Un estudio científico publicado en la revista Field Crop Research, basado en la Red de Cultivos de Servicios de Aapresid y liderado por especialistas del IFEVA, FAUBA, UNR y la Universidad de Wisconsin-Madison, derriba uno de los paradigmas más arraigados del agro argentino: el barbecho no es la mejor estrategia para acumular agua en el perfil. Sobre 63 sitios experimentales en 5 regiones agroclimáticas y 6 campañas consecutivas, el trabajo demuestra que durante el barbecho largo se perdieron por evaporación y percolación entre 271 y 409 milímetros de agua que ningún cultivo aprovechó.
La conclusión central del trabajo es contundente: el suelo en barbecho funciona como una “canilla abierta” de ineficiencia, perdiendo pasivamente una enorme porción del agua de lluvia invernal sin que ningún cultivo la transforme en producción.
Frente a ese diagnóstico, el estudio evaluó el comportamiento de distintos cultivos de servicios —gramíneas, leguminosas, crucíferas y mezclas— comparados con el barbecho tradicional. El resultado inicial parece desfavorable para los CS: al momento de su terminación, consumieron en promedio un 25% más de agua que el barbecho largo. Sin embargo, al momento de sembrar el cultivo estival, la disponibilidad hídrica fue similar entre ambos sistemas en la mayoría de las regiones.
La clave está en qué hace cada sistema con el agua disponible. El barbecho la pierde pasivamente por evaporación y percolación profunda. Los cultivos de servicios la convierten en transpiración productiva, mejorando simultáneamente la estructura del suelo, la infiltración y el control de malezas. El consumo del cultivo queda compensado por una mayor eficiencia general del sistema.
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En cuanto al temor más extendido —el posible “costo hídrico” sobre los cultivos siguientes—, el análisis es tranquilizador: con un manejo correcto del momento de secado y dependiendo de las recargas primaverales, la penalización sobre los rindes es mínima o inexistente en la mayoría de las regiones. Las lluvias ocurridas entre la terminación del cultivo de servicios y la siembra del estival son el factor que más explica las diferencias en el agua disponible.
La elección de especie también importa. Las gramíneas redujeron el rinde de maíces posteriores cuando su consumo de agua no se recuperó entre el secado y la siembra. Las leguminosas, en cambio, incrementaron los rindes del maíz incluso cuando el agua disponible era menor, probablemente por su aporte de nitrógeno. Las mezclas mostraron respuestas neutras o positivas, similares a las leguminosas.
Los resultados completos serán presentados por el especialista de FAUBA Gervasio Piñeiro en un bloque temático exclusivo sobre cultivos de servicios en el Congreso Aapresid , que se realizará en Rosario.
El estudio no cierra el debate sobre los cultivos de servicios sino que lo reencuadra: la pregunta ya no es si consumen agua, sino si la aprovechan mejor que el sistema al que reemplazan. Con 63 lotes, 6 campañas y 5 regiones agroclimáticas como base de evidencia, la respuesta que emerge apunta en una dirección clara.











































