Una mala elección del tamaño de gota, trabajar con presión excesiva, no controlar el viento o continuar pulverizando cuando cambian las condiciones ambientales pueden elevar el riesgo de deriva. En áreas periurbanas, Aapresid advierte que una aplicación segura comienza antes de que la pulverizadora ingrese al lote y exige combinar planificación, regulación del equipo, monitoreo meteorológico y capacitación del operario.
En las zonas periurbanas, aplicar fitosanitarios correctamente no implica solamente lograr un buen control sobre una maleza, plaga o enfermedad. También supone evitar que las gotas alcancen sectores fuera del objetivo, especialmente cuando existen viviendas, caminos u otras áreas sensibles en las cercanías.
Según Aapresid, buena parte del riesgo puede reducirse antes de comenzar el tratamiento si se toman correctamente una serie de decisiones relacionadas con la necesidad de aplicar, el producto elegido, el tamaño de las gotas, la regulación de la pulverizadora y las condiciones meteorológicas.
El primer error: aplicar sin determinar si realmente es necesario
Antes de ingresar al lote, el primer paso consiste en establecer si la intervención está justificada.
El monitoreo permite detectar cuándo una plaga supera los niveles que hacen necesario realizar un tratamiento. Una vez tomada esa decisión, la receta agronómica debe definir los principios activos, las dosis y las condiciones bajo las cuales deberá efectuarse la aplicación.
En zonas periurbanas también debe considerarse la normativa vigente de cada jurisdicción.
Aapresid señala que persisten diferencias regulatorias y desafíos vinculados con la ausencia de planes de ordenamiento territorial, los controles sobre prestadores de servicios y la falta de una coordinación uniforme entre Nación, provincias y municipios.
Dentro de ese escenario, distintas provincias avanzan con herramientas propias.
Santa Fe trabaja sobre la capacitación de operarios, la fiscalización de empresas, la regulación de drones y la utilización de veedores.
Córdoba, en tanto, incorpora información proveniente de estaciones meteorológicas para disponer de registros de las variables ambientales al momento de realizar las aplicaciones.
Por su parte, Entre Ríos avanza sobre la trazabilidad de la cadena de fitosanitarios y la integración de recetas digitales e información meteorológica.
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Municipio Verde: una experiencia sobre 4.000 hectáreas
A nivel municipal, uno de los modelos destacados por Aapresid es el desarrollado en Cañada Rosquín, en el sur de Santa Fe.
Desde hace siete años, la localidad implementa el programa Municipio Verde, basado en el monitoreo de las aplicaciones en tiempo real, la utilización de recetas agronómicas y el diálogo entre los diferentes actores vinculados con la producción.
El esquema alcanza unas 4.000 hectáreas periurbanas.
Durante el último Congreso Aapresid, la presidenta comunal, María Eugenia Racciatti, explicó que el programa permitió evitar que esas superficies quedaran fuera de producción y destacó además su incidencia sobre la relación entre el sector productivo y la comunidad.
“El programa no sólo previno pérdidas económicas y proliferación de basurales y plagas en más de 4.000 hectáreas que hubieran quedado en desuso, sino que además consolidó la confianza social”, señaló.
Tamaño de gota: una variable decisiva frente a la deriva
Una de las decisiones técnicas más importantes es definir correctamente el tamaño de las gotas.
Las gotas muy pequeñas, inferiores a los 200 micrones, pueden aportar una elevada cobertura en determinados tratamientos, pero presentan una mayor susceptibilidad a evaporarse o ser transportadas por el viento.
Por el contrario, las gotas de mayor tamaño tienen una menor capacidad de desplazamiento y, por lo tanto, reducen el riesgo de deriva.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la cobertura necesaria para alcanzar el objetivo y la seguridad de la aplicación.
Presión excesiva: un error que puede aumentar el riesgo
La selección de la boquilla y la presión de trabajo tienen una relación directa con el tamaño de gota generado.
Una misma boquilla puede producir gotas diferentes de acuerdo con la presión utilizada.
En términos generales, al aumentar la presión disminuye el tamaño de las gotas, lo que puede incrementar su susceptibilidad al desplazamiento.
Por eso, trabajar con una presión mayor a la necesaria puede convertirse en un error cuando se busca reducir la deriva.
La regulación debe ajustarse a cada situación, considerando el producto empleado, el objetivo biológico y las condiciones ambientales existentes.
