Productores, asesores y especialistas analizaron este miércoles 5 de agosto, durante el 34° Congreso AAPRESID en Rosario, los resultados obtenidos con colza, cártamo y camelina en diferentes regiones agrícolas del país, cultivos de invierno que permiten intensificar las rotaciones, generar ingresos durante períodos tradicionalmente destinados al barbecho y producir materias primas con una menor huella de carbono.
Colza, cártamo y camelina ganan espacio en el campo argentino
La incorporación de oleaginosas de invierno comienza a consolidarse como una alternativa para diversificar los sistemas agrícolas y aprovechar períodos del año en los que numerosos lotes permanecían sin producción.
El tema fue abordado durante la charla técnica “Intensificando la rotación con colza, cártamo y camelina”, organizada por Bunge en el Congreso AAPRESID 2026. El encuentro reunió experiencias desarrolladas en distintas regiones productivas y permitió comparar resultados agronómicos, económicos y ambientales.
Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, señaló que la transformación de los sistemas productivos debe construirse junto con los productores, que son quienes asumen el riesgo y realizan las inversiones en el campo.
“Lanzamos planes y programas, pero quien está en el campo y arriesga el capital es el productor. Por eso, todo lo que hacemos parte de trabajar junto a ellos y generar herramientas que permitan producir más y, al mismo tiempo, hacerlo de una manera cada vez más sustentable”, afirmó.
Un cultivo en lugar del barbecho
Bunge comenzó hace cuatro años a desarrollar una propuesta basada en la incorporación de oleaginosas de invierno dentro de las rotaciones agrícolas.
El objetivo es reemplazar períodos prolongados de barbecho por cultivos capaces de generar una renta adicional y, al mismo tiempo, aumentar el aporte de carbono al suelo.
Según Bassi, durante 2026 el programa alcanzó las 160.000 hectáreas certificadas entre colza, cártamo y camelina, producidas mediante convenios con productores.
La certificación adquiere relevancia frente a una demanda internacional que comienza a exigir materias primas obtenidas con menores emisiones y sistemas que eviten el cambio en el uso del suelo.
“La intensificación nos permite generar un doble impacto: reemplazar un período de barbecho por un cultivo que genera renta y, al mismo tiempo, dejar más carbono en el suelo, cuidando su estructura”, explicó.
La oportunidad de los combustibles para aviación
La expansión de estos cultivos también está vinculada con el crecimiento de los biocombustibles y, especialmente, con la demanda de combustible sostenible de aviación, conocido por sus siglas en inglés como SAF.
Esta industria necesitará grandes volúmenes de aceites vegetales con una huella de carbono certificada, lo que abre una nueva oportunidad comercial para la agricultura argentina.
Bassi sostuvo que el país cuenta con una ventaja comparativa por sus inviernos productivos y por la posibilidad de desarrollar oleaginosas adaptadas a esas condiciones.
“La agricultura también es parte de la transición del transporte, porque puede ser una fuente de materias primas para los biocombustibles y ayudar a reducir sus emisiones”, indicó.
Para acceder a estos mercados no será suficiente aumentar los volúmenes. También será necesario medir las emisiones a lo largo de la cadena, conservar el carbono presente en la materia orgánica y demostrar cómo fue producida cada materia prima.
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Cártamo: una alternativa frente a la sequía
El ingeniero agrónomo Miguel Kolar, asesor técnico de AGRO Cotton Grupo Linke, explicó que la incorporación del cártamo surgió después de varias campañas afectadas por la sequía.
La primera experiencia del grupo se realizó en 2024. A partir de esos resultados, el cultivo comenzó a ocupar una superficie creciente dentro de su esquema productivo.
Actualmente, la empresa siembra unas 15.000 hectáreas de cártamo sobre un total de 20.000 hectáreas agrícolas.
“Tuvimos que replantearnos nuestro modelo productivo y buscar alternativas que nos permitieran hacer una agricultura más resiliente”, señaló Kolar.
El asesor destacó que el cártamo permite diversificar la producción y mantener al maíz dentro de la rotación, mediante una combinación que mejora el uso de los recursos disponibles.
La colza alcanzó rindes de hasta 30 quintales
El ingeniero agrónomo Matías Taravella, asesor técnico de Jakas Kokic Ivancich SA, presentó los resultados de tres años de producción de colza en la zona central del país.
En establecimientos caracterizados por barbechos prolongados, la oleaginosa permitió ocupar una etapa del año en la que tradicionalmente no se realizaban cultivos.
“Hemos logrado lotes de hasta 30 quintales por hectárea con cosecha directa, lo que demuestra que tiene un muy buen potencial productivo para nuestra región”, afirmó.
Además del rendimiento, Taravella destacó el efecto de la colza sobre el suelo. Después de la cosecha, el lote presenta una estructura más mullida, que favorece la infiltración del agua y puede beneficiar a los cultivos posteriores.
“La incorporación de cultivos de invierno nos permite pensar en un sistema más intensivo, hacer más cultivos durante el año y aprovechar mejor los recursos disponibles”, agregó.
Camelina antes de la soja en el sudeste bonaerense
En el sudeste de la provincia de Buenos Aires, el ingeniero agrónomo Pablo Calviño evaluó la incorporación de colza y camelina en ambientes donde existían períodos improductivos dentro de la rotación.
Según su experiencia, la soja de segunda implantada después de camelina puede obtener rendimientos similares a los de una soja de primera.
Esto permitiría sumar un cultivo invernal sin resignar de manera significativa el potencial de la oleaginosa posterior.
Calviño indicó, además, que el costo de implantación de la camelina resulta prácticamente equivalente al de mantener un barbecho. La diferencia es que el lote permanece productivo, genera una renta y aporta biomasa al sistema.
La camelina también permitió adelantar la siembra de soja. En las experiencias presentadas, la implantación pudo comenzar entre el 20 y el 28 de noviembre, una fecha que anteriormente no era habitual para ese planteo productivo.
“Estos cultivos no necesariamente vienen a reemplazar a los tradicionales, sino a ocupar un período que antes estaba vacío. Eso permite intensificar la producción y aprovechar mejor cada hectárea”, explicó.
Más cultivos por año y nuevas oportunidades comerciales
Los casos presentados durante el Congreso AAPRESID mostraron que la colza, el cártamo y la camelina pueden adaptarse a ambientes productivos diferentes y cumplir funciones específicas dentro de cada rotación.
Además de generar ingresos durante el invierno, estas oleaginosas pueden mejorar la cobertura y la estructura del suelo, aumentar el aporte de carbono y ofrecer materias primas para mercados que demandan productos certificados con una menor huella ambiental.
El desafío será ajustar el manejo agronómico, seleccionar los ambientes adecuados y evaluar el resultado de todo el sistema, sin limitar el análisis al rendimiento obtenido durante una sola campaña.








































