Los préstamos bancarios otorgados a empresas dedicadas a la cría bovina alcanzaron en junio de 2026 su nivel más alto de los últimos 20 años, con un saldo de US$ 1.562 millones, según el último informe de Rosgan elaborado a partir de datos del Banco Central (BCRA), en un contexto de creciente preferencia de los productores ganaderos por endeudarse en dólares antes que en pesos.
El salto se produjo en el marco de una expansión prácticamente continua del crédito al sector desde comienzos de 2024. Al cierre del segundo trimestre de 2026, la deuda bancaria de las empresas ganaderas creció un 38% durante los primeros seis meses del año y un 47% frente al mismo período de 2025, superando incluso los niveles registrados entre fines de 2017 y comienzos de 2018, el pico histórico anterior.
El dato cobra mayor relevancia al mirar la serie completa: desde comienzos de 2024, los saldos adeudados por las empresas ganaderas más que se triplicaron, al pasar de menos de US$ 500 millones a los actuales US$ 1.562 millones. De todos modos, Rosgan advirtió que, al expresarse los valores en dólares, las variaciones pueden responder tanto a cambios en el volumen real de crédito como a movimientos del tipo de cambio y a la composición monetaria de los préstamos.
Una fuerte dolarización de la deuda
Más allá del volumen, uno de los cambios más significativos que identifica el informe es la moneda elegida por los productores para financiarse. Actualmente, el 43% de los saldos de deuda de las empresas ganaderas corresponde a préstamos nominados en dólares, frente al 30% de un año atrás y apenas el 22% en junio de 2024. Dos años antes, esa proporción representaba menos del 10% del total.
Según Rosgan, la estabilidad cambiaria del último año, sumada al menor costo nominal de las líneas en moneda extranjera, explica buena parte de este giro hacia el dólar dentro de la estructura financiera del sector.
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La diferencia entre ambas alternativas se vuelve evidente al comparar las tasas reales. Durante el segundo trimestre, el crédito ganadero en pesos tuvo una tasa promedio cercana al 53% anual, frente a una inflación de alrededor del 33%, lo que dejó un costo financiero real de aproximadamente 15% anual —contra apenas el 6% de un año atrás—. Los préstamos en dólares, en cambio, promediaron una tasa cercana al 6% anual: como la inflación medida en esa moneda fue del 7,5% en el período, el costo financiero real de esas operaciones resultó negativo, en torno al -1,6% anual.
El ternero, motor de la ecuación financiera
El informe de Rosgan no se limita a analizar el costo del crédito, sino que lo compara con el rendimiento que puede generar dentro de la actividad. En ese sentido, el valor del ternero aumentó 68% en términos nominales durante el último año, frente a un costo promedio de financiamiento del 53%. Esa diferencia configura un escenario en el que el apalancamiento puede resultar atractivo para determinados proyectos productivos, aunque el informe aclara que esto no implica que cualquier nivel de endeudamiento sea rentable.
El plazo, la deuda pendiente del financiamiento ganadero
Pese al récord de financiamiento, Rosgan remarcó que el crecimiento del crédito no garantiza por sí mismo un aumento de la inversión productiva. La ganadería tiene ciclos largos y una fuerte inmovilización de capital en hacienda, por lo que las condiciones de los préstamos —en particular los plazos— deben ajustarse a los tiempos biológicos y comerciales propios de la actividad.
El informe también advirtió que el escenario podría volverse más riesgoso a medida que avance el calendario electoral, ya que una eventual modificación del tipo de cambio podría alterar rápidamente la ecuación de los préstamos en dólares, incluso cuando hoy presentan una tasa real negativa.
Según concluyó Rosgan, el récord de financiamiento representa una oportunidad, pero también un desafío para la ganadería argentina: la clave pasará por transformar ese mayor acceso al crédito en inversión productiva efectiva, con plazos compatibles con los ciclos del negocio, para traducirlo en más producción, mayor oferta de hacienda y un crecimiento sostenible del sector.







































