Ensayos en maíz revelan fuertes diferencias entre híbridos frente a enfermedades

Hoja de maíz con síntomas de roya y manchas foliares durante una inspección sanitaria en un lote de cultivo.
Ensayos realizados por el INTA Marcos Juárez y CREA Sur de Santa Fe durante la campaña 2025/26 detectaron diferencias importantes entre híbridos de maíz frente a roya común, mancha blanca y carbones, en un contexto donde algunas enfermedades modificaron su comportamiento, otras ampliaron su distribución y algunas volvieron a aparecer en regiones productivas. Los resultados refuerzan la necesidad de combinar resistencia genética, monitoreo y manejo integrado de cara a la próxima campaña.

Los resultados fueron presentados por Enrique Alberione, fitopatólogo de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Marcos Juárez, durante una Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa organizada junto con CREA Sur de Santa Fe.

La actividad reunió información surgida de ensayos regionales y trabajos de investigación orientados a mejorar la toma de decisiones productivas.

El escenario sanitario muestra señales que obligan a prestar atención: la roya común apareció con mayor presencia en maíces tardíos, la mancha blanca comienza a mostrar una distribución más amplia y el carbón de la panoja mantiene focos en distintas provincias.

Roya común: alertan por un comportamiento diferente

La roya común continúa entre las enfermedades foliares más importantes del maíz y su impacto depende tanto de las condiciones ambientales como de la susceptibilidad genética de cada híbrido.

Las pérdidas de rendimiento pueden ubicarse entre 5 y 10 %, subir al 15-30 % en híbridos susceptibles y alcanzar entre 40 y 60 % frente a ataques severos. En la Argentina también se registraron disminuciones de entre 3 y 8 % en el peso de los granos cuando la severidad alcanzó el 10 %.

La infección de Puccinia sorghi, agente causal de la enfermedad, es favorecida por temperaturas de entre 16 y 23 °C, elevada humedad relativa, rocío y períodos de al menos ocho horas de mojado foliar.

Sin embargo, durante la campaña 2025/26 apareció un comportamiento que llamó la atención de los especialistas.

Los maíces tempranos tuvieron baja incidencia y severidad, mientras que en los planteos tardíos se observó una presencia mayor de roya.

Para Alberione, ese comportamiento merece seguimiento porque contradice parcialmente lo esperado para la enfermedad, que normalmente debería disminuir su actividad frente a temperaturas más elevadas.

La situación abre así la posibilidad de estar frente a un cambio en el comportamiento epidemiológico del patógeno.


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Los híbridos mostraron fuertes diferencias

Los ensayos desarrollados por CREA Sur de Santa Fe en Teodelina, Benjamín Gould y Las Rosas mostraron una marcada variabilidad entre híbridos.

Aproximadamente la mitad de los materiales evaluados presentó niveles considerados aceptables de resistencia genética, mientras que el resto mostró mayor susceptibilidad.

Los tratamientos con fungicidas, además, lograron reducir la severidad promedio.

En Teodelina pasó de 1,7 a 0,7 %; en Benjamín Gould, de 0,7 a 0,1 %; y en Las Rosas, de 1,7 a 0,6 %.

Los resultados refuerzan la estrategia de combinar materiales con resistencia genética y herramientas de control químico cuando el riesgo sanitario lo justifique.

Mancha blanca: una enfermedad que gana terreno

Otro de los puntos de atención es la mancha blanca, considerada una enfermedad emergente en la Argentina.

Su primera detección en el país se remonta a la campaña 2010/11 en la zona de Rafaela, Santa Fe, pero los relevamientos actuales muestran una distribución que requiere cada vez mayor vigilancia.

La enfermedad puede tener un impacto productivo significativo. Antecedentes internacionales indican pérdidas de entre 10 y 50 % en China y hasta 80 % en situaciones severas registradas en Brasil.

El complejo sanitario involucra a la bacteria Pantoea ananatis y a los hongos Phaeosphaeria maydis y Phyllosticta spp.

Las condiciones más favorables incluyen temperaturas de entre 20 y 23 °C, largos períodos de mojado foliar y daños provocados por granizo, viento o lluvia.

Ese punto cobra relevancia ante campañas húmedas.

