Fertilizantes, diésel y El Niño: S&P Global advierte por un mayor riesgo alimentario mundial en 2027

Maíz, soja y trigo en una terminal portuaria de granos bajo un cielo de tormenta, en una imagen ilustrativa del riesgo de tensión en la oferta alimentaria mundial.
El encarecimiento de fertilizantes y combustibles, las restricciones al comercio provocadas por los conflictos internacionales y un posible El Niño intenso podrían reducir las cosechas y aumentar la presión sobre el sistema alimentario mundial durante 2027, según un informe de S&P Global. Brasil, Australia e India aparecen entre las grandes regiones productoras expuestas, mientras los países de menores ingresos podrían enfrentar un impacto mayor si los alimentos vuelven a encarecerse.

Por qué el impacto podría sentirse recién en 2027

La advertencia de S&P Global parte de una característica central de la producción agrícola: los costos se pagan mucho antes de que los alimentos lleguen al mercado.

Los productores deben comprar semillas, fertilizantes y combustible con anticipación para implantar y sostener sus cultivos.

Por eso, un fuerte aumento de esos insumos durante 2026 puede terminar reflejándose varios meses más tarde en menores niveles de producción, una menor oferta internacional o precios más elevados.

El efecto no necesariamente será inmediato, pero podría hacerse más visible durante 2027.

Fertilizantes más caros agregan presión sobre la producción

Uno de los factores centrales señalados por el informe es la situación del mercado internacional de fertilizantes.

Las interrupciones comerciales vinculadas con el conflicto en Oriente Medio redujeron el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el abastecimiento mundial de energía y de insumos utilizados por la agricultura.

Antes del conflicto, por allí circulaba alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.

Pero la importancia de la ruta no termina en la energía.

Según S&P Global, cerca del 30% de la urea comercializada globalmente atraviesa el estrecho.

También lo hacen aproximadamente la mitad del comercio mundial de azufre y el 21% del amoníaco, dos insumos relevantes para la industria de fertilizantes.

El gas natural también impacta sobre el costo de fertilizar

El problema no queda restringido a los países que compran fertilizantes directamente en la región del Golfo.

La fabricación de estos productos requiere grandes cantidades de energía, especialmente gas natural.

Por eso, una alteración del mercado energético también puede elevar los costos de fábricas ubicadas en otras regiones del mundo.

El resultado es una presión que puede trasladarse a los precios internacionales de los nutrientes que necesita la agricultura.

El diésel suma otro costo clave para el campo

El combustible constituye otro de los componentes señalados por S&P Global.

El diésel interviene prácticamente en todas las etapas de la producción agropecuaria: siembra, pulverización, fertilización, cosecha y transporte de granos y alimentos.

Las restricciones de oferta asociadas tanto al conflicto en Oriente Medio como a la guerra entre Rusia y Ucrania podrían reducir su disponibilidad y mantener elevados los costos.

Para una empresa agrícola, esa combinación supone una mayor inversión antes incluso de conocer cuál será el rendimiento final del cultivo.

Menos fertilizante o menos hectáreas

Cuando los costos suben de manera significativa, los productores disponen de distintas alternativas para reducir su exposición económica.

Una de ellas es disminuir las dosis de fertilización.

Otra es reducir la superficie sembrada.

Ambas decisiones pueden terminar afectando la cantidad de alimentos producidos.

Una menor nutrición puede limitar el rendimiento potencial de los cultivos, mientras una reducción del área implica directamente menos hectáreas capaces de generar producción.

El Niño agrega un segundo frente de riesgo

Sobre esta presión económica se suma el escenario climático.

S&P Global analiza la posibilidad de un El Niño intenso, con capacidad para modificar precipitaciones y temperaturas en varias regiones agrícolas relevantes.

El problema podría potenciarse si los cultivos deben atravesar condiciones ambientales adversas al mismo tiempo que reciben una menor cantidad de fertilizantes.

En ese escenario, las plantas tendrían menos recursos para sostener su potencial frente al estrés climático.

Brasil: recortes para maíz y soja

Brasil aparece entre los grandes productores particularmente expuestos.

La previsión de producción de maíz fue reducida en 6 millones de toneladas, hasta 137 millones.

Si El Niño se intensificara, el informe contempla la posibilidad de una pérdida adicional de alrededor de 10 millones de toneladas.

La soja brasileña también sufrió revisiones.

La estimación fue reducida en 6 millones de toneladas, hasta 177 millones.


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La soja brasileña podría caer todavía más

Un modelo que combina la intensidad de El Niño con una menor utilización de fertilizantes fosfatados arroja un escenario todavía más exigente.

