Soja 2026/27: con la superficie estancada, el crecimiento productivo depende de cerrar brechas dentro del lote

Lote de soja con sectores de distinto desarrollo mientras un productor monitorea el cultivo para ajustar ambiente, genética, manejo y tecnología.
De cara a la campaña de soja 2026/27, que arranca con buena reserva hídrica y probabilidad de lluvias por encima de la media por la presencia de condiciones “Niño”, un estudio difundido por la empresa de genética Neogen identificó una brecha de rendimiento del 34% a nivel nacional entre lo que los productores obtienen hoy y lo que sería posible lograr combinando mejor el ambiente, la genética, el manejo y la tecnología. El dato cobra relevancia porque la superficie sembrada con soja no mostró grandes variaciones en los últimos años y la producción se mantiene estabilizada en torno a las 47 millones de toneladas, lo que ubica el margen de crecimiento dentro del lote y no en la expansión de hectáreas.

Según el análisis, la brecha productiva del 34% se explica principalmente por el llamado “efecto sitio” —que incluye variables como el agua útil, la presencia y profundidad de la napa, la compactación del suelo, el cultivo antecesor y la fertilidad física y química—, responsable de cerca del 46% de esa variabilidad. El efecto “campaña” (precipitaciones, temperaturas y radiación) explica otro 26%, y el 26% restante corresponde a la elección genética combinada con las prácticas agronómicas: variedad, grupo de madurez, fecha y densidad de siembra, distanciamiento entre hileras, fertilización y protección del cultivo.

Entre las variables de sitio, el estudio destaca el rol de la napa freática cuando se encuentra a una profundidad adecuada, ya que funciona como fuente complementaria de agua y estabilizadora de rendimientos, amortiguando los períodos de menor precipitación. En sentido contrario, la compactación del suelo aparece como una limitante concreta: en situaciones con niveles superiores a 1,9 kPa, puede reducir el rendimiento entre 200 kg/ha en años con buena disponibilidad hídrica y hasta 500 kg/ha en campañas con restricciones de agua.


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La fertilización también surge como una palanca relevante en un contexto de amplia deficiencia nutricional de los suelos. La probabilidad de respuesta a la fertilización aumenta de manera marcada cuando los niveles de fósforo disponible están por debajo de 20 ppm, y en esos ambientes el estudio identifica oportunidades de mejora de rendimiento de entre el 5% y el 10%.

A partir de estos datos, el trabajo propone avanzar hacia una agricultura “sitio-específica”: detectar la variabilidad dentro del lote, delimitar zonas de manejo diferenciadas, ajustar densidad, genética y nutrición según cada ambiente, y así capturar mayor rendimiento y margen bruto. En lotes con variabilidad interna superior a los 600 kg/ha, el manejo variable de densidad y la combinación de distintas genéticas mostraron respuestas de 65 y 116 kg/ha respectivamente. El control de malezas, en particular la presión de Amaranthus, también aparece como una limitante generalizada que compromete la eficiencia de todas las estrategias de manejo.

En el plano genético, Neogen presentó su portafolio de variedades para la campaña, con materiales diferenciados según región y grupo de madurez: NEO 35S23 SE para el centro-sur bonaerense y ambientes de alta productividad de la región núcleo; NEO 46S25 SE y NEO 47S25 SE como líderes del grupo de madurez IV medio con tecnologías Enlist y STS; NEO 50S22 SE para ambientes de productividad media a baja; y NEO 64S25 SCE y NEO 70S25 CE, con tecnología Conkesta, orientadas a la región centro-norte del país. Todo el portafolio se comercializa bajo el sistema Sembrá Evolución, el modelo de negocio de semillas autógamas vigente en la Argentina.

Para la empresa, este sistema de licenciamiento es el que permite sostener la inversión en investigación y desarrollo, con el objetivo declarado de seguir empujando la productividad a través del mejoramiento genético y una mayor disponibilidad de tecnologías. El mensaje de fondo del estudio es claro: con una superficie sojera que no crece, la próxima frontera de producción no está en sumar hectáreas, sino en cerrar, lote por lote, la brecha entre lo que se cosecha y lo que el ambiente permite cosechar.

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