La sustentabilidad empieza a generar negocios: el agro busca monetizar sus buenas prácticas

Panel sobre sustentabilidad y rentabilidad en el Congreso Aapresid 2026, con Marcelo Torres y especialistas.
Medir, demostrar y comunicar las prácticas sustentables puede convertirse en una nueva fuente de valor para los productores agropecuarios. Especialistas de Argentina, Brasil y Europa coincidieron durante el Congreso Aapresid 2026, realizado en Rosario, en que los mercados demandan cada vez más información verificable sobre la forma de producir y que esos datos pueden abrir oportunidades comerciales, generar pagos por servicios ambientales y mejorar la rentabilidad.

Los datos del productor se convierten en un activo

Durante la última jornada del Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro, el eje “Sustentabilidad y Mercados” puso el foco sobre una transformación que comienza a atravesar a las cadenas agroalimentarias: ya no alcanza con afirmar que una producción es sustentable, sino que es necesario demostrarlo mediante indicadores y datos verificables.

En el panel “La sustentabilidad también se paga”, Inés Di Nápoli, fundadora de Plataforma PUMA y directora de Estrategia Global de PUMA by Regrow, remarcó que la información generada dentro de los establecimientos puede convertirse en un activo económico.

“Los datos son los activos más importantes que tienen los productores. Cuando son impulsados para tener indicadores que pueden generar negocios y agregar valor es muy importante”, afirmó.

La plataforma creada por Di Nápoli en 2019 desarrolló una calculadora de impacto ambiental que ya relevó más de 8 millones de hectáreas con distintos cultivos y tiene presencia en siete países.

Según explicó, uno de los principales desafíos consiste en transformar prácticas habituales del agro argentino en información que pueda ser valorada por los mercados.

“El cambio de uso del suelo actualmente es un criterio de elegibilidad de los productos y Argentina tiene una muy linda historia para contar”, sostuvo.

En ese sentido, señaló que tecnologías consolidadas en el país, como la siembra directa, pueden transformarse en una ventaja comercial si existe información capaz de demostrar sus resultados.

“Todos sabemos el valor que aporta una práctica como la siembra directa, pero tenemos que poder demostrarlo para ponerlo en valor y empezar a generar negocio”, afirmó.

Los mercados exigen sustentabilidad con evidencia

Tomás Mata, ingeniero agrónomo y asesor de Desarrollo de Proyectos de SAI Platform, sostuvo que la transformación de la demanda ya está en marcha.

De acuerdo con el especialista, compradores y empresas solicitan cada vez más información sobre atributos de producción, certificaciones, prácticas implementadas y resultados verificables.

“El cambio de la demanda ya comenzó hace tiempo”, explicó Mata, quien advirtió que las cadenas agroalimentarias ya no pueden limitarse a comunicar que son sustentables: ahora deben demostrarlo.

Aunque la agricultura regenerativa lleva años avanzando dentro de los sistemas productivos argentinos, Mata señaló que su incorporación formal dentro de las estrategias empresariales es más reciente.

La organización en la que trabaja desarrolló un programa de agricultura regenerativa orientado a la mejora continua, con mediciones de prácticas y resultados bajo criterios específicos.


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Del carbono a una mirada integral del establecimiento

La experiencia europea también muestra una ampliación de los indicadores evaluados.

Yannik Delvaux, agrónomo belga responsable de la Estrategia Comercial de Soil Company, explicó que la empresa creó en 2019 uno de los primeros programas europeos de carbono destinados al sector agrícola.

Sin embargo, con el avance de las demandas de las industrias, medir exclusivamente carbono dejó de ser suficiente.

Desde 2025, la compañía comenzó a evaluar cinco dimensiones: suelo, agua, clima, biodiversidad y economía.

Para Delvaux, la transición hacia nuevos sistemas productivos necesita también estímulos económicos concretos para el productor.

“Los productores quieren cambiar, pero tienen que tener un incentivo”, afirmó, y mencionó entre las posibilidades la generación de modelos de carbono adaptados a las condiciones locales y la comercialización de productos verificados bajo determinadas normas.

Argentina busca poner en valor lo que ya hace

El presidente de Aapresid, Marcelo Torres, destacó el recorrido que tiene Argentina en tecnologías asociadas con la conservación de los recursos.

La entidad posee una red cercana a los mil productores con influencia sobre unos 11 millones de hectáreas vinculadas con su agenda de sustentabilidad, mientras que, según señaló Torres, alrededor del 80% de la producción argentina se desarrolla bajo sistemas de siembra directa.

“Los mercados piden regeneración con evidencia”, sostuvo.

Entre los beneficios productivos mencionó una mayor eficiencia en el uso de insumos y agua, menores niveles de erosión, reducción del uso de herbicidas, mayor captura de carbono y menores emisiones de dióxido de carbono.

También planteó que buena parte de las exigencias que comienzan a establecer los mercados internacionales coincide con prácticas que los productores argentinos ya realizan.

“Tenemos mucho valor en lo que hacemos pero debemos mostrarlo, es lo que nos falta. Los indicadores que nos piden los mercados internacionales son cosas que ya estamos haciendo, tenemos que ponerlos en valor”, señaló.

Restaurar carbono y transformar el resultado en ingresos

La posibilidad de monetizar esos beneficios también fue analizada desde la experiencia brasileña.

En el panel “Del suelo al mercado: Restauración de carbono y su monetización”, Maira Lelis, productora integrante de la Federación Brasileña de Sistema de Siembra Directa, y el investigador João Carlos de Moraes Sá analizaron los efectos de este sistema sobre el suelo y las oportunidades vinculadas con el mercado de carbono.

Lelis recordó que la siembra directa comenzó a desarrollarse en Brasil en 1972 y modificó tanto la conservación del suelo como su productividad.

En su establecimiento familiar, ubicado en el estado de San Pablo, la tecnología comenzó a utilizarse hace 35 años y desde 2018 evolucionó hacia sistemas de siembra directa acompañados por rotaciones.

“Para tener más carbono necesitamos tener vida en el suelo”, explicó.

La productora destacó que la incorporación de distintos microorganismos y la búsqueda de un mayor equilibrio biológico pueden contribuir tanto al funcionamiento del suelo como a la rentabilidad del sistema productivo.

Hasta 12% más de rentabilidad por carbono secuestrado

João Carlos de Moraes Sá, investigador especializado en la dinámica del carbono dentro de los sistemas de siembra directa, presentó resultados obtenidos en Brasil que muestran que la ausencia de labranza, la cobertura permanente del suelo y una mayor diversificación de cultivos pueden favorecer la recuperación del carbono.

“El sistema de siembra directa y la agricultura regenerativa son indisociables”, afirmó.

El investigador también analizó el desarrollo del mercado de carbono y los pagos por servicios ambientales aplicados a la agricultura brasileña.

En los sistemas de siembra directa, estos mecanismos pueden considerar variables relacionadas con emisiones, combustibles y operaciones logísticas y generar una remuneración asociada al carbono secuestrado.

Según Moraes Sá, esta posibilidad ya comienza a mostrar un impacto económico concreto.

“El sistema de siembra directa promueve emisiones netas cero y negativas, y la remuneración relacionada con el carbono secuestrado puede generar un incremento del 8 al 12% en la rentabilidad del productor”, concluyó.

El desafío que plantearon los especialistas pasa así por convertir prácticas productivas que ya se aplican en buena parte del agro en indicadores medibles y verificables. En un escenario internacional que exige cada vez más trazabilidad ambiental, demostrar cómo se produce puede comenzar a tener tanto valor como producir.

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