Trigo 2026: las claves para elevar rindes con menos recursos

Dos productores observan un teléfono celular mientras recorren un lote de trigo.
Especialistas en fisiología, agronomía y mejoramiento genético analizaron el miércoles 5 de agosto, durante el Congreso Aapresid 2026 en Rosario, las herramientas necesarias para superar el estancamiento de los rendimientos del trigo argentino desde 2011. El debate se concentró en los trigos híbridos, la eficiencia en el uso de nutrientes, la sanidad y la elección de cultivares adaptados a cada ambiente.

La Sala Supra del encuentro reunió a Daniel Miralles, Guillermo Divito y Matías Venece, quienes abordaron el desafío desde perspectivas complementarias: el aumento del potencial genético, el manejo agronómico de precisión y el desarrollo de variedades capaces de sostener rendimiento y estabilidad bajo condiciones productivas cada vez más variables.

El avance del rendimiento perdió velocidad

Daniel Miralles advirtió que la mejora del potencial de rendimiento del trigo argentino perdió intensidad durante las últimas décadas.

De acuerdo con los datos presentados, entre 2000 y 2016 el incremento fue de apenas 14 kilogramos por hectárea por año. El especialista planteó que esta evolución resulta insuficiente frente a las restricciones ambientales, la variabilidad climática y la necesidad de producir más con una utilización eficiente de los recursos.

Para modificar esa tendencia, propuso avanzar hacia una nueva etapa del mejoramiento genético, apoyada en la selección de caracteres fisiológicos, la edición génica y el desarrollo de trigos híbridos.

Los trigos híbridos podrían elevar el vigor

Según Miralles, los materiales híbridos podrían aportar entre un 15% y un 20% más de vigor, una característica que permitiría explorar nuevos niveles de productividad y mejorar la respuesta del cultivo frente a diferentes ambientes.

El investigador también destacó el desarrollo de los denominados trigos BNI, por sus siglas en inglés: materiales con capacidad de inhibición biológica de la nitrificación.

Esta tecnología busca reducir las pérdidas de nitrógeno en el suelo y podría disminuir entre un 30% y un 50% la necesidad de fertilizantes nitrogenados. Su incorporación representaría una mejora tanto económica como ambiental, especialmente en campañas marcadas por elevados costos de los insumos.

Sembrar ciclos largos temprano, una decisión clave

El asesor Guillermo Divito trasladó la discusión al manejo agronómico y sostuvo que el potencial genético solo puede expresarse cuando las decisiones de siembra, nutrición y protección se ajustan a las características de cada lote.

Entre las principales estrategias, destacó la siembra temprana de variedades de ciclo largo. Este planteo permite aprovechar mejor la radiación, extender el período de crecimiento y construir una mayor cantidad de biomasa antes de las etapas críticas del cultivo.

La fecha de siembra, sin embargo, debe combinarse con una correcta selección varietal y con ajustes en la densidad de acuerdo con el ambiente y el potencial productivo esperado.


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El recorte de nitrógeno afecta primero a la proteína

Ante el alto costo de los fertilizantes, Divito recomendó priorizar la eficiencia antes que realizar recortes generalizados en la nutrición.

El especialista explicó que una reducción del nitrógeno afecta inicialmente el porcentaje de proteína del grano. Esto puede comprometer la calidad comercial del trigo incluso cuando el impacto sobre el rendimiento todavía no resulta evidente.

También remarcó la necesidad de acompañar la fertilización nitrogenada con azufre y de evaluar posibles deficiencias de zinc, un problema que comienza a observarse con mayor frecuencia en regiones productivas importantes.

El diagnóstico mediante análisis de suelo y el ajuste de las dosis por ambiente aparecen, en ese contexto, como herramientas necesarias para evitar tanto deficiencias como aplicaciones innecesarias.

La sanidad condiciona la estabilidad del cultivo

La elección de variedades con un perfil sanitario equilibrado fue otro de los aspectos destacados durante la jornada.

Divito señaló que la resistencia genética adquiere mayor importancia ante la presión de enfermedades como la roya amarilla y la roya de la hoja. Un material susceptible puede requerir más aplicaciones de fungicidas y elevar los costos de protección.

El manejo de malezas también representa un desafío creciente. Las crucíferas y el raigrás obligan a intensificar los controles y a planificar estrategias integradas para evitar pérdidas de rendimiento y mayores gastos durante el ciclo.

DM Casuarina, para distintos niveles de potencial

Matías Venece, gerente de Desarrollo de Autógamas de GDM para la Región Sur, presentó el enfoque utilizado por la empresa para obtener variedades más eficientes en el aprovechamiento de los recursos.

Dentro del portafolio de DONMARIO, destacó a DM Casuarina, una variedad de ciclo intermedio perteneciente al Grupo de Calidad 2.

El material mostró adaptación a ambientes de alto, medio y bajo potencial, junto con resistencia a roya de la hoja, roya amarilla y mancha amarilla. Estas características buscan aportar estabilidad frente a escenarios productivos variables y reducir la dependencia de intervenciones químicas.

DM Tipa apunta a las siembras más tardías

Para las ventanas de siembra de ciclos cortos, Venece señaló a DM Tipa como una alternativa orientada a mantener un elevado potencial de rendimiento en distintos ambientes.

La variedad también pertenece al Grupo de Calidad 2 y puede utilizarse para cerrar la ventana de implantación cuando las fechas se retrasan o el planteo necesita una mayor eficiencia operativa.

Su posicionamiento debe definirse de acuerdo con la región, la fecha de siembra, las condiciones del lote y el nivel de productividad buscado.

Ajustar cada decisión al ambiente

Las exposiciones coincidieron en que no existe una única tecnología capaz de modificar por sí sola la evolución de los rendimientos.

El nuevo salto productivo del trigo dependerá de la combinación entre materiales con mayor potencial, perfiles sanitarios sólidos, nutrición balanceada y decisiones de manejo adaptadas a cada ambiente.

El desafío será trasladar los avances del mejoramiento genético al lote mediante una planificación que ajuste la variedad, el ciclo, la fecha de siembra, la densidad y la fertilización a las condiciones particulares de cada establecimiento.

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