere que estos espacios pueden funcionar como hábitats funcionales que sostienen una mayor actividad biológica.
Beneficios sobre cultivos y malezas
Uno de los efectos más relevantes del estudio es el denominado “spillover” o efecto derrame, mediante el cual los insectos que habitan los bordes ingresan a los cultivos y mejoran la polinización.
De acuerdo con la investigadora, este proceso puede incrementar los rendimientos agrícolas hasta en un 40% en distintos sistemas productivos.
En paralelo, también se registró una reducción en la presión de malezas. El análisis del banco de semillas mostró que una mayor complejidad vegetal en los bordes disminuye la emergencia de especies no deseadas.
Asimismo, otros estudios dentro del mismo grupo detectaron un aumento en el control biológico de plagas, con presencia de insectos y avispas que contribuyen a regular poblaciones perjudiciales.
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Intensificación ecológica: un cambio de enfoque
Los resultados se enmarcan en el concepto de intensificación ecológica, una estrategia que busca integrar biodiversidad y producción agrícola.
Este enfoque plantea que la infraestructura natural del sistema productivo puede mejorar la estabilidad y resiliencia de los cultivos, especialmente en escenarios de cambio climático.

Sin embargo, su adopción aún es limitada. Según la especialista, existen barreras académicas, culturales y económicas, además de la falta de incentivos y capacitación técnica para su implementación a gran escala.
En otros países, estas prácticas ya forman parte de políticas públicas vinculadas a pagos por servicios ecosistémicos, lo que facilita su adopción por parte de los productores.
El estudio refuerza la idea de que la biodiversidad no es solo un componente ambiental, sino un factor productivo estratégico. La incorporación de bordes florales y el manejo de la diversidad biológica aparecen como herramientas con potencial para mejorar rendimientos, reducir insumos químicos y aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas, en un contexto de creciente presión climática y productiva.
Fuente: Prensa FAUBA








































