La relación hacienda-tierra se dispara y abre una ventana histórica, pero vender vientres también puede costar caro en un ciclo de escasez.
En el negocio ganadero argentino se repite una escena cada vez más frecuente: precios que sorprenden, números que entusiasman y una pregunta estratégica que divide opiniones. ¿Conviene capitalizar la suba histórica de la hacienda para comprar campo o mantener la producción ante un ciclo que promete márgenes altos?
La respuesta no es simple, porque por primera vez en muchos años conviven dos señales fuertes pero opuestas: precios ganaderos en niveles récord y valores de la tierra que todavía no reflejan completamente esa suba.
Precios ganaderos en máximos y poder de compra inédito
Los valores actuales muestran la magnitud del fenómeno. El novillito supera los $5.000 por kilo, el ternero de invernada se mueve en torno a los US$4/kg y una vaca preñada puede superar los $2 millones (más de US$2.500 según categoría y genética).
Del otro lado, el mercado de campos ganaderos se mantiene firme pero sin saltos equivalentes. Esa desincronización genera un poder de compra excepcional: en muchas zonas hoy se necesitan apenas tres vacas para comprar una hectárea, cuando históricamente la relación era bastante más alta.
Según la región, los valores de referencia muestran relaciones de entre 1,14 y 1,56 vacas preñadas por hectárea en campos de cría, y entre 3,05 y 3,66 vacas por hectárea en zonas con potencial de invernada.
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La oportunidad patrimonial: vender hacienda para comprar tierra
Para empresas con perfil inversor o necesidad de resguardo de capital, el escenario es atractivo.
Las razones principales:
Relación de canje favorable. Se vende hacienda en niveles altos para comprar tierra que aún no ajustó completamente.
Renta en dólares competitiva. Un campo comprado alrededor de US$3.300/ha puede generar retornos netos del 3% al 4% anual alquilado a valores de mercado.
Potencial de valorización. La demanda por campos ganaderos está creciendo y podría empujar precios si la macroeconomía se estabiliza.
En términos financieros, es transformar un activo biológico volátil en un activo patrimonial históricamente defensivo.
El riesgo de vender: desarmar la “fábrica” en pleno ciclo alcista
Pero la otra cara del análisis es igual de contundente. Vender vientres hoy también puede implicar perder el mejor momento productivo de los próximos años.
Hay tres factores que explican ese riesgo:
Escasez estructural de terneros. Proyecciones privadas anticipan una caída de producción que podría ir de 600.000 a 525.000 cabezas en el corto plazo.
Márgenes en recuperación. Los modelos de cría y ciclo completo muestran resultados superiores al promedio histórico impulsados por la suba del ternero.
Alto costo de reposición. Con terneros a US$4/kg y tasas reales positivas, volver a llenar un campo puede ser mucho más caro que mantenerlo hoy.
En otras palabras, vender vacas implica resignar flujo futuro en un momento donde el producto —el ternero— será cada vez más escaso.
La decisión no es de Excel, es de estrategia empresarial
El diagnóstico que comparten los especialistas es claro: no existe una única respuesta correcta. La decisión depende del perfil del productor y del objetivo de la empresa.
Algunas variables clave para definir el rumbo:
Horizonte de inversión (flujo vs patrimonio).
Nivel de eficiencia productiva.
Necesidad de liquidez o endeudamiento.
Costo de reposición futura.
Calidad y ubicación del campo a comprar.
Expectativas macroeconómicas.
Si el objetivo es blindar capital, la relación actual favorece la compra de tierra. Si el objetivo es maximizar ingresos productivos en los próximos años, la retención ganadera aparece como la alternativa más lógica.
En un contexto de incertidumbre, la ganadería argentina vuelve a plantear un dilema clásico, pero con números pocas veces vistos: la vaca hoy es caja y también puede ser llave para crecer en hectáreas. La decisión final dependerá del rumbo que cada empresa quiera tomar hacia 2026 y 2027.
Fuente: Contenidos CREA








