La producción ponderada por probabilidad se ubica en 168 millones de toneladas.

Además, el análisis estima una probabilidad del 65% de que la cosecha de soja brasileña termine entre 160 y 170 millones de toneladas.

Una caída de esa magnitud tendría implicancias comerciales relevantes, especialmente por el peso de Brasil en el abastecimiento internacional y por la importancia de China como comprador.

Australia también enfrenta riesgos para el trigo

El trigo australiano aparece como otro de los cultivos vulnerables.

Según el informe, la producción podría caer hasta 22 millones de toneladas, frente a una previsión actual de 28 millones.

La diferencia sería significativa para un país con fuerte participación en el comercio internacional del cereal.

Una menor cosecha podría reducir el volumen disponible para exportación y aumentar la sensibilidad de los precios frente a problemas productivos en otras regiones.

India mira con atención las lluvias

En India, el foco está puesto sobre el trigo de invierno.

El riesgo aumenta si continúan los déficits de precipitaciones asociados al comportamiento del monzón.

Durante septiembre, las lluvias se ubicaron aproximadamente 14% por debajo del promedio, según los datos incorporados en el análisis.

La evolución de las condiciones hídricas será determinante para establecer el impacto final sobre la producción.

El problema puede trasladarse al comercio mundial

Si varios grandes productores reducen simultáneamente sus cosechas, el efecto no queda limitado a sus mercados domésticos.

Menores volúmenes exportables pueden modificar los flujos comerciales y aumentar la competencia entre compradores.

En el caso de la soja brasileña, una reducción significativa afectaría directamente la disponibilidad para China, uno de sus principales destinos.

Algo similar podría ocurrir con otros granos si las pérdidas productivas alcanzan a diferentes exportadores al mismo tiempo.

Los biocombustibles suman competencia por las materias primas

S&P Global incorpora además otro elemento: la demanda de cultivos destinados a producir biocombustibles.

Cuando el petróleo se mantiene caro, los combustibles de origen vegetal pueden ganar competitividad relativa.

Esto sostiene la demanda de granos y aceites incluso en un contexto en el que producirlos resulta más costoso.

La competencia adquiere relevancia porque parte de esas materias primas puede destinarse tanto al abastecimiento alimentario como energético.

Menor capacidad para redirigir producción hacia alimentos

Las políticas públicas destinadas a sostener los biocombustibles también pueden mantener firme esa demanda.

Según el informe, esto disminuye el margen de reacción de los mercados agrícolas en un escenario de menor producción.

Si la oferta cae, no necesariamente toda la materia prima disponible puede desplazarse rápidamente hacia el consumo alimentario.

El resultado podría ser una mayor tensión sobre determinados productos y mercados.

Los países de menores ingresos serían los más expuestos

El impacto de un aumento de los precios de los alimentos no sería igual en todas las economías.

En países de menores ingresos, la alimentación representa aproximadamente la mitad del gasto de los hogares.

Esto significa que incluso incrementos moderados pueden tener consecuencias importantes sobre el poder adquisitivo.

En esos mercados, un escenario de alimentos más caros podría profundizar la inseguridad alimentaria y dificultar el acceso a productos básicos.

Los próximos meses serán determinantes

La advertencia de S&P Global depende de la evolución simultánea de distintas variables.

Será necesario observar cuánto tiempo persisten las restricciones sobre energía y fertilizantes, cómo responden los productores ante los mayores costos y cuál es finalmente la intensidad del fenómeno El Niño.

También será decisivo comprobar si los problemas productivos se concentran en determinadas regiones o afectan al mismo tiempo a varios de los grandes proveedores mundiales.

Una crisis no es inevitable, pero el riesgo aumentó

El escenario planteado no implica que el mundo vaya necesariamente hacia una crisis alimentaria en 2027.

Sí advierte que varios factores capaces de reducir la oferta agrícola están actuando simultáneamente.

Fertilizantes y combustibles más caros pueden restringir la inversión productiva.

El Niño podría reducir cosechas en regiones relevantes.

Las guerras afectan rutas comerciales y mercados energéticos.

Y la demanda de materias primas para biocombustibles agrega competencia por determinados cultivos.

“Una crisis alimentaria mundial no es inevitable, pero tampoco es ya un riesgo lejano”, advierten los autores.

La evolución de las cosechas de Brasil, Australia e India y el comportamiento de los mercados de fertilizantes, combustibles y granos durante los próximos meses serán claves para determinar hasta dónde puede escalar esa presión durante 2027.

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