Especialistas que participarán del Congreso Aapresid 2026 advirtieron que la incertidumbre climática, económica y productiva obliga a replantear las rotaciones. Los cultivos de servicios amplían las opciones, pero también vuelven más compleja la toma de decisiones.
La agricultura argentina atraviesa una nueva etapa. Tras años marcados por la expansión del monocultivo de soja, los sistemas productivos avanzan hacia esquemas más intensificados y diversos. Sin embargo, lejos de existir una receta universal, los especialistas coinciden en que las rotaciones deben diseñarse cada vez más en función de las características de cada ambiente, el agua disponible y los objetivos productivos.
El tema será uno de los ejes del próximo Congreso Aapresid con la fuerza de Expoagro 2026, que se realizará del 4 al 6 de agosto en Rosario, donde investigadores y referentes del sector analizarán cómo adaptar las estrategias agrícolas a un escenario atravesado por una creciente incertidumbre climática y económica.
Los cultivos de servicios cambiaron las reglas del juego
Fernando Salvagiotti, investigador del INTA, coordinador del programa de ecofisiología y agroecosistemas y especialista del Conicet, aseguró que las rotaciones son la base de cualquier planteo de agricultura sustentable y regenerativa. Sin embargo, explicó que en los últimos años dejaron de ser simples alternancias entre soja, maíz y trigo para incorporar nuevas especies con objetivos específicos.
Según detalló, los cultivos de servicios permitieron salir de los esquemas simplificados y sumar beneficios agronómicos clave. Las leguminosas, como la vicia o los tréboles, aportan nitrógeno; las gramíneas, como centeno y avena, generan biomasa y carbono; mientras que las crucíferas ayudan a mejorar la estructura del suelo y a reducir problemas sanitarios.
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A diferencia de las rotaciones tradicionales, muchos de estos cultivos no buscan generar renta directa mediante la cosecha de granos, sino mejorar el funcionamiento del sistema productivo. No obstante, especies como girasol, colza, carinata o camelina también comenzaron a ganar protagonismo por su aporte económico y ambiental.
El ambiente manda y no existen modelos ideales
Para Salvagiotti, el principal desafío es abandonar la idea de rotaciones rígidas o ideales. La elección de cada secuencia debe contemplar variables como la disponibilidad hídrica, la región geográfica y los cultivos predominantes en cada zona.
El especialista destacó que las decisiones respaldadas por información técnica generan resultados concretos. Como ejemplo, señaló que una soja de primera implantada dentro de una rotación adecuada puede rendir hasta 400 kilos por hectárea más que una soja proveniente de monocultivo.
También advirtió sobre los desafíos que plantean producciones intensivas como el maní en Córdoba o la papa en el sur bonaerense, actividades que demandan estrategias específicas para evitar procesos de degradación física y nutricional de los suelos.
La genética también se adapta a las nuevas rotaciones
El cambio en los sistemas productivos impacta directamente sobre la industria semillera. Fernando Mrozek, jefe de Desarrollo de Semillas de ACA, sostuvo que los cultivos de servicios llegaron para quedarse y que los programas de mejoramiento ya trabajan para potenciar la adaptación de los materiales a estos nuevos planteos.
Según explicó, los híbridos de maíz y girasol, así como las variedades de soja y trigo, muestran una buena respuesta cuando se implantan luego de cultivos de servicios, aprovechando mejor los nutrientes, la humedad y las condiciones sanitarias generadas por las rotaciones.
Desde Bayer coincidieron en que la mayor exploración radical y la eficiencia en el uso del agua y los nutrientes permiten sostener e incluso mejorar los rendimientos cuando los cultivos comerciales se insertan en esquemas más diversificados.
Una herramienta clave para la agricultura que viene
La conclusión de los especialistas es clara: las rotaciones dejaron de ser una práctica estática para convertirse en una herramienta estratégica que debe ajustarse a cada ambiente. En un contexto donde el clima, los mercados y los sistemas productivos son cada vez más variables, la capacidad de diseñar secuencias adaptadas a cada lote aparece como uno de los factores decisivos para sostener la productividad y la salud de los suelos en el largo plazo.









