Altura del botalón y velocidad también entran en juego
No toda la regulación depende de las boquillas.
La altura del botalón es otro factor que influye sobre el recorrido de las gotas.
Cuanto mayor sea la distancia entre la boquilla y el objetivo, más tiempo permanecerán las gotas expuestas al viento antes de alcanzar el cultivo.
Por eso, mantener el botalón a la menor altura posible dentro de los parámetros técnicos necesarios para conservar una distribución uniforme puede contribuir a disminuir el riesgo.
También puede ser necesario reducir la velocidad de avance y ajustar el volumen y la presión de trabajo según cada escenario.
La pulverizadora, además, debe encontrarse en buenas condiciones, correctamente calibrada y verificada periódicamente.
Según la información técnica difundida por Aapresid, la inspección del equipo permite detectar fallas que pueden comprometer tanto la eficiencia del tratamiento como la seguridad ambiental.
Preparar mal el caldo también puede afectar la aplicación
Otro punto determinante es la preparación del caldo.
La calidad del agua, incluyendo variables como pH, dureza y turbidez, puede afectar la estabilidad de la mezcla y el comportamiento de los productos durante la aplicación.
También debe respetarse el orden de carga de las distintas formulaciones, entre ellas gránulos dispersables, polvos mojables, suspensiones y líquidos solubles.
Los coadyuvantes antiderivantes y antievaporantes pueden contribuir a disminuir determinadas pérdidas, aunque desde Aapresid remarcan que no compensan una boquilla mal elegida, una presión incorrecta o condiciones meteorológicas incompatibles con una aplicación segura.
No controlar el viento durante toda la aplicación
Una pulverización puede comenzar bajo condiciones adecuadas y transformarse pocas horas después en una situación de mayor riesgo.
Por ese motivo, temperatura, humedad relativa, velocidad y dirección del viento deben medirse en el lugar y monitorearse durante toda la jornada.
Para el viento, Aapresid menciona como referencia un rango aproximado de 5 a 15 km/h, aunque advierte que no alcanza con considerar solamente la velocidad promedio.
Las ráfagas y los cambios repentinos de dirección pueden modificar rápidamente el comportamiento de las gotas.
En un área periurbana, continuar pulverizando después de un cambio significativo en el viento puede aumentar considerablemente la posibilidad de que el producto salga del área objetivo.
Temperatura y humedad: no alcanza con mirar el termómetro
Las temperaturas elevadas favorecen la evaporación de las gotas, pero el riesgo no depende exclusivamente del calor.
Incluso una temperatura moderada, cercana a los 20 °C, puede generar condiciones desfavorables cuando se combina con una humedad relativa extremadamente baja.
Por eso puede utilizarse el Delta T (ΔT), un indicador que combina temperatura y humedad relativa y permite evaluar con mayor precisión las condiciones ambientales para una pulverización.
La lectura conjunta de esas variables ayuda al operario a decidir si existen condiciones apropiadas para iniciar o continuar el trabajo.
Inversión térmica: otro riesgo que debe detectarse
En las zonas periurbanas también debe prestarse especial atención a la inversión térmica.
Este fenómeno puede presentarse especialmente durante el amanecer o el atardecer, en situaciones de escaso viento.
En esas condiciones, las pequeñas gotas pueden permanecer suspendidas durante períodos prolongados y desplazarse fuera del área tratada.
Por eso, detectar una inversión térmica y evitar la pulverización mientras persista constituye otra medida importante para reducir riesgos.
El aplicador puede decidir cuándo detener la pulverización
Desde Aapresid Certificaciones remarcan que la capacitación del operario constituye una de las principales barreras para prevenir la deriva.
No alcanza con saber conducir una pulverizadora.
El aplicador debe comprender cómo interactúan el producto, el tamaño de gota, la boquilla, la presión, el cultivo y las condiciones meteorológicas.
También debe contar con el criterio necesario para modificar una regulación o directamente detener el trabajo cuando las condiciones dejan de ser seguras.
En las zonas periurbanas, donde la proximidad con áreas habitadas exige mayores precauciones, la eficiencia de una aplicación no se mide solamente por cuánto producto alcanza el blanco.
También depende de que ninguna cantidad significativa llegue a lugares donde no debería hacerlo.
Fuente: Aapresid.








































