La desdolarización en el sistema financiero

La desdolarización es sinónimo de pesificación, merma de financiamiento al sector privado. Necesitamos un cambio mental para gerenciar la crisis y no morir en el intento. La liquidez manda, y sobrevive el que se adapte más rápido al nuevo escenario.

 

La Argentina está en una transición política caracterizada por la debilidad de indicadores financieros que la llevaron obligadamente a un cepo cambiario para, de esta manera, restringir la compra de dólares y alentar la demanda de pesos en la economía.

Mirando el largo plazo, los planes económicos que se están esbozando no generan entusiasmo en la inversión, ya que el país tiene un alto costo fiscal y un tipo de cambio que sigue siendo bajo para exportar.

Sin una mejora de la inversión y exportación, no podremos mostrar a mediano plazo una suba del PBI que nos saque del estancamiento de nuestra economía que persiste desde el año 2011.

Para que haya inversión tiene que existir ahorro, para que haya ahorro tiene que bajar el consumo. El gobierno electo hace gala de potenciar el consumo, lo cual puede ser una bocana de aire fresco para la escasa actividad existente en la economía, sin embargo, esto será un placebo que no remediará los problemas de falta de inversión existente a mediano y largo plazo.

En el último año hemos visto cómo se derrumbaron los depósitos en los bancos. El stock de depósitos en pesos hace un año atrás, medidos a la cotización en dólares de dicha fecha, ascendía a u$s75.239 millones. Al 31 de octubre de 2019 suman el equivalente a u$s52.579 millones, esto implica que el ahorro en pesos disminuyo el equivalente a u$s22.642 millones, una caída del 30% anual.

Los depósitos en pesos representaban el 23,1% del PBI al año 2018, y hoy representa el 12,6% del PBI. Esta caída de los depósitos totales no ayuda a la inversión.

Un caso más impresionante es el de los depósitos en dólares: antes del blanqueo no llegaban a u$s10.000 millones, treparon a niveles de u$s30.680 millones hace un año atrás, y hoy se ubican en u$s21.390 millones, caen respecto al año 2018 un 30%. En el año 2018 los depósitos en dólares representaban el 9,4% del PBI, hoy solo el 5,1% del PBI.

Los depósitos totales del sistema financiero pasaron de representar el 32,6% del PBI, aterrizando a niveles del 17,7% del PBI al 31 de octubre de 2019. Hemos perdido en términos de dólares financiamiento por el equivalente a 14,9% del PBI.

Para los próximos años no creemos que retorne el crédito en dólares, ya que el cepo expulsa a los depósitos en moneda extranjera del sistema, por ende, el crédito en moneda dólar tiene a desparecer, con lo cual la merma de financiamiento será muy importante.

Los prestamos privados en dólares hace un año atrás ascendían a u$s15.595 millones, y hoy suman u$s11.850 millones, una pérdida de financiamiento que será irreversible con el correr de los tiempos del cepo, y proyectamos menos financiamiento en moneda dólar a futuro.

Los préstamos en pesos medidos en dólares se ubicaban en u$s43.610 millones, y hoy se ubican en u$s29.804 millones, esto implica una pérdida de financiamiento en pesos medido en dólares de u$s13.807 millones.

En resumen, hace un año atrás los prestamos privados en pesos y en dólares sumaban u$s59.206 millones, y hoy suman u$s41.654 millones, una pérdida de u$s17.552 millones, lo que representa una merma del 30%.

En términos de PBI el total de préstamos representaban el 18,2% y hoy apenas arañan el 10% del PBI.

En rigor, las medidas económicas que adopta el gobierno vienen destruyendo financiamiento. La caída de depósitos en pesos y en dólares reflejan que el mercado no desea ahorrar en el sistema financiero argentino, y ante la llegada del cepo esta tendencia se va a profundizar, ya que los argentinos se han colocado en modo ahorro, gastan muy poco, no llevan dinero a los bancos y los que pueden ahorran en dólares billetes.

