Caña de azúcar: potencial bioenergético

“La caña de azúcar es la principal agroindustria del noroeste argentino”, señaló el Ing. Agr. Eduardo Romero (Investigador EEAOC Facultad de agronomía Univ. Tucumán). Para dar un pantallazo actual, Romero detalló que el sector azucarero está concentrado principalmente en la provincia de Tucumán (70%) y comprende, desde los productores cañeros, los ingenios, las destilerías de alcohol, las deshidratadoras de alcohol y emplea a casi 61.000 personas por año. En la zafra de 2019 se produjeron 2.223.000 toneladas de azúcar equivalente, 514.000m3 de alcohol y se exportaron 217.000 toneladas de azúcar.

El Ingeniero explicó que éste cultivo semi perenne tiene un ciclo económico que dura 4 o 5 años. Se cosecha la caña y, luego del corte, el rebrote genera nuevamente el cañaveral. Uno de los objetivos para mejorar la rentabilidad es prolongar durabilidad o capacidad productiva. “Para entender el potencial bioenergético de la caña de azúcar es calve partir por las características ecofisiológicas. Esta planta carbono 4 es muy eficiente para fijar CO2 y captar radiación, tiene una elevada tasa de crecimiento y capacidad de producir biomasa con bajo costo de energía metabólica”, subrayó. Agregó que de diciembre a marzo es el período crítico de cultivo, dónde tiene la mayor tasa de crecimiento y expansión foliar. Los órganos de cosecha son de tipo vegetativo y al prolongar esta etapa, con condiciones ambientales favorables, mayor será el rendimiento. La biomasa total del cañaveral está compuesta por la parte subterránea (cepa y raíces que componen el rebrote) y la aérea. De ésta última, el 65-85% se cosecha (tallos molibles) y el resto es residuo. “Por muchos años se usó el fuego para la eliminación del residuo, se quemaban entre 7 a 15 ton/ha de biomasa.

Hoy se está trabajando con planteos más sostenibles”, enunció. En esa línea, manifestó que los sistemas sustentables mantienen los residuos de cosecha para mejorar las condiciones del suelo, mejorar su fertilidad, reducir la erosión y controlar malezas por su efecto alelopático. Sobre todas las cosas remarcó que el residuo, junto a la cepa y raíces, secuestra 1,3 toneladas de carbono por hectárea por año; y el cultivo en general, para un rendimiento de 60 ton/ha, secuestra 15,7 ton/ha de carbono al año y 57,5 ton CO2/ha año. Esto nos da idea del potencial que tiene la especie para fijar CO2 y reducir las emisiones. El valor de éste cultivo radica también por su potencial energético. “Una tonelada de caña produce 7.400 megajoules, lo que es igual a 1,2 barriles de crudo. Con éste valor energético por tonelada, considerando una fibromasa de 100 ton/ha (70 ton caña/ha), la producción energética de la caña de azúcar es 15 a 20 veces mayor que la energía que se utiliza para producirla, cosecharla y trasladarla”, afirmó. Yendo a algunos índices bioenergéticos, dijo “El potencial energético por tonelada de caña de azúcar se traduce en 2,3 Gj.t -1 de bioetanol, 2,3 Gj.t -1 de electricidad y 4,6 Gj.t -1 de electricidad y vapor”.

En términos de sustentabilidad, el disertante mencionó que la reducción de gases de efecto invernadero, con el escenario actual, los valores son de 8,7%, pero podrían subir al 86,5% si la capacidad aumenta un 100%. Según el representante de la EEAOC, los caminos para aumentar la disponibilidad de materia prima para la producción energía, radica en la expansión del área bajo cultivo y el incremento de la productividad, de la mano de la mejora genética, la optimización del manejo, la incorporación de tecnologías, de inversión, investigación y transferencia. Para concluir, Eduardo Romero expresó “la caña de azúcar constituye una agroindustria estratégica para la cadena energética, capaz de asegurar abastecimiento regional de energía renovable, y de aportar matriz nutricional. Para eso resulta importante afianzar el establecimiento de sistemas productivos agrícolas e industriales sostenibles y eficientes, y mejorar la organización del sector sucroalcoholero con acuerdos consensuados”. “Se necesita de la definición de políticas energéticas a mediano y largo plazo, integrando los sectores y regiones intervinientes.” A lo que agregó, “es clave priorizar la sustentabilidad ambiental, cuidando el suelo, el agua y el aire para las generaciones futuras”

 

Fuente: Prensa Aapresid

 

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