El barro pone en riesgo descanso, ordeño y alimentación: qué recomiendan para los tambos

Vacas lecheras caminando sobre barro en un tambo tras lluvias intensas, en una imagen ilustrativa del impacto del exceso de agua sobre el manejo y el bienestar animal.
Frente al riesgo de lluvias persistentes asociadas a un escenario de El Niño, la Federación Internacional de Lechería difundió recomendaciones para que los tambos anticipen problemas de barro, accesos, alimentación, ordeño y bienestar animal. En un experimento controlado citado en el documento, vacas multíparas permanecieron echadas apenas 3,2 horas durante las primeras 24 horas en la condición de mayor barro, frente a 12,5 horas sobre suelo seco. Los especialistas advierten que estos valores son experimentales y que el objetivo debe ser actuar antes de que calles, corrales y potreros pierdan funcionalidad.

El problema no es solamente cuánto llueve

En los tambos, el impacto de una lluvia intensa no depende únicamente de los milímetros acumulados.

Según el material difundido por la Federación Internacional de Lechería, también resulta determinante cuánto tiempo permanecen saturados los suelos y qué superficies dejan de ser funcionales.

Cuando calles, accesos, corrales y caminos se deterioran, comienzan a aparecer dificultades para mover las vacas, ingresar maquinaria, distribuir alimento y retirar la leche.

Al mismo tiempo, aumentan los tiempos destinados a limpieza y mantenimiento y crecen los riesgos de resbalones, caídas y maniobras inseguras para quienes trabajan en el establecimiento.

El barro también afecta directamente a las vacas

Las consecuencias no se limitan a la operación diaria.

Las superficies húmedas y embarradas dificultan la locomoción, deterioran la higiene y pueden reducir fuertemente el tiempo de descanso de los animales.

Un experimento controlado publicado en Journal of Dairy Science, citado en el material, mostró que las vacas multíparas permanecieron echadas 3,2 horas durante las primeras 24 horas bajo la condición de mayor barro, frente a 12,5 horas cuando se encontraban sobre suelo seco.

La diferencia es significativa, aunque los especialistas remarcan que son valores experimentales y no una predicción directa de lo que ocurrirá en todos los tambos.

Menos descanso y más tiempo de pie

El descanso constituye una necesidad importante para las vacas lecheras.

Cuando el piso se encuentra húmedo o incómodo, los animales pueden permanecer más tiempo de pie, lo que agrega presión sobre otro de los puntos sensibles del sistema: la salud podal.

También aumenta la suciedad sobre ubres y pezones, lo que incrementa la exposición a patógenos ambientales.

Las consecuencias sobre la producción de leche pueden aparecer de manera indirecta, a través de menor acceso al alimento, reducción del consumo, enfermedades o pérdida de eficiencia.

Por eso, el documento advierte que no corresponde atribuir automáticamente cualquier disminución de producción únicamente al barro.


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Qué hacer antes de que lleguen las lluvias

La principal recomendación es prepararse antes de que el establecimiento pierda transitabilidad.

La prioridad debe ser facilitar la evacuación del agua y disminuir el tránsito sobre los sectores más vulnerables.

Entre las medidas recomendadas aparecen reparar baches, consolidar caminos críticos, conservar pendientes y desagües y revisar las alcantarillas.

También se debe evitar que las aguas provenientes del lavado o los efluentes terminen descargándose sobre las calles utilizadas para la circulación.

Tranqueras, bebederos y corrales: los puntos críticos

Hay sectores donde el barro puede aparecer mucho más rápido debido a la concentración del tránsito.

Entre ellos se encuentran tranqueras, entradas a potreros, zonas cercanas a bebederos y comederos y corrales de espera.

Allí, el pisoteo continuo sobre un suelo saturado puede deteriorar rápidamente las condiciones de circulación.

En sistemas pastoriles, además, el tránsito sobre terrenos excesivamente húmedos puede dañar la estructura del suelo y comprometer posteriormente la productividad de las pasturas.

Preparar un mapa de emergencia

La planificación debería contemplar también la identificación previa de los lugares más expuestos al anegamiento.

La Federación recomienda disponer de un mapa de sectores anegables y rutas alternativas, además de reservar potreros más firmes para utilizarlos en caso de emergencia.

Otro punto central es garantizar superficies secas y confortables para el descanso de las vacas.

