Un estudio del INTA en la cuenca de El Morro, San Luis, determinó que los suelos bajo uso agrícola pierden entre dos y siete veces más sedimentos que los suelos con vegetación natural ante lluvias de alta intensidad. El factor clave no es la cantidad de lluvia sino el contenido de carbono orgánico: a menor carbono, mayor erosión, especialmente en suelos con alta proporción de limo y arcilla.
Para replicar una lluvia extrema, los investigadores utilizaron un simulador de campo que aplicó una lámina de 36 milímetros en solo 10 minutos. “Los resultados indicaron que los suelos bajo uso agrícola perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que los suelos bajo vegetación natural ante estos eventos críticos”, explicó Pablo Peralta, investigador del INTA-Conicet.
Juan Cruz Colazo, investigador de la EEA San Luis, señaló que las tasas más altas de erosión se asocian con suelos agrícolas que presentan menor contenido de carbono orgánico, lo que deriva en menor estabilidad estructural y mayor susceptibilidad al desprendimiento de partículas. “A menor carbono orgánico, mayor es la erosión, especialmente en aquellos suelos con mayor proporción de limo y arcilla”, indicó.
Un hallazgo relevante del estudio es que la relación entre escurrimiento y erosión no es lineal. Los suelos bajo vegetación natural pueden generar más escurrimiento por fenómenos de hidrofobicidad, pero presentan menores tasas de desprendimiento de sedimentos que los suelos agrícolas, porque esa lámina de agua actúa como capa protectora.
Te puede interesar
Pronóstico de lluvias hasta el 6 de julio
Créditos en valor producto: buscan aumentar la producción de carne por hectárea
Anticipan un fuerte impacto de El Niño en la campaña agrícola 2026/27
Transportistas alertan por la caída en la tarifa de los fletes en plena campaña agrícola
Cuando las vacas se ordeñan solas: cómo cambia el negocio lechero con los robots
Córdoba y La Pampa lideran la siembra de trigo mientras los excesos frenan a Buenos Aires y Santa Fe
Google ahora te deja elegir qué medio ver primero: activá Ruralnet en un click y cambiá tu forma de informarte
Frente a este diagnóstico, los especialistas identificaron tres líneas de acción concretas. La primera es mantener niveles de cobertura vegetal de al menos el 30%, mediante cultivos de cobertura como el centeno durante los barbechos y un manejo cuidadoso de los rastrojos en siembra directa. “Estos cultivos protegen la superficie del impacto de la gota de lluvia y, a través de sus raíces, ayudan a mantener los agregados en suelos sueltos”, explicó Colazo.
La segunda línea apunta a los ambientes más degradados: en suelos con carbono por debajo del 0,5% o en áreas donde la agricultura no es viable, se recomienda incorporar pasturas perennes como alfalfa o pasto llorón para estabilizar el sistema y recuperar la estructura. La tercera es la sistematización a escala de cuenca, con obras como terrazas que reduzcan la velocidad del escurrimiento superficial y favorezcan la infiltración.
El manejo debe adaptarse además a la textura de cada ambiente. “Los suelos arenosos requieren cobertura para evitar el desprendimiento, mientras que los franco arenosos demandan especial atención por combinar alto escurrimiento con elevada susceptibilidad al arrastre”, precisó Peralta.
“A escala de cuenca, la sistematización del terreno mediante obras como terrazas, que permiten disminuir la velocidad del escurrimiento superficial y favorecer la infiltración, son fundamentales”, concluyó Colazo. En un contexto de lluvias cada vez más intensas y concentradas, la conservación del carbono orgánico y la cobertura vegetal dejan de ser recomendaciones técnicas para convertirse en condiciones necesarias de cualquier sistema productivo que pretenda sostenerse en el semiárido argentino.









































