Panorama fitopatológico del cultivo de soja. Campañas 2017/18 y 2018/19

Dos campañas, dos ambientes: efecto sobre las enfermedades

Entre los factores que afectan el rendimiento de cultivos, el ambiente es uno de los más importantes para condicionar la expresión del potencial de rendimiento, siendo también determinante para la manifestación epidémica de enfermedades. En el sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba, las últimas campañas de soja se caracterizaron por condiciones ambientales contrastantes de un año a otro. Mientras que en el ciclo 2017/18 se observó una fuerte sequía a nivel regional, en la campaña 2018/19 las lluvias estivales superaron a las medias históricas (Gráficos 1 y 2).

En la campaña 2017/2018 se observaron muy pocas enfermedades foliares hasta R6, y el mal desarrollo de los cultivos debido a la sequía enmascaró la ocurrencia de enfermedades vasculares. Sin embargo, más allá de la condición ambiental imperante en la región, se observaron diferencias en el desarrollo de los cultivos y la ocurrencia de enfermedades, en función de las condiciones meteorológicas locales, la presencia o no de napa y el manejo en cada predio.

En numerosos lotes se registró una alta incidencia de plantas que se secaron durante los meses de febrero y marzo, detectándose en las mismas la presencia de podredumbre carbonosa (Macrophomina pasheolina), que fue favorecida por las condiciones de altas temperaturas y escasas precipitaciones. En lotes con mejores condiciones hídricas, principalmente debido al aporte de la napa, durante febrero y marzo se detectaron plantas afectadas por cancro de tallo (Diaporthe/Phomopsis), con incidencias más altas respecto a otras campañas, y mayor prevalencia en el sur de Santa Fe respecto al área de Marcos Juárez. El síndrome de la muerte súbita (Fusarium spp.) se observó con baja prevalencia e incidencia, particularmente en cultivares muy susceptibles y en cultivos bien desarrollados. En casos puntuales se observó la presencia de podredumbre húmeda del tallo (Sclerotinia sclerotiorum), principalmente en lotes con presencia de napa, menor distanciamiento entre surcos y altas densidades de plantas, en los cuales se registraron precipitaciones abundantes en floración durante el mes de diciembre.

Entre las llamadas “enfermedades de fin de ciclo”, la más importante fue la mancha marrón (Septoria glycines) que alcanzó valores moderados de severidad a principios de enero, pero que no progresó debido a las escasas precipitaciones registradas posteriormente. En los últimos estadíos reproductivos, se detectó el “tizón de la hoja” por Cercospora spp., pero con severidades que generalmente se mantuvieron de bajas a moderadas. Esa campaña cerró con un temporal. El prolongado período con lluvias abundantes, obligó en algunos casos a retardar la cosecha, comprometiendo seriamente la sanidad de semilla remanente en el campo. Esta fue afectada por especies del complejo Diaporthe / Phomopsis y Fusarium spp., observando además numerosas semillas contaminadas con bacterias. Asimismo, las condiciones de sequía y altas temperaturas durante enero hasta marzo, pueden haber afectado negativamente el vigor de las semillas. La campaña 2018/19 se caracterizó por lluvias superiores a las históricas en los meses de noviembre, diciembre y enero, pero menores en febrero, y por la alternancia de períodos con altas temperaturas seguidos por períodos con temperaturas bajas.

En esta campaña la implantación de los cultivos fue problemática en las siembras de octubre y principios de noviembre, debiendo resembrarse numerosos lotes. Esto puede atribuirse a la combinación de distintos factores como bajas temperaturas, precipitaciones intensas que generaron anegamientos, posible fitotoxicidad por herbicidas, baja calidad de semillas y alta carga de patógenos en rastrojos, como consecuencia de las condiciones ambientales ocurridas durante la campaña anterior. En muestras de plántulas se detectaron patógenos como Fusarium spp, Rhizoctonia solani, Phytopthora sojae, Macrophomina phaseolina y Colletotrichum spp. Además de la disminución en el stand de plantas, las condiciones mencionadas durante las etapas tempranas del cultivo pueden haber producido deterioro de raíces, facilitando la entrada de patógenos que se expresaron posteriormente.

En el mes de febrero, coincidiendo con menores precipitaciones y altas temperaturas, en localidades donde las lluvias en dicho mes fueron muy escasas, se observaron lotes con sectores con plantas secas, detectándose en las mismas la presencia de Macrophomina phaseolina, Fusarium spp y Rhizoctonia solani. Si bien se observaron lotes con cancro de tallo, la prevalencia del mismo fue muy inferior a la campaña previa. Por el contrario, el síndrome de la muerte súbita se observó con mayor prevalencia e incidencia que la campaña anterior, al igual que la podredumbre húmeda del tallo. Las condiciones de lluvias abundantes hasta el mes de enero fueron favorables para las enfermedades que afectan el follaje, y mancha marrón se presentó con niveles mayores a otras campañas en ese mes. Sin embargo, durante febrero el avance de esta enfermedad se retrasó por las escasas precipitaciones, mientras que en el mes de marzo se observó un incremento en de la severidad.