La falta de confianza en el país es muy elevada. La compra de dólares por parte de los ahorristas es una muestra de repudio a la clase política argentina, ya que no creen que administren bien al Estado, y ante la falta de financiamiento externo, los gobiernos toman la devaluación de la moneda como una forma de financiarse ante la crisis, algo que nos hace más pobres a todos.

El sistema financiero argentino es un pañuelito, hoy tiene depósitos por el equivalente a u$s73.987 millones, mientras que los préstamos al sector privado suman u$s41.654 millones. Hace un año atrás la relación era depósitos por un total de u$s105.919 millones, y prestamos por u$s59.206 millones.

Sin tratar de marear al lector, estamos mostrando que en un año destruimos ahorro por un total de u$s31.932 millones y préstamos por un total de u$s17.552 millones. Esto repercute directamente sobre la inversión, actividad económica y mayor desempleo, un efecto pobreza enorme.

Los bancos que tienen menos mercadería para comprar y vender, han tenido una suba de los costos de estructura muy importante. Este mayor costo lo terminaría pagando el que recurra a pedir un crédito al banco, o bien el que utilice sus servicios, con lo cual los costos bancarios estarán en ascenso durante buen tiempo, en la medida que el sistema no recupere ahorro.

Por otro lado, el gobierno pretende desarmar lentamente las Leliq, para ello no permitiría que los bancos la utilicen como encaje remunerado, para no liberar dicho dinero a la plaza transforma el encaje remunerado en Leliq en encaje no remunerado, con lo cual empuja hacia arriba los costos de estructura de los bancos, y empuja hacia abajo los rendimientos que pagan las entidades financieras a los ahorristas.

Conclusión

Para el año 2020 será difícil que retorne el financiamiento a gran escala, ya que las entidades financieras tienen menos volumen de dinero en términos reales para transar en el mercado. Los costos bancarios se espiralizarían a la suba.

No puede haber financiamiento sin ahorro, para que emerja el ahorro la población debería consumir menos, algo que resulta difícil que suceda, por ende, no hay demasiadas chances de una mejora sustancial en la inversión. Sin inversión hay pocas posibilidades de reactivación económica, más empleo y por ende mayor actividad.

El gobierno electo podría incrementar impuestos para financiar el gasto público. Si ello ocurre los agentes económicos se verían agobiados por un efecto pinza, por un lado, se quedarán sin crédito para financiar el capital de trabajo de las empresas, y por otro lado perderán rentabilidad ante la suba de tributos.

El tipo de cambio de largo plazo es de $54,76 y el dólar mayorista que se toma para liquidar exportaciones e importaciones se ubica en $59,65, esto no es un tipo de cambio alto para la economía. Aplicarle mayores impuestos a la exportación vía retenciones es matar a la gallina de los huevos de oro, porque inevitablemente exportaremos menos, ya que el tipo de cambio real disminuirá y se colocaría por debajo del tipo de cambio de largo plazo.

Si Argentina exporta menos, tendrá como lógica importar menos ya que no hay dólares para financiar la entrada de productos, esto implica un 2019 con caída del PBI no menor al 2%.

En este escenario, el año 2020 nos está convocando a ser más eficientes y productivos. Nos invita a trabajar con capital propio, ya que el financiamiento será caro y escaso. La construcción podría mejorar notablemente, ya que la propiedad opera como resguardo de valor. No vemos entusiasmo en los inversores para volver a financiar al Estado cuando hoy no sabemos si terminaremos reperfilados, reestructurados o “reempomados” ante la posibilidad de que caigamos en cesación de pagos.

La desdolarización es sinónimo de pesificación, merma de financiamiento al sector privado, y pasamos de medir nuestra empresa en dólares, a medirla en mercadería. Necesitamos un cambio mental para gerenciar la crisis y no morir en el intento. La liquidez manda, y sobrevive el que se adapte más rápido al nuevo escenario. La misión es vender más cantidades, al menor precio posible y reducir costos por más escala o agregado de valor. Todo cuesta dinero, no habrá crédito, a lo mejor es momento de buscar socios y no financiamiento bancario.

Fuente: ambito.com | Por: Salvador Distéfano

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