El 42° informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, con datos relevados entre el 2 y el 16 de mayo de 2026, confirma que lo grueso de la cosecha maicera argentina está a salvo del impacto de la chicharrita. El cambio de temperaturas, la aparición de heladas y la amplitud térmica comienzan a reducir las poblaciones del vector en varias regiones, aunque el NOA y el Centro-Norte mantienen alta presión. Alejandro Vera, coordinador de la Red, insistió en que el monitoreo sistemático es crucial para proteger la próxima campaña.
Comportamiento heterogéneo por región
El NOA mantiene estabilidad poblacional con alta presión del vector: el 94% de las localidades capturaron más de 100 adultos por trampa. En algunos híbridos comienzan a evidenciarse manifestaciones en espiga asociadas al complejo de enfermedades transmitidas por la chicharrita, que están siendo evaluadas.
En el NEA, donde predominan los estadios reproductivos avanzados R5-R6, se registra una retracción aunque todavía con alta presión: el 61% de las localidades presentó más de 100 adultos por trampa. También aquí se estudia la aparición de alteraciones en espiga en algunos materiales.
En el Litoral, el 97% de los puntos registró presencia del vector, aunque solo el 22% superó los 100 adultos por trampa. Se reportan síntomas foliares asociados al complejo de achaparramiento, con mucha menor incidencia que en las zonas endémicas.
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En el Centro-Norte —especialmente en la zona de Córdoba— el 74% de las localidades registró más de 100 adultos por trampa, un incremento significativo respecto al informe anterior. Sin embargo, el impacto en espiga es prácticamente nulo: la mayoría de los cultivos están cosechándose, próximos a ello o ya senescentes y por lo tanto no pueden alimentar al vector.
En el Centro-Sur se observaron incrementos puntuales, aunque el 40% de las localidades sigue sin detecciones y no se reportó sintomatología foliar.
Las heladas, aliadas del productor
En lugares con altas densidades de insectos comienzan a notarse disminuciones ligadas a dos fenómenos ambientales: la aparición de heladas de distinta intensidad y duración, que generan muertes de ninfas —más sensibles— y de adultos sobre las hojas, y la amplitud térmica, especialmente en zonas endémicas, que también incide en la modulación poblacional.
El mensaje para la próxima campaña
“Aunque esta campaña esté a salvo, insistimos en que es crucial seguir la pirámide de manejo del vector: monitorear trampas y cultivos sistemáticamente, elegir híbridos tolerantes y realizar aplicaciones oportunas según la información relevada en campo”, señaló Vera. El coordinador también alertó sobre los maíces voluntarios o guachos en áreas de siembra temprana, que actúan como puente verde para el vector si las heladas no los eliminan.
Con la campaña 2025/26 prácticamente cerrada sin daños significativos en espigas en la zona núcleo, el foco del sector se desplaza hacia la planificación de la próxima temporada. La Red Nacional de Monitoreo continuará sus relevamientos y la elección de híbridos tolerantes combinada con el monitoreo sistemático serán las herramientas clave para enfrentar a Dalbulus maidis en la campaña 2026/27, que llegará con un escenario climático de Niño que podría favorecer las condiciones para el vector en las regiones endémicas.







