Los periodos de altas temperaturas nocturnas en enero y febrero, en combinación con alta humedad relativa fueron favorables para la mancha ojo de rana (Cercospora sojina), que se presentó con incidencias superiores a las observadas en las últimas campañas, aunque sin alcanzar los niveles propuestos como umbrales de daño. Hacia el fin del ciclo del cultivo, se incrementó la presencia del tizón foliar por Cercospora (Cercospora kikuchii, Cercospora spp.), que alcanzó niveles moderados de severidad. Hacia finales de marzo, se detectó la roya de la soja Phakopsora pachyrhizi, pero en la mayoría de los casos los cultivos se encontraban próximos a madurez, por lo que no fue necesario el uso de fungicidas para su control. En las dos campañas descriptas se detectaron también patógenos como Ascochyta, Phyllosticta, Alternaria y Peronospora manshurica y bacteriosis causadas por bacterias de los géneros Pseudomonas y Curtobacterium, generalmente con bajas incidencias y severidades. Debe destacarse además, que se produjeron numerosas consultas por hojas quemadas por calor y con síntomas por fitotoxicidad de herbicidas, fungicidas o insecticidas, generalmente asociados con aplicaciones realizadas en periodos de alta temperatura.

Manejo de enfermedades: integrando herramientas

La propuesta del manejo integrado de enfermedades se basa en el monitoreo frecuente, el diagnóstico preciso y la combinación de los distintos métodos de control disponibles. Entre estos se mencionan la utilización de cultivares resistentes, las rotaciones, el uso de cultivos de cobertura, la fecha de siembra, el espaciamiento entre surcos y la utilización de fungicidas basada en sistemas de decisión que tengan en cuenta factores que afecten la disponibilidad de inóculo y las condiciones ambientales, principalmente las precipitaciones acumuladas entre R3 y R5 y la intensidad de las enfermedades. Los sistemas de decisión para la aplicación de fungicidas han significado un avance hacia la sostenibilidad de los sistemas, pero a la hora de pensar en el manejo de enfermedades es importante considerar sistemas de cultivos que permitan reducir la manifestación de las mismas, ya que la secuencia de cultivos elegida y la incorporación de cultivos de cobertura pueden afectar el desarrollo de las distintas enfermedades.

Así por ejemplo, en ensayos de larga duración realizados en la EEA INTA Oliveros, se observó que la inclusión de trigo como cultivo de cobertura, incrementó la incidencia de muerte súbita, pero disminuyó la severidad de podredumbre carbonosa y la incidencia de enfermedades foliares como mancha marrón, tizón foliar por Cercospora y mancha ojo de rana. Una vez definido el sistema de cultivos a utilizar en un predio, es importante priorizar el uso de genotipos resistentes cuando sea posible. Es así, que en enfermedades como la podredumbre de raíz y tallo por Phytophthora sojae, el cancro del tallo o la mancha ojo de rana se dispone de cultivares resistentes que permiten un control efectivo. En el caso del síndrome de la muerte súbita, si bien ningún cultivar posee resistencia completa, existen diferencias en el comportamiento varietal. En las EFC como mancha marrón, se considera que todos los cultivares son susceptibles, por lo que su manejo se basa en otras herramientas como las rotaciones y el uso de fungicidas. En condiciones que favorecen una mayor disponibilidad de inóculo para las enfermedades de fin de ciclo, y en presencia de condiciones ambientales favorables, el uso de fungicidas es una alternativa para el control de las mismas.

En ensayos realizados en la EEA INTA Marcos Juárez en campaña 2017/18, cuando las condiciones no fueron conducentes para estas enfermedades durante la formación de vainas y llenado de granos, debido a las escasas precipitaciones (45 mm entre R3-R6) no se detectaron diferencias de rendimiento en los tratamientos con fungicidas respecto al testigo sin aplicación. En la campaña 2018/19, en cambio, se observaron incrementos de rendimiento del orden del 1 al 8 %, en los tratamientos con fungicidas, siendo la respuesta mayor en los casos en que el estadio fenológico R3 se alcanzó en el mes de enero, respecto a los casos en que se alcanzó este estadío en el mes de febrero. Cabe destacar que en el primer caso las precipitaciones entre R3 y R5 fueron de 77 mm, mientras que en los que llegaron a R3 en febrero, las lluvias entre R3 y R5 fueron de solo 16 mm, demostrando la importancia del factor ambiental. El avance hacia una mayor comprensión de los múltiples factores involucrados en la producción de epidemias, y la integración de estos conocimientos, contribuirá al manejo eficiente de enfermedades con menor impacto ambiental, en sistemas reales de producción.

 

Fuente: INTA por Lisandro Germán Lenzi, María Elena Lago, Laura Carolina Gadban

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