Las reservas de forraje y otros alimentos también deben permanecer protegidas de la humedad.

A esto se suma la necesidad de revisar previamente bombas, sistemas de energía de respaldo y capacidad de almacenamiento de efluentes.

El personal debe saber qué hacer antes de la emergencia

La preparación no debe limitarse a la infraestructura.

Las decisiones, responsables y procedimientos ante una contingencia tienen que estar definidos con anticipación.

Organizar las tareas para reducir desplazamientos innecesarios de animales y maquinaria puede ayudar tanto a preservar el bienestar de las vacas como a disminuir el deterioro de calles y pasturas.

¿Qué hacer si el potrero ya no permite descansar?

Cuando un potrero o corral se vuelve intransitable o las vacas ya no pueden echarse de manera adecuada, la recomendación es habilitar una alternativa con piso seguro, alimento, agua y un área seca y confortable para descansar.

Mover los animales durante períodos prolongados a superficies de hormigón desnudo tampoco constituye necesariamente una solución definitiva.

Puede eliminar el barro, pero generar otras restricciones para el descanso.

En determinados casos puede utilizarse pastoreo con acceso limitado para preservar los potreros, siempre que se compruebe que los animales mantienen un consumo suficiente y disponen de condiciones adecuadas para descansar.

Qué animales requieren prioridad

Durante una contingencia, no todos los animales presentan el mismo nivel de riesgo.

Los especialistas recomiendan prestar especial atención a vacas próximas al parto, recién paridas, animales rengos y terneros.

Estos grupos deberían tener prioridad al momento de asignar las mejores superficies disponibles y organizar los movimientos dentro del establecimiento.

El barro también obliga a reformular la alimentación

La pérdida de acceso a las pasturas puede disminuir el consumo y generar la necesidad de incrementar la suplementación.

En ese escenario, la recomendación es formular la dieta en función del forraje realmente disponible, asegurar suficiente fibra físicamente efectiva y controlar la calidad e inocuidad de silajes y otras reservas.

También deben evitarse cambios bruscos.

Reemplazar forraje con grandes cantidades de concentrados ricos en almidón puede aumentar el riesgo de acidosis ruminal subaguda.

Sin embargo, el documento aclara que tampoco corresponde reducir el almidón de manera indiscriminada sin considerar las necesidades energéticas y el balance total de la dieta.

Más barro exige más cuidado durante el ordeño

Cuando las vacas llegan al ordeño con mayor nivel de suciedad, cobra importancia la preparación individual de los pezones.

La recomendación es retirar la suciedad, utilizar agua limpia a baja presión solamente cuando sea necesario y secar completamente antes de colocar las pezoneras.

Debe evitarse el lavado indiscriminado de toda la ubre.

También resulta fundamental mantener la desinfección posordeño.

En paralelo, se aconseja intensificar el seguimiento de mastitis, rengueras y lesiones podales, con atención temprana y sin recurrir a tratamientos antibióticos preventivos indiscriminados.

Las señales que indican que hay que cambiar el plan

Uno de los principales mensajes del documento es no esperar hasta que la situación resulte inmanejable.

Hay señales que deberían activar modificaciones de inmediato.

La falta de superficies secas para que las vacas puedan echarse, un mayor número de animales permaneciendo de pie, desplazamientos inseguros, dificultades para alimentar normalmente, mayor suciedad de los pezones o un aumento de las rengueras indican que el esquema de manejo necesita ser revisado.

También debe controlarse diariamente el agua de bebida, la capacidad de manejo de efluentes y las condiciones de seguridad para el personal.

Adaptar el sistema puede ser mejor que sostener la rutina

Ante lluvias prolongadas, intentar mantener sin cambios todas las rutinas habituales puede terminar agravando los problemas.

Adaptar temporalmente el sistema puede resultar menos perjudicial que sostener una operación que ya dejó de funcionar correctamente por el exceso de agua y barro.

El criterio final planteado por los especialistas es claro: “La prioridad es preservar alimentación, descanso, higiene, salud y condiciones de trabajo seguras”.

Frente a un escenario de lluvias intensas, la preparación previa y la capacidad de modificar rápidamente el manejo aparecen así como las principales herramientas para disminuir el impacto sobre los animales, las personas y la operación del tambo.

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