El escenario de El Niño abre posibilidades para el maíz tardío por una mayor disponibilidad de agua, pero también puede complicar la implantación, aumentar la presión de enfermedades y generar demoras a cosecha. Desde Stine plantearon que la elección de la genética según cada ambiente será una de las decisiones centrales de la campaña, mientras en el norte del país la chicharrita aparece como uno de los principales desafíos sanitarios.
El maíz tardío gana protagonismo en un año Niño
El escenario de mayores precipitaciones asociado a El Niño puede modificar las decisiones de siembra de maíz durante la campaña.
Una mejor disponibilidad hídrica permite aspirar a un mayor potencial productivo, aunque el resultado dependerá de cómo se distribuyan las lluvias y de la capacidad de los planteos para acompañar ese escenario.
Para el maíz tardío, la combinación presenta una particularidad: el agua puede convertirse tanto en una ventaja como en una limitante.
“El maíz tardío tiene como principal fortaleza la estabilidad. Pero este año, si las lluvias acompañan, también podemos pensar en un plus de rendimiento”, señaló Manuel Bavio, gerente de ventas de maíz de Stine.
Cuando demasiada agua obliga a cambiar los planes
En campañas húmedas suele aumentar el interés por las siembras tempranas.
Sin embargo, Bavio advirtió que los excesos de agua también pueden dificultar el ingreso a los lotes y retrasar las labores.
“Los excesos de agua pueden impedir completar las siembras en las fechas previstas y obligar a modificar los planteos sobre la marcha”, explicó.
En esos casos, el maíz tardío puede transformarse en una alternativa para lotes que no pudieron implantarse dentro de la ventana originalmente prevista.
La genética pasa a ser una decisión central
Para Stine, el primer paso es definir correctamente el híbrido de acuerdo con las características de cada ambiente.
“La genética es lo primero que hay que definir, según el ambiente. En lotes más restrictivos buscamos materiales que aseguren un piso de rendimiento, mientras que en mejores ambientes podemos apostar a híbridos con mayor potencial”, señaló Bavio.
El criterio busca evitar una recomendación uniforme para situaciones productivas que pueden ser muy diferentes.
La disponibilidad de agua, la calidad del ambiente, el riesgo sanitario y la fecha de siembra forman parte de las variables que condicionan esa elección.
Más agua también permite ajustar densidades
Una buena recarga de los perfiles puede abrir además posibilidades para intensificar el manejo.
En ambientes con suficiente disponibilidad hídrica, el productor puede evaluar mayores densidades de siembra, siempre que el resto de las variables acompañen.
Ese planteo requiere también una nutrición acorde con el potencial buscado.
La oportunidad de capturar más rendimiento depende así de lograr un equilibrio entre agua, genética, densidad y oferta de nutrientes.
Las enfermedades ganan importancia en campañas húmedas
La contracara de una campaña con mayor humedad es una posible mayor presión sanitaria.
Entre las enfermedades señaladas por la empresa aparecen tizón, cercospora y mancha blanca.
Esta última tuvo una presencia importante durante la campaña anterior, según la información aportada por Stine.
Por eso, el comportamiento sanitario de los materiales pasa a ocupar un lugar más relevante en la elección del híbrido.
No se trata solamente de buscar potencial de rendimiento, sino de evitar que una mayor disponibilidad de agua termine acompañada por pérdidas asociadas a enfermedades.
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La chicharrita concentra la atención en el norte
El escenario es diferente en el NOA y NEA, donde la chicharrita del maíz aparece como uno de los principales factores a vigilar.
Para muchos productores del norte, mantener el cereal dentro de la rotación sigue siendo necesario.
Eso obliga a combinar adaptación regional con herramientas genéticas y manejo sanitario.
Stine ubica dentro de ese segmento al ST 9977, un híbrido tropical que, según la empresa, presenta adaptación al NOA y NEA y comportamiento frente a Spiroplasma.
La recomendación debe entenderse dentro de la propuesta comercial y técnica de la compañía y no como una garantía de ausencia de daños.
Tres materiales para ambientes diferentes
Dentro de su propuesta para maíces tardíos, Stine presentó tres híbridos con perfiles distintos.
El ST 9937 es un material de ciclo completo que la compañía posiciona para la región central, con foco en estabilidad, potencial de rendimiento y comportamiento sanitario.
El ST 9977 es un híbrido tropical orientado principalmente al NOA y NEA, con alta prolificidad y adaptación a esos ambientes.
Por su parte, el ST 9833 CL presenta ciclo intermedio e incorpora tecnología Clearfield, orientada al manejo de malezas en planteos tardíos y de segunda.
La compañía plantea que la elección debe realizarse según ambiente, fecha y objetivos productivos.
El riesgo no termina cuando el cultivo llega a madurez
Otro punto que adquiere importancia bajo un escenario húmedo es la cosecha.
Si las lluvias se prolongan hacia el otoño, puede haber dificultades para entrar a los lotes en el momento previsto.
Eso expone al cultivo durante más tiempo en pie.
En ese escenario ganan relevancia características como la fortaleza de caña y la resistencia al vuelco y quebrado.
“La fortaleza de caña es una característica que no negociamos. Cuando el clima demora la cosecha, contar con materiales que resistan el vuelco y el quebrado hace una diferencia importante”, sostuvo Bavio.
El mercado también aporta una señal
A los factores agronómicos se suma el escenario internacional.
Según las estimaciones del USDA aportadas para la campaña 2026/27, los stocks mundiales de maíz se ubicarían en 280,4 millones de toneladas.
La cifra sería casi 27 millones de toneladas inferior a la del ciclo anterior.
Una reducción de existencias de esa magnitud puede aportar sostén a las cotizaciones internacionales, aunque el precio final dependerá también de la evolución de la producción, la demanda y el comercio global.
Para el productor argentino, ese contexto agrega un componente comercial a las decisiones agronómicas de la campaña.
Más potencial, pero también más variables a controlar
El escenario de El Niño puede generar mejores reservas de humedad y elevar el techo productivo del maíz tardío.
Pero la oportunidad no aparece aislada.
Una campaña más húmeda también puede traer dificultades de implantación, mayor presión de enfermedades, riesgo de chicharrita en el norte y posibles demoras durante la cosecha.
Por eso, desde Stine plantean que la estrategia debe construirse lote por lote.
“Hoy tenemos una paleta de híbridos que nos permite combinar ciclos, perfil sanitario, estabilidad y potencial. La clave es encontrar el material adecuado para cada ambiente y planteo productivo”, concluyó Bavio.
En un año Niño, entonces, el desafío del maíz tardío no será solamente aprovechar la disponibilidad de agua, sino convertirla en rendimiento sin perder de vista los riesgos sanitarios y operativos que puede generar una campaña húmeda.








































