Un estudio de 12 campañas agrícolas realizado en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC demuestra que el fenómeno El Niño no determina por sí solo mejores rendimientos en trigo en secano. La brecha entre el rendimiento logrado y el potencial supera el 55%, y la clave para acortarla está en la elección del cultivar y la fecha de siembra, no en esperar un año Niño.
El hallazgo central del trabajo, conducido por el ingeniero Ricardo Maich durante el período 2014-2025, contradice una creencia instalada en el sector: que El Niño, por traer más lluvias, necesariamente mejora el trigo. Los datos muestran que el rendimiento medio del cultivo antecedido por un barbecho estival Niño fue de 2.870 kg/ha, contra 2.513 kg/ha en años Niña y 2.486 kg/ha en años neutros. Pero esa diferencia no se explica por las lluvias durante el ciclo del cultivo —que en la región centro-norte de Córdoba son escasas en otoño-invierno— sino por el agua útil almacenada en el suelo al momento de la siembra, que un barbecho estival Niño favorece.
Durante el ciclo del cultivo propiamente dicho, apenas dos de las 12 campañas registraron un Niño activo. Los rendimientos en esas condiciones fueron de 2.683 kg/ha, por debajo de los 2.820 kg/ha obtenidos en años Niña durante el ciclo. El mensaje es claro: el clima del barbecho importa más que el clima durante el crecimiento del trigo.
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La brecha de rendimiento es el dato más alarmante del estudio. El rendimiento logrado en el Campo Escuela fue un 17,1% superior al regional, pero un 55,7% inferior al potencial. Esa diferencia de más del 50% es el margen que el manejo agronómico puede —y debe— intentar acortar.
Los ensayos evaluaron dos palancas de manejo: el ciclo del cultivar y la fecha de siembra. Los cultivares de ciclo corto promediaron 2.723 kg/ha contra 2.457 kg/ha de los largos. La primera fecha de siembra —fines de abril a mediados de mayo— superó a la segunda en ambos tipos de ciclo. La combinación ganadora: ciclo corto sembrado a fines de mayo, con 200 semillas viables por metro cuadrado. Paradójicamente, la fertilización nitrogenada con urea no mostró efecto significativo sobre el rendimiento en las cuatro campañas en que se aplicó.
Maich concluye con una imagen directa: “Disponemos de un solo tiro para dar en el blanco y acercarnos al rendimiento potencial. La bala de plata sugerida estaría compuesta por sembrar un cultivar de ciclo corto durante el segundo decanato de mayo, con una densidad de 200 semillas viables por metro cuadrado, sin fertilización alguna”. Con El Niño confirmado para lo que resta de 2026, el barbecho estival que se inicia ahora será clave para cargar el perfil de agua antes de la siembra. Pero de ahí en más, el rendimiento dependerá del manejo, no del clima.









































