El INTA prueba en Córdoba un modelo que permite hacer ganadería sin destruir el bosque nativo

Ganado bovino pastando entre árboles de monte nativo en Chancaní, Córdoba, en un sistema de manejo de bosques con ganadería integrada.
El INTA Manfredi y la Secretaría de Ambiente de Córdoba impulsan en el departamento Pocho un proyecto piloto de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI) que busca compatibilizar la producción ganadera con la conservación del monte nativo en el Chaco árido, con financiamiento del Fondo Verde del Clima a través de la FAO. Si funciona, el campo de Chancaní se convertirá en modelo demostrativo para toda la región.

El proyecto se desarrolla en un establecimiento ubicado en Chancaní, entre el Parque Nacional Traslasierra y la reserva forestal natural homónima, en una zona clasificada como categoría amarilla dentro de la Ley de Bosques, donde se permite el uso productivo con criterios de conservación. Es precisamente en esas áreas donde se concentran buenas partes de las tensiones entre producción y ambiente en la provincia.

El enfoque del MBGI no propone elegir entre producir o conservar, sino integrar ambas funciones dentro del mismo sistema. El trabajo comienza con un relevamiento integral del predio para identificar distintos ambientes: en áreas de alto valor de conservación, el pastoreo se utilizará de manera estratégica para reducir la biomasa combustible y el riesgo de incendios sin afectar los renovales del bosque. En sectores con menor cobertura o suelos degradados, se avanzará con pasturas implantadas para mejorar la oferta forrajera.


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“Con potreros y rotaciones podemos decidir cuándo usar los animales en cada ambiente”, explicó Torcuato Tessi, investigador del INTA Manfredi y coordinador del equipo técnico, integrado por ingenieros agrónomos, forestales y biólogos. El rodeo alternará entre áreas de conservación y sectores de mayor productividad en un esquema diseñado para que ambas funciones se sostengan en el tiempo.

El financiamiento proviene del Proyecto Pagos por Resultados de REDD+ de la Argentina, implementado con apoyo de la FAO y respaldado por el Fondo Verde del Clima. El origen de esos fondos se remonta a una acreditación que obtuvo Argentina por reducir 18 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente entre 2014 y 2016, derivadas de la disminución de la deforestación en regiones forestales críticas. El programa prevé implementarse en todas las provincias del país con el objetivo de reducir otras 10 millones de toneladas de CO₂, mediante 92 planes de manejo destinados a pequeños y medianos productores ganaderos.

El equipo cuenta con un año para formular el plan de manejo, con un horizonte de implementación de diez años. Una vez elaborado, deberá ser validado por la Secretaría de Ambiente provincial y luego por la FAO, que habilitará los fondos para su ejecución.

“Necesitamos que el campo produzca más de lo que produce hoy, para que el productor viva mejor y para que conservar no sea un costo extra, sino parte del sistema”, sintetizó Tessi. Para el investigador, la experiencia en Pocho es una oportunidad concreta de demostrar que el MBGI puede funcionar en Córdoba y convertirse en referencia para otras regiones del país con desafíos similares.

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