Las intensas lluvias registradas en el centro-norte de Santa Fe volvieron a poner en pausa la cosecha gruesa, generando un fuerte impacto sobre cultivos clave como la soja y el maíz. En plena campaña 2026, el exceso de agua y la falta de piso en los lotes complican seriamente el avance de las tareas.
De acuerdo con el último informe del Sistema de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, en la última semana se acumularon entre 30 y 170 milímetros, provocando la paralización de gran parte de la actividad agrícola en la región.
Suelos saturados y caminos intransitables
El escenario está marcado por altos niveles de humedad, suelos completamente saturados y caminos rurales en mal estado, lo que impide el ingreso de maquinaria a los campos. Esta situación dejó prácticamente frenada la cosecha, con apenas avances aislados en zonas más elevadas.
La soja temprana logró avanzar solo en ventanas muy acotadas, antes de que nuevas precipitaciones interrumpieran nuevamente las labores. Aun así, los cultivos mantienen una condición general entre buena y muy buena, con rindes que oscilan entre 24 y 45 quintales por hectárea.
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El maíz y otros cultivos, completamente detenidos
En el caso del maíz temprano, la cosecha no registró avances en la última semana. Hasta el informe previo, el progreso alcanzaba el 75%, pero las condiciones actuales frenaron por completo las tareas.
El impacto también se extiende a otros cultivos. El algodón permanece estancado con apenas un 15% de avance y presenta pérdidas en la calidad de fibra. Por su parte, el sorgo granífero no mostró progreso en la recolección.
El arroz tuvo un avance muy limitado, con rendimientos promedio que se ubicaron entre 6000 y 6900 kilos por hectárea, dependiendo de la zona.
Expectativa por la mejora del clima
Mientras tanto, los cultivos tardíos de soja y maíz muestran, en general, buenas condiciones gracias al aporte hídrico, aunque se mantienen bajo monitoreo en sectores anegados para evitar problemas sanitarios.
El informe también advierte sobre extensas áreas con anegamientos, especialmente en zonas bajas, lo que no solo dificulta la cosecha actual, sino que también condiciona la planificación de las próximas labores.
En este contexto, la evolución de la campaña gruesa 2026 dependerá directamente de una mejora en las condiciones climáticas y de la recuperación de los suelos en las próximas semanas. El clima vuelve a marcar el ritmo del campo argentino, en un escenario de alta incertidumbre productiva.











































