Producir más ya no alcanza: los especialistas dicen que el agro argentino tiene un problema de gestión, no de producción

Oficina de gestión agropecuaria con computadora, tablet e informes de datos frente a un campo productivo.
Especialistas en gestión agropecuaria que participaron de la última edición de A Todo Trigo coincidieron en un diagnóstico incómodo pero cada vez más compartido en el sector: para la mayoría de los actores de la cadena ya no es suficiente producir más para asegurar la rentabilidad de una empresa. La clave de la supervivencia reside hoy en la profesionalización de la gestión, en las decisiones financieras estratégicas y en la integración de datos.

La economista Regina Martínez Riekes, de Amauta Inversiones, identificó uno de los puntos de fuga más concretos y menos visibles: el dinero inmovilizado en cuentas corrientes puede costar hasta siete puntos de rentabilidad anual. “Ustedes se matan por pelear el precio del agroquímico, pero cuántos puntos están resignando desde el escritorio”, planteó, proponiendo el uso de fondos money market, cauciones o el mercado de capitales para financiarse de manera más eficiente.

Andrés Ponte, de A3 Mercados, subrayó que las herramientas financieras y comerciales dejaron de ser terreno exclusivo de expertos. Ejemplificó el riesgo con el caso de la soja retenida sin precio, que generó pérdidas millonarias por volatilidad. “El mercado no elimina el riesgo, pero permite administrarlo”, sostuvo.


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Alejandro Meneses, de la consultora Zorraquín + Meneses, fue más directo aún: el contexto actual actúa como un acelerador de problemas preexistentes que fuerza a las empresas a abandonar lógicas obsoletas. Para él, el mercado actual está diferenciando a las empresas entre las que tienen margen de maniobra, las que están al límite por endeudamiento y las que cambian de piel para sobrevivir. Propone el método del 1% —pequeñas mejoras sostenidas— y advierte sobre el riesgo de arrastrar ineficiencias: “Una empresa puede tener el potencial de un tren bala, pero si arrastra un vagón que va a 60 km/h, toda la unidad irá a esa velocidad”.

El cuarto diagnóstico llegó de María Luján Santos, de Albor Agro, quien señaló que las empresas agropecuarias no carecen de datos sino que sufren un exceso de ellos en forma desconectada. “La información suele generarse en silos —el campo, la administración y las finanzas— que no se comunican entre sí. Sin integración, el dato se convierte solo en ruido”, advirtió.

La competitividad del agro argentino, según estos especialistas, dependerá de qué tan rápido los empresarios puedan profesionalizar sus escritorios al mismo nivel que sus campos. El desafío no es menor: implica cambiar hábitos arraigados, incorporar herramientas financieras y de gestión de datos, y tomar decisiones incómodas que el contexto de producción récord permitía postergar, pero que el momento actual ya no perdona.

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