El consumo de cerdo llegó a un récord de 20 kilos por habitante, pero las importaciones desde Brasil encienden alertas

Cerdos en una granja porcina tecnificada de Argentina, en una imagen que representa el crecimiento récord de la producción y el consumo de carne porcina en 2026.
La cadena porcina argentina acumula un nuevo récord: la producción creció 12,4% entre enero y agosto de 2026, hasta superar las 592.000 toneladas, mientras el consumo per cápita alcanzó los 20 kilogramos por habitante al año, según coincidieron la Dirección de Porcinos, Aves y Animales de Granja de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP) y la Asociación Pormag. Sin embargo, ese mismo informe advierte sobre una señal de alerta: en el mismo período ingresaron al país 43.672 toneladas de carne porcina importada —un 13,8% más que un año atrás—, en un contexto en el que, según datos del IERAL de la Fundación Mediterránea, el precio del capón argentino se ubica un 62% por encima del brasileño, la séptima brecha más alta desde 2015.

El crecimiento del consumo interno es, según los propios informes oficiales, el principal motor de la expansión del sector. La SAGYP destacó que el consumo porcino “casi se triplicó” en las últimas dos décadas, al pasar de apenas 6 o 7 kilos por habitante hace 15 años a los actuales 20 kilos. Pormag, por su parte, confirmó esa tendencia con un promedio móvil de 20,36 kilos por habitante al año, un incremento interanual del 10,7%.

En el plano del comercio exterior, el panorama es más mixto. Las exportaciones acumularon 11.075 toneladas, un 74% por encima de 2025, aunque representan todavía una porción muy reducida de la producción total. El verdadero desafío, según Pormag, está del lado de las importaciones: los envíos desde el exterior fueron casi cuatro veces mayores que lo exportado, con una suba interanual acumulada del 13,8% que trepó a casi 64% solo en el mes de agosto. Para la entidad, la cadena “produce más, consume más y comienza a exportar más, pero necesita acompañar ese crecimiento con mayor competitividad, eficiencia, agregado de valor y apertura de nuevos mercados”.


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El análisis del IERAL, elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, permite entender el origen de esa ola importadora: el problema central es el desplome de precios en Brasil, donde el valor del capón cayó de unos US$1,46 por kilo vivo en enero a US$0,89 en agosto, una caída cercana al 40%. Ese derrumbe coincide con una producción brasileña en expansión constante, que necesita colocar volúmenes crecientes tanto en su mercado interno como en el externo, y Argentina absorbe parte de esa mayor oferta: entre enero y agosto, Brasil envió 41,4 mil toneladas de carne porcina al país, un 20% más que un año atrás y más de siete veces el volumen de 2024, el mayor registro para ese período desde al menos 2010. El valor unitario medio de esas operaciones, en tanto, cayó cerca de 10%, de unos US$2.845 a US$2.562 por tonelada.

Los investigadores del IERAL remarcaron que, por ahora, el principal canal de impacto parece ser el precio antes que el desplazamiento físico de producción local: las importaciones equivalen a alrededor del 6,2% del consumo aparente, un porcentaje significativo pero no inédito, mientras la producción argentina alcanzó unas 877 mil toneladas en los últimos doce meses, con un crecimiento interanual del 11,5%. El riesgo, de todos modos, es que esa oferta importada funcione como referencia competitiva para frigoríficos, industrias y cadenas comerciales, limitando la brecha entre precios internos y externos y poniendo el foco en la agenda de competitividad de las granjas argentinas.

Consultada por el programa Inteligencia Agropecuaria de Radio Continental Córdoba, María Powell, presidenta de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba (CAPPCOR), coincidió en el diagnóstico: “Al abrirse el mercado era lógico que sucediera, ya que el costo de producción en Brasil es más bajo que el nuestro. Estamos en alerta; no es una gran preocupación, pero sí es un tema que tenemos bien puesto sobre la mesa y que trabajamos junto a la Federación Porcina y la Secretaría de Agricultura”. Sobre el crecimiento del consumo, la dirigente explicó que el salto inicial estuvo impulsado por la brecha de precio con la carne vacuna, pero que el desafío actual pasa por consolidar ese consumo como hábito: “Lograr que cuando un argentino piense en carne, también piense en carne de cerdo y la elija a la hora de consumir”.

Powell remarcó además que la mayor demanda no se traduce automáticamente en mejor rentabilidad para todos los productores: “El que no es eficiente en su producción le va a costar un poco más aprovechar esta oportunidad que tiene la cadena. Es en la tecnificación y en la estandarización donde los productores vamos a encontrar los beneficios”. Sobre el comercio exterior, la dirigente puso el foco en un pendiente concreto: el protocolo sanitario de subproductos porcinos con China, que permitiría equilibrar el flujo de importaciones y exportaciones. “Actualmente, para exportar un productor tiene que vender más barato que en el mercado interno. Por eso, lograr ese acuerdo nos permitiría compensar lo que entra y darle mayor sustento al desarrollo del sector”, explicó.

El diagnóstico que dejan estos informes conjuntos describe una cadena en pleno crecimiento, pero con dos frentes abiertos que definirán su rumbo en los próximos meses: consolidar el salto del consumo interno como un hábito de largo plazo, y sostener la competitividad frente a una oferta brasileña que, mientras Brasil siga necesitando colocar sus excedentes a precios bajos, seguirá presionando sobre el mercado argentino.

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