Con 72,6 millones de toneladas de soja y maíz de la campaña 2025/26 todavía sin precio cerrado a mediados de agosto, los productores enfrentan una decisión clave: vender los granos y colocar los pesos o mantener la mercadería y asegurar un valor futuro. Un análisis de Fundación Mediterránea muestra que la respuesta cambia sensiblemente según el cultivo y que, en el caso del maíz, la estrategia de retención con cobertura hacia diciembre ofrece una Tasa Nominal Anual (TNA) del 69,6%.
La comparación cobra relevancia en un escenario en el que los precios de los principales granos todavía presentan un poder de compra inferior al de los últimos años frente a distintos bienes e insumos.
Sin embargo, el estudio advierte que esa pérdida de capacidad adquisitiva no significa, por sí sola, que postergar una venta sea siempre la mejor alternativa.
Más de 72 millones de toneladas de soja y maíz siguen sin precio
El volumen pendiente de fijación sigue siendo elevado.
Sobre una producción de soja estimada en 49,5 millones de toneladas, unas 17,7 millones ya tenían precio cerrado a mediados de agosto, equivalentes al 35,7% de la cosecha.
A ese volumen se sumaban 7,2 millones de toneladas ya adquiridas bajo modalidades a fijar y otras 24,6 millones que todavía no habían sido compradas por esos canales.
De esta manera, 31,8 millones de toneladas de soja, el 64,3% de la producción, permanecían sin precio cerrado.
En maíz, sobre una cosecha estimada en 71 millones de toneladas, 30,2 millones ya tenían precio, equivalentes al 42,6%. Otras 6,5 millones se encontraban adquiridas a fijar y alrededor de 34,2 millones todavía no habían sido compradas.
Así, 40,8 millones de toneladas de maíz, el 57,4% de la cosecha, continuaban sin precio definido.
Soja y maíz muestran ritmos de comercialización diferentes
La evolución de las ventas también muestra diferencias entre ambos cultivos.
En soja, el 35,7% de la producción con precio cerrado se encuentra por debajo del 47,4% observado a la misma altura de la campaña 2024/25 y también de la mediana histórica desde 2010, ubicada cerca del 46%.
El maíz presenta la situación inversa: el 42,6% con precio fijado supera el 38,9% registrado un año atrás y se ubica ligeramente por encima de la mediana histórica.
Pero el ritmo comercial es apenas una parte de la ecuación. Fundación Mediterránea también analizó cuánto pueden comprar actualmente los granos frente a otros bienes de la economía.
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Los granos todavía compran menos que en años anteriores
Durante los primeros siete meses de 2026, la soja recuperó 11% de poder adquisitivo frente al mismo período de 2025, aunque continuó alrededor de 19% por debajo del promedio de 2016-2025 cuando se la compara con el costo de vida.
Para el maíz, la relación frente al Índice de Precios al Consumidor cayó 7% interanual y quedó aproximadamente 23% por debajo de su promedio histórico.
El trigo mostró un deterioro mayor: retrocedió cerca de 9% frente al año pasado y su poder de compra se ubicó 32% debajo de su referencia histórica.
Una de las mayores presiones aparece en los fertilizantes.
La capacidad de compra de soja frente a la urea y el fosfato diamónico se encuentra alrededor de 18% por debajo de su promedio histórico. En maíz, la diferencia negativa ronda el 21%, mientras que para trigo se acerca al 30%.
También existe una recuperación incompleta frente a la maquinaria agrícola.
La soja mejoró entre 21% y 27% respecto de las relaciones observadas en 2025, aunque todavía permanece entre 7% y 12% debajo de sus valores históricos. Para maíz, esa brecha negativa oscila entre 11% y 15%, y en trigo alcanza entre 22% y 26%.
No todas las comparaciones son desfavorables: según el informe, la soja conserva actualmente un poder de compra superior a su promedio histórico frente al glifosato y también respecto del valor de departamentos nuevos en la Ciudad de Buenos Aires.
Vender e invertir o retener: la señal más fuerte aparece en maíz
Frente a este escenario, Fundación Mediterránea comparó dos estrategias posibles.
La primera consiste en vender el grano al precio disponible e invertir los pesos obtenidos hasta una fecha determinada.
La segunda alternativa es conservar físicamente el grano y fijar actualmente un precio futuro mediante una cobertura en Matba Rofex.
Los resultados muestran diferencias importantes entre cultivos.
Para el maíz con vencimiento en diciembre de 2026, mantener la mercadería y realizar la cobertura arroja una TNA implícita del 69,6%, frente al 26,2% estimado para la estrategia de vender actualmente e invertir el dinero.
Traducido al valor esperado al vencimiento, la alternativa de postergar la comercialización resulta 12,9% superior.
La señal favorable a la retención continúa en los meses posteriores, aunque la tasa se reduce gradualmente.
La TNA calculada alcanza 58,9% para enero de 2027, 48,5% para marzo, 45,9% para abril y 37,9% para julio.
En soja, la diferencia es mínima
Para la soja, el escenario es mucho más equilibrado.
Con vencimiento en noviembre de 2026, retener el grano con cobertura genera una TNA estimada del 29,9%, frente al 26,1% de vender e invertir.
Sin embargo, cuando se observa la diferencia acumulada hasta el vencimiento, la ventaja de esperar es de apenas 0,9%.
En enero de 2027, esa brecha baja al 0,6%, mientras que desde mayo la ecuación cambia y vender el grano e invertir los pesos pasa a superar a la estrategia de retención.
Qué pasa con el trigo
El trigo presenta un comportamiento distinto.
Para los vencimientos de noviembre y diciembre de 2026, vender e invertir muestra ventajas aproximadas de 0,9% y 1,1%, respectivamente.
En enero de 2027, las dos estrategias prácticamente se igualan, mientras que hacia marzo la retención vuelve a presentar una leve ventaja.
La comparación deja así una señal diferente para cada cultivo: el maíz muestra actualmente el mayor premio por postergar la venta bajo cobertura, mientras que en soja las diferencias son reducidas y en trigo la conveniencia cambia según el vencimiento considerado.
El análisis de Fundación Mediterránea concluye, además, que un poder de compra históricamente bajo no alcanza para determinar si conviene vender o guardar los granos. La decisión depende también del precio que ofrecen los futuros por esperar, el costo de mantener la mercadería, las necesidades financieras de cada empresa y la rentabilidad disponible para los pesos obtenidos mediante una venta.









































