Un conjunto de mejoras en sanidad, reproducción, pastoreo, alimentación y genética permitiría elevar un 40% la producción por vientre en un sistema ganadero de la Cuenca del Salado y reducir cerca de 27% la huella de carbono por kilo producido hacia 2040, según los resultados presentados por especialistas del INTA dentro del proyecto internacional Ganasur. La trayectoria tecnológica proyectada entre 2027 y 2040 permitiría además evitar unas 7.400 toneladas de dióxido de carbono equivalente frente a un escenario sin cambios.
El trabajo pone el foco en una cuestión central para la ganadería: reducir emisiones sin resignar producción.
La estrategia evaluada no plantea disminuir la cantidad de carne generada, sino producir de manera más eficiente mediante tecnologías ya disponibles para los establecimientos.
De 197 a 275 kilos producidos por vientre
Uno de los resultados más contundentes aparece en la productividad.
La implementación progresiva de las medidas permitiría pasar de 197 a 275 kilogramos de peso vivo producidos por vientre, lo que representa una mejora cercana al 40%.
El aumento surge de una combinación de decisiones que buscan reducir ineficiencias dentro del sistema.
Entre ellas aparecen mejoras en la reproducción, eliminación de animales improductivos, mayor disponibilidad y calidad del forraje y una utilización más eficiente de los recursos del establecimiento.
Para Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, aumentar la productividad constituye una prioridad para los países que integran el proyecto.
“Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más mejorando la rentabilidad”, señaló.
La reducción no se mide solamente por kilo de carne
El estudio analizó dos dimensiones diferentes de las emisiones.
Por un lado, la huella de carbono por unidad de producto, es decir, cuántas emisiones se generan por cada kilogramo producido.
Por otro, las emisiones absolutas del establecimiento.
La trayectoria completa proyectada permitiría evitar alrededor de 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, un 15% menos de emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia.
Para 2040, las emisiones anuales bajarían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente.
Al mismo tiempo, la huella por kilogramo producido caería cerca de 27%.
Esto significa que el planteo no descansa exclusivamente sobre el efecto de “diluir” emisiones produciendo más kilos: el modelo también proyecta una reducción absoluta.
Por qué eligieron la Cuenca del Salado
Para representar a la Argentina, el proyecto seleccionó un sistema de ciclo completo de la Pampa deprimida, dentro de la Cuenca del Salado.
La región constituye uno de los territorios ganaderos más relevantes de Buenos Aires y presenta una fuerte especialización en sistemas de cría.
La Estación Experimental Cuenca del Salado del INTA trabaja en un territorio de aproximadamente 7 millones de hectáreas y 24 partidos bonaerenses, con una extensa trayectoria de investigación directamente vinculada con establecimientos productivos.
Para los investigadores, la cría presenta además una oportunidad particular porque concentra una proporción importante de las emisiones del ciclo ganadero y, al mismo tiempo, mantiene brechas productivas y reproductivas que pueden reducirse mediante manejo.
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Sanidad y reproducción: el primer escalón
La hoja de ruta no propone aplicar todas las tecnologías simultáneamente.
La primera etapa apunta a ordenar el rodeo.
Dentro de ese proceso aparecen medidas de sanidad preventiva y reproductiva, junto con el descarte de animales que permanecen en el sistema sin generar suficiente producción.
Reducir la proporción de vientres improductivos permite utilizar alimento, superficie y recursos sobre animales que efectivamente contribuyen con kilos de carne.
También se incorpora la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) y herramientas de selección genética destinadas a mejorar el desempeño del rodeo.
Estas decisiones pueden elevar los índices reproductivos y aumentar la cantidad de kilos producidos sin incrementar proporcionalmente los recursos utilizados.
El pasto aparece en el segundo escalón
Después del ordenamiento del rodeo, la propuesta avanza sobre la base forrajera y nutricional.
Entre las tecnologías consideradas están:
recuperación de pasturas, incorporación de leguminosas, manejo del pastoreo y suplementación estratégica.
La lógica es mejorar tanto la cantidad como la calidad del alimento disponible.
En sistemas predominantemente pastoriles, la eficiencia con la que se transforma el forraje en carne determina buena parte del resultado productivo y ambiental.
Esta nueva investigación, sin embargo, agrega una dimensión diferente: integra simultáneamente productividad, emisiones y resultado económico dentro de una trayectoria de largo plazo.
No todas las tecnologías se aplican al mismo tiempo
Uno de los elementos centrales del trabajo es la secuencia de adopción.
El modelo comienza con tecnologías relativamente simples y de menor requerimiento de inversión.
Después incorpora mejoras forrajeras y nutricionales.
Finalmente suma prácticas de mayor intensificación y complejidad.
“La transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”, explicó Álvarez.
La lógica responde a una realidad concreta de los establecimientos: no todas las empresas disponen al mismo tiempo de capital, infraestructura, personal o conocimientos suficientes para realizar un salto tecnológico completo.
Por eso, el proyecto busca identificar qué conviene hacer primero y qué puede agregarse después.
Las tecnologías fueron discutidas con productores
Las prácticas consideradas no surgieron únicamente de un modelo teórico.
Según explicó el coordinador, las alternativas fueron seleccionadas a partir de tecnologías ya probadas y posteriormente contrastadas mediante consultas con productores y referentes de la actividad.
El objetivo fue determinar cuáles tienen posibilidades reales de ser adoptadas.
Ese punto resulta determinante porque una tecnología puede ofrecer una reducción importante de emisiones en una simulación, pero tener poco efecto práctico si requiere costos, infraestructura o complejidades que limitan su utilización.
“Uno de los principales aportes de Ganasur es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica”, explicó Álvarez.
Qué es Ganasur
Ganasur es un proyecto regional desarrollado sobre la estructura de Procisur, el programa que articula los institutos nacionales de investigación agropecuaria del Cono Sur.
Participan organismos de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
El objetivo es estudiar sistemas ganaderos representativos de cada país, identificar alternativas de mitigación y analizar cómo esas tecnologías impactan sobre tres variables al mismo tiempo: producción, economía y ambiente.
Esa mirada resulta clave porque reducir emisiones sin analizar el costo o la respuesta productiva puede llevar a soluciones difíciles de implementar a escala comercial.
Producir menos no es la estrategia evaluada
El mensaje central del trabajo es que la mitigación no necesariamente exige una reducción de la actividad ganadera.
“Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir de forma eficiente”, sostuvo Álvarez.
La diferencia es que Ganasur pone ahora números a una trayectoria concreta hasta 2040.
El desafío pasa por la eficiencia
La ganadería de la Cuenca del Salado tiene todavía margen para mejorar índices reproductivos, producción de forraje y kilos obtenidos por vientre.
El modelo presentado por el INTA plantea aprovechar esas brechas antes de recurrir exclusivamente a tecnologías más costosas o difíciles de implementar.
Si la trayectoria proyectada se completa, la producción por vientre pasaría de 197 a 275 kilos, las emisiones acumuladas bajarían un 15% y la huella por kilo producido se reduciría cerca de 27%.
La conclusión del estudio es que productividad y mitigación no necesariamente avanzan en direcciones opuestas: cuando las mejoras se concentran en eficiencia reproductiva, sanidad, alimentación, pasturas y genética, producir más carne puede formar parte de la misma estrategia que busca reducir emisiones.









