Alberione advirtió que condiciones asociadas a un año Niño podrían modificar el momento de aparición de la enfermedad. Hasta ahora se observa principalmente en maíces tardíos, pero una combinación de mayor humedad y temperaturas más bajas podría favorecer su aparición también en planteos tempranos.

Detectaron mancha blanca en todos los híbridos evaluados

Los ensayos de CREA Sur de Santa Fe mostraron una prevalencia del 100 % en los 11 híbridos evaluados en Teodelina y Las Rosas.

La intensidad, sin embargo, fue muy diferente.

En Las Rosas, la incidencia promedio alcanzó el 98 %, con una severidad del 30 %. En Teodelina, en cambio, la incidencia fue cercana al 24 % y la severidad apenas llegó al 0,7 %.

La red de ensayos del INTA Marcos Juárez también encontró la enfermedad en el 63 % de los ambientes evaluados.

Se registraron prevalencias del 100 % a nivel de híbridos en Sol de Mayo y Morrison; 70 % en La Norte; 20 % en Coronel Moldes y 5 % en Adelia María.

Además, se encontró mancha blanca en un ensayo de maíz temprano de Aapresid próximo a Marcos Juárez, aunque solamente sobre un híbrido.

Ese dato sugiere que la enfermedad podría comenzar a expandirse hacia fechas de siembra más tempranas.

El manejo químico tiene límites

Frente a la mancha blanca, el manejo adquiere una complejidad adicional porque el proceso de infección incluye componentes bacterianos y fúngicos.

Los especialistas recomiendan combinar fecha de siembra, rotación de cultivos, densidad adecuada y caracterización sanitaria de los híbridos.

También se señaló que dosis elevadas de nitrógeno podrían favorecer el desarrollo de la enfermedad.

El control químico presenta otra dificultad: los fungicidas pueden actuar sobre los hongos involucrados, pero no controlan la bacteria que inicia el proceso de infección.

Los carbones vuelven al centro de la escena

Los carbones también aparecen nuevamente entre las enfermedades que requieren seguimiento.

El carbón común (Ustilago maydis) y el carbón de la panoja (Sporisorium reilianum) presentan comportamientos epidemiológicos diferentes.

El primero genera infecciones localizadas principalmente sobre tejidos jóvenes y encuentra condiciones favorables luego de heridas provocadas por granizo, viento o insectos.

El carbón de la panoja, en cambio, comienza la infección durante la emergencia del cultivo y puede colonizar completamente la planta.

Las pérdidas también son diferentes.

El carbón común puede provocar reducciones de rendimiento de entre 5 y 30 %, mientras que el carbón de la panoja puede impedir la formación normal de granos y generar pérdidas de hasta 80 %.

Una enfermedad reemergente que ya alcanza cuatro provincias

El carbón de la panoja es considerado una enfermedad reemergente y su distribución ya comprende sectores de Córdoba, sudeste de Santa Fe, San Luis y Buenos Aires, de acuerdo con relevamientos correspondientes a 2023/24.

En lotes próximos a Chañar Ladeado y Corral de Bustos llegaron a estimarse, en diferentes campañas, pérdidas cercanas al 50 %.

Sin embargo, los últimos ensayos también aportaron una señal positiva.

En un ensayo realizado cerca de Corral de Bustos, el 72 % de los 25 híbridos evaluados presentó incidencias de apenas 0 a 1,3 %, lo que demuestra que existen materiales comerciales con buenos niveles de resistencia genética.

La genética gana peso en la estrategia sanitaria

Las experiencias analizadas por INTA y CREA dejan un denominador común: no todos los híbridos responden de la misma manera frente a las enfermedades.

Por eso, conocer previamente su comportamiento sanitario puede convertirse en una herramienta central para reducir riesgos.

Los resultados obtenidos frente al carbón de la panoja son un ejemplo. En los ensayos evaluados, la mayoría de los híbridos presentó incidencias inferiores al 2 %, confirmando el potencial de la resistencia genética como una de las principales herramientas de manejo.

El escenario sanitario del maíz, sin embargo, ya no puede analizarse únicamente a partir de lo ocurrido en campañas anteriores.

Cambios en el comportamiento de la roya, el avance de la mancha blanca y la reaparición de los carbones obligan a combinar genética, monitoreo y manejo integrado, con decisiones ajustadas a cada ambiente y a la evolución de las enfermedades durante la próxima campaña.

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