La presión creciente de malezas difíciles y resistentes vuelve a poner el control temprano en el centro de la estrategia para la campaña de girasol. En ese escenario, BASF presentó en septiembre, durante el V Congreso Argentino de Malezas organizado por ASACIM, Vulcarus, un nuevo herbicida para aplicación en presiembra del cultivo y preemergencia de las malezas, desarrollado para girasol y maní y orientado al control desde las primeras etapas del ciclo.
La nueva herramienta fue presentada ante investigadores, asesores, productores y especialistas reunidos en el encuentro técnico, donde el manejo de resistencias y la necesidad de diversificar estrategias químicas y agronómicas ocuparon un lugar central.
El desafío de llegar a la emergencia con el lote limpio
En girasol, la competencia durante los primeros estadios puede condicionar el aprovechamiento de agua, luz y nutrientes, por lo que el período previo y posterior a la implantación resulta determinante para el establecimiento del cultivo.
El problema adquiere mayor relevancia a medida que aumentan las poblaciones de malezas con resistencia o tolerancia a determinados herbicidas.
En ese marco, la propuesta presentada por BASF apunta a intervenir antes de que las malezas emerjan, con el objetivo de disminuir la presión inicial sobre el cultivo.
“Cuando hablamos de girasol sabemos que cada día cuenta. Llegar a la emergencia con el lote limpio es fundamental para que el cultivo exprese todo su potencial”, señalaron desde la compañía durante la presentación.
Qué malezas busca controlar Vulcarus
Vulcarus está formulado a base de trifludimoxazin, un principio activo perteneciente al grupo de los inhibidores de la enzima PPO.
Según la información técnica difundida por BASF, el producto fue desarrollado para el manejo de especies que generan dificultades crecientes en numerosos sistemas agrícolas.
Entre las malezas mencionadas por la compañía se encuentran:
- Amaranthus, género que incluye diferentes especies de yuyo colorado.
- Rama negra.
- Crucíferas.
- Borreria verticillata.
La incorporación de un nuevo principio activo busca ampliar las herramientas disponibles para diseñar programas de control y disminuir la dependencia de estrategias basadas repetidamente en los mismos modos de acción.
Una estrategia pensada desde la presiembra
La recomendación apunta al período de presiembra del girasol y preemergencia de las malezas, una ventana en la que el productor intenta reducir la competencia antes del establecimiento del cultivo.
BASF sostiene que la acción temprana y la persistencia del tratamiento permiten proteger la implantación durante una etapa especialmente sensible.
El objetivo agronómico es que el girasol atraviese sus primeros estadios con una menor presión de malezas y pueda aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles en el lote.
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La combinación con Zidua para ampliar el espectro
Otra estrategia planteada por la compañía es la combinación de Vulcarus con Zidua, formulado a base de piroxasulfone.
Según BASF, esta asociación permite incorporar control sobre gramíneas y extender la persistencia del tratamiento, ampliando así el espectro de malezas alcanzadas por el programa.
Como ocurre con cualquier esquema herbicida, la elección de productos, dosis, momento de aplicación y combinaciones debe ajustarse a las especies presentes, historial del lote, condiciones ambientales y recomendaciones de uso registradas para cada cultivo.
BASF pone el foco en nuevas herramientas contra la resistencia
Durante la presentación, Mariano Soliman, consultor de Proyectos de Herbicidas de BASF, destacó el peso que la compañía asigna a investigación y desarrollo.
Según informó el ejecutivo, BASF Soluciones para la Agricultura destinó durante 2025 unos 990 millones de euros a investigación y desarrollo, una cifra equivalente aproximadamente al 11% de sus ventas anuales.
Soliman vinculó esa inversión con la búsqueda de nuevas herramientas para sistemas productivos en los que el manejo de malezas se vuelve progresivamente más complejo.
“Vulcarus nace justamente para acompañar esa necesidad, aportando control temprano, persistencia y una nueva herramienta para enfrentar malezas cada vez más difíciles”, indicó.
Manejo integrado para evitar que el problema siga creciendo
La aparición de nuevas moléculas amplía las opciones disponibles, pero el manejo de malezas resistentes requiere estrategias que exceden a un único herbicida.
La rotación de modos de acción, el monitoreo de los lotes, la eliminación de escapes, la rotación de cultivos y la combinación de herramientas químicas y culturales forman parte de las prácticas utilizadas para disminuir la selección de nuevas resistencias.
En girasol, donde una competencia temprana puede comprometer el desarrollo inicial, la planificación comienza antes de la implantación. La llegada de nuevas alternativas de control suma opciones para esa etapa, en una campaña en la que mantener los lotes limpios desde el arranque volverá a ser uno de los principales desafíos agronómicos.








































