El país pasó de exportar 6.819 toneladas en 2015 a 154.808 toneladas en 2025. El salto convirtió al sebo en uno de los subproductos ganaderos de mayor crecimiento y llevó a Argentina al cuarto puesto mundial entre los exportadores.
Las exportaciones argentinas de sebo bovino se multiplicaron por más de 20 en apenas una década, al pasar de 6.819 toneladas en 2015 a 154.808 toneladas en 2025, por un valor de US$125,2 millones. El salto, analizado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), estuvo impulsado principalmente por un cambio en la demanda internacional y por el crecimiento de la industria estadounidense de diésel renovable.
El fenómeno transformó a un subproducto tradicional de la faena bovina en una materia prima cada vez más buscada por la industria energética mundial.

De subproducto de la faena a materia prima energética
El sebo bovino es la grasa obtenida durante el procesamiento de los subproductos de la faena y el desposte. Junto con cueros, menudencias, huesos y otros tejidos, es enviado a plantas de rendering, donde se procesa a altas temperaturas.
De allí se obtienen principalmente sebo y harina de carne y hueso.
Durante décadas, el sebo tuvo como destinos principales la elaboración de jabones, cosméticos, velas y alimentación animal. Eran mercados relativamente estables y de valor moderado.
La transformación comenzó durante la última década, cuando apareció un nuevo competidor por esa materia prima: la industria de los combustibles renovables.
Estados Unidos cambió el mercado mundial del sebo
El principal motor de la nueva demanda fue el crecimiento del diésel renovable en Estados Unidos.

Según datos de la Energy Information Administration (EIA), la producción estadounidense pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025.
A diferencia del biodiésel convencional, el diésel renovable se produce mediante hidrotratamiento y tiene características químicas equivalentes al diésel fósil. Esto permite utilizarlo sin las mismas restricciones de mezcla y amplió considerablemente la demanda de aceites y grasas.
En ese escenario, el sebo pasó de ser un producto secundario a convertirse en una materia prima relevante para la producción energética.

El consumo estadounidense de grasa bovina destinada a biocombustibles pasó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a cerca de 450.000 toneladas a fines de 2025, un incremento superior al 720%.
¿Por qué el sebo bovino es tan buscado?
La creciente demanda tiene razones técnicas y regulatorias.
Desde el punto de vista industrial, el sebo posee un elevado grado de saturación y un perfil de ácidos grasos que lo hace apto para los procesos utilizados en la elaboración de diésel renovable y combustible de aviación sostenible (SAF).
Pero existe además un factor clave: su baja intensidad de carbono.
La intensidad de carbono mide las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al ciclo de vida de un combustible. En el caso del sebo, el modelo utilizado en Estados Unidos considera que el animal se cría fundamentalmente para producir carne y asigna la mayor parte de la huella ambiental de la actividad ganadera a ese producto principal.
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Por eso, el cálculo de la intensidad de carbono del sebo comienza en la etapa de rendering.
Esta característica le permite competir favorablemente frente a otras materias primas utilizadas para producir combustibles renovables.

Los incentivos de Estados Unidos impulsaron la demanda
El marco regulatorio estadounidense también tuvo un papel central.
El crédito 45Z del Departamento del Tesoro establece un incentivo fiscal de hasta US$1 por galón, cuyo monto depende de la intensidad de carbono del combustible.
El esquema reemplazó a un sistema anterior que otorgaba un monto fijo por galón y que finalizó a fines de 2024.
A esto se suma el Low Carbon Fuel Standard de California, que establece objetivos para reducir la intensidad de carbono promedio de los combustibles comercializados en ese estado.
Las políticas de incentivo y las obligaciones de mezcla contribuyeron a aumentar la demanda por materias primas con menor huella de carbono, entre ellas el sebo bovino.
Estados Unidos pasó a concentrar más de la mitad de las importaciones
El crecimiento de la industria estadounidense modificó también el mapa del comercio internacional.
El volumen mundial importado de sebo bovino se mantuvo relativamente estable en los últimos años, alrededor de 2 millones de toneladas anuales.
Lo que cambió radicalmente fue quién compra ese volumen.
Estados Unidos pasó de representar una participación marginal en las importaciones mundiales a concentrar más de la mitad del total en 2025.
Mientras tanto, otros destinos tradicionales redujeron sus compras.
La explicación está en la competencia entre los nuevos usos energéticos y los destinos históricos del sebo, como la jabonería, la oleoquímica y la alimentación animal.
El cambio también modificó el mapa de los exportadores
La expansión del consumo estadounidense tuvo consecuencias sobre los países proveedores.
Estados Unidos, que en 2015 era el segundo exportador mundial, cayó al sexto puesto en 2025, debido a que una mayor proporción de su producción quedó destinada a abastecer a la propia industria de combustibles.
Ese espacio fue ocupado principalmente por proveedores del hemisferio sur.
Brasil protagonizó uno de los mayores saltos: hace una década estaba en el puesto 31 del ranking mundial, con exportaciones inferiores a 1.000 toneladas anuales.
En 2025 alcanzó el segundo lugar mundial, con unos 402.000 toneladas exportadas, un volumen similar al de Australia, que lidera el mercado.

