Un estudio del proyecto internacional Ganasur, aplicado a un sistema de ciclo completo de la Cuenca del Salado, diseñó una trayectoria gradual de mejoras ganaderas entre 2027 y 2040 que comienza por ordenar el rodeo, continúa con el fortalecimiento de la base forrajera y termina incorporando herramientas de mayor intensificación. El planteo del INTA busca que las tecnologías puedan ser adoptadas de manera progresiva, considerando simultáneamente productividad, costos y reducción de emisiones.
La propuesta parte de una premisa: mejorar la eficiencia ganadera no requiere aplicar todas las tecnologías al mismo tiempo.
Por el contrario, los investigadores plantean una secuencia en la que cada etapa prepara las condiciones para avanzar hacia la siguiente.
Primero, ordenar el rodeo
La primera fase se concentra en medidas de relativa baja complejidad y que pueden generar mejoras importantes sin requerir necesariamente grandes inversiones en infraestructura.
Entre ellas se encuentran la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos y un mejor seguimiento del desempeño de los vientres.
En un sistema de cría, mantener animales que consumen recursos pero no producen terneros suficientes disminuye la eficiencia global.
Por eso, uno de los primeros objetivos es aumentar la proporción del rodeo que efectivamente genera kilos de carne.
Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, las brechas reproductivas existentes en la región representan una oportunidad concreta para aumentar producción sin incrementar proporcionalmente los recursos utilizados.
Después, fortalecer la oferta de forraje
Una vez mejorado el funcionamiento básico del rodeo, la estrategia avanza sobre la alimentación.
El segundo escalón incluye manejo del pastoreo, recuperación de pasturas, incorporación de leguminosas y suplementación estratégica.
La lógica es aumentar la cantidad y calidad del alimento disponible y mejorar su conversión en carne.
En sistemas predominantemente pastoriles, la disponibilidad de forraje condiciona buena parte de la producción anual.
Una mejor utilización de las pasturas permite además sostener cargas más eficientes y reducir períodos en los que los animales permanecen en el establecimiento produciendo por debajo de su potencial.
La intensificación llega después
Las tecnologías que requieren mayor capacidad técnica o inversión aparecen en una etapa posterior.
Entre ellas se incluyen herramientas como la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.
El objetivo es no asumir que todos los establecimientos pueden incorporar simultáneamente cada innovación.
“La transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”, explicó Álvarez.
La secuencia pretende evitar que una tecnología de mayor complejidad se incorpore antes de resolver problemas básicos de sanidad, reproducción o alimentación que podrían limitar su respuesta.
No se trata solamente de bajar emisiones
Ganasur analiza las tecnologías desde tres dimensiones simultáneas:
productiva, económica y ambiental.
Para los investigadores, conocer cuánto puede reducirse una emisión no es suficiente para recomendar una práctica.
También deben analizarse su costo, el impacto sobre los kilos producidos y las condiciones necesarias para que el productor esté dispuesto a adoptarla.
Ese enfoque busca evitar soluciones ambientalmente atractivas pero económicamente inviables.
“Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable”, señaló Álvarez.
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Las tecnologías fueron contrastadas con productores
Las alternativas evaluadas no surgieron únicamente de simulaciones.
El proyecto realizó consultas con productores y referentes sectoriales para conocer qué prácticas podrían ser incorporadas efectivamente dentro de los establecimientos.
La adopción aparece así como una variable central.
Una tecnología puede ofrecer buenos resultados experimentales pero tener poco impacto real si requiere inversiones o capacidades que la mayoría de los establecimientos no puede afrontar.
Por eso, la hoja de ruta busca comenzar por cambios más accesibles y avanzar gradualmente.
Qué proyecta el modelo hasta 2040
Aunque en esta nota el eje no está puesto en esos porcentajes —para no repetir la cobertura anterior—, los resultados permiten dimensionar el efecto acumulado de la estrategia.
La implementación completa del esquema entre 2027 y 2040 permitiría evitar unas 7.400 toneladas de dióxido de carbono equivalente, equivalentes a una reducción del 15% de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia.
Para 2040, las emisiones anuales podrían ubicarse alrededor de 2.645 toneladas de CO₂ equivalente.
La huella de carbono por kilogramo producido disminuiría cerca de 27%.
La productividad también mejora
La misma trayectoria proyecta un aumento importante en la eficiencia del rodeo.
La producción por vientre pasaría de 197 a 275 kilogramos de peso vivo, alrededor de un 40% más.
Eso significa que la reducción de emisiones no surge de producir menos.
El planteo propone exactamente lo contrario: obtener más kilos con una utilización más eficiente de los recursos disponibles.
De esta manera, una parte de la mejora ambiental proviene de repartir las emisiones del sistema sobre un volumen mayor de carne producida y otra parte de reducir las emisiones absolutas.
Por qué eligieron la Cuenca del Salado
Para representar a la Argentina dentro del proyecto se tomó un sistema de ciclo completo ubicado en la Pampa deprimida bonaerense.
La región concentra una fuerte actividad de cría y presenta al mismo tiempo brechas productivas que pueden ser abordadas mediante manejo.
Esto permite estudiar tecnologías sobre un sistema representativo y evaluar qué ocurriría si fueran incorporándose durante varios años.
El modelo no pretende representar automáticamente a toda la ganadería argentina, sino aportar una referencia técnica para sistemas con características semejantes.
Un proyecto regional
Ganasur se desarrolla dentro de la estructura de Procisur.
Participan institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
Cada país trabaja sobre sistemas ganaderos representativos y analiza alternativas capaces de combinar productividad, viabilidad económica y mitigación ambiental.
La intención es generar herramientas adaptables a realidades productivas diferentes y evitar soluciones únicas para toda la región.
La clave está en el orden
El principal aporte del planteo argentino no es solamente identificar qué tecnologías utilizar, sino definir en qué secuencia incorporarlas.
Primero, mejorar sanidad y reproducción.
Después, fortalecer pasturas y nutrición.
Finalmente, avanzar sobre herramientas que exigen mayor inversión, conocimiento o infraestructura.
De esta manera, la transición busca acompañar las posibilidades reales del establecimiento.
El mensaje del proyecto es que la intensificación no necesariamente comienza agregando tecnología sofisticada: muchas veces el primer salto de eficiencia surge de ordenar procesos básicos que ya existen dentro del campo.










