Argentina ya es el cuarto exportador mundial
Argentina también se benefició de la transformación del mercado.
En 2015 ocupaba el puesto 15 entre los exportadores mundiales, con apenas el 0,4% del comercio internacional de sebo bovino.
En 2025 ascendió al cuarto lugar, con una participación del 7,8%, detrás de Australia, Brasil y Canadá.
El crecimiento fue extraordinario: las exportaciones pasaron de 6.819 toneladas a 154.808 toneladas en diez años.
En términos relativos, el volumen exportado se multiplicó por más de 22 veces.
Estados Unidos se convirtió en el principal destino del sebo argentino
El cambio también fue profundo en los destinos de exportación.
Durante el período 2018-2022, los principales compradores del sebo argentino eran Países Bajos y Brasil, mientras Estados Unidos tenía una participación menor.
En el período 2023-2026, en cambio, Estados Unidos pasó a concentrar cerca del 60% de los envíos argentinos, mientras Uruguay explicó aproximadamente una cuarta parte.
La participación de Brasil cayó considerablemente.
La transformación refleja el nuevo rol del sebo dentro de la cadena energética estadounidense.
Argentina no utiliza sebo para fabricar biodiesel
Un aspecto particular del caso argentino es que la industria local de biocombustibles no utiliza grasas animales como principal materia prima.
El biodiesel producido en el país se elabora a partir de aceite de soja, según información de la Secretaría de Agricultura.
Por lo tanto, el sebo bovino disponible queda principalmente orientado hacia la exportación y los usos industriales tradicionales.
Esta situación genera una oportunidad exportadora que no necesariamente compite con la demanda interna de biocombustibles.
El nuevo escenario del crédito 45Z plantea un desafío
El mercado, sin embargo, enfrenta modificaciones regulatorias.
A partir de 2026, el crédito 45Z dejó fuera de su elegibilidad al sebo bovino importado.
Los embarques argentinos hacia Estados Unidos durante los primeros siete meses del año registraron una caída moderada del 4% interanual.
Aun así, la demanda estadounidense continúa siendo importante, porque las obligaciones de mezcla superan la capacidad de abastecimiento interno y mantienen la necesidad de recurrir a proveedores externos.
Además, el sebo conserva sus mercados tradicionales en la oleoquímica, jabonería y alimentación animal.
Un boom exportador nacido fuera de la ganadería argentina
El caso del sebo bovino muestra cómo un cambio regulatorio y tecnológico en un mercado externo puede transformar rápidamente el valor de un subproducto de la producción ganadera.
Mientras la faena bovina argentina creció de manera mucho más moderada, las exportaciones de sebo aumentaron 4.480% en alrededor de una década y media.
El salto no respondió a una explosión de la oferta ganadera, sino principalmente a una transformación de la demanda mundial.
La expansión del diésel renovable y de los combustibles sostenibles convirtió al sebo en una materia prima estratégica y abrió para Argentina un mercado que hace apenas diez años tenía una dimensión marginal.
Hoy, con 154.808 toneladas exportadas en 2025 y el cuarto lugar mundial, el sebo bovino dejó de ser un subproducto de bajo perfil para convertirse en una pieza cada vez más relevante del comercio agroindustrial argentino.
Fuente: Ana Rubicondi-Bruno Ferrari-Emilse Terré







































