Un estudio comparativo elaborado por investigadores de la Universidad Austral y de Purdue University, a partir de la primera comparación directa entre el Purdue University/CME Group Ag Economy Barometer y el Austral Ag Barometer, reveló que el 53% de los productores agropecuarios argentinos espera buenos tiempos para la producción agrícola en los próximos cinco años, frente a apenas el 28% de sus pares estadounidenses. El trabajo, titulado “How Farmer Sentiment Compares in the United States and Argentina” y basado en encuestas realizadas en mayo y junio de 2026 a unos 400 productores de cada país, muestra que la brecha se da pese a que ambos enfrentan desafíos similares: altos costos de insumos, presión sobre los precios de los commodities y preocupación por la situación financiera.
La diferencia más marcada aparece justamente en las perspectivas de mediano plazo para la agricultura. En Estados Unidos, el 57% de los productores espera malos tiempos y solo el 28% anticipa un escenario favorable, en un contexto de márgenes estrechos, bajos precios de los commodities y costos de producción elevados. En Argentina el panorama se invierte: el 53% espera buenos tiempos y apenas el 4% prevé un escenario negativo. Según el informe, ese optimismo argentino no refleja necesariamente una alta rentabilidad actual, sino la percepción de un entorno más favorable para invertir, sostenida por la reducción de los derechos de exportación, una mayor apertura de mercados y un mejor acceso al crédito en dólares.
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En la producción ganadera, en cambio, el optimismo es alto en ambos países, aunque también más marcado en la Argentina: el 68% de los productores estadounidenses espera buenos tiempos para los próximos cinco años, frente al 80% de los argentinos. En el caso local, a los precios favorables del ganado y la oferta limitada de hacienda se suma la expectativa de una recomposición del rodeo nacional, impulsada por mejores condiciones para las exportaciones y financiamiento en dólares a costos relativamente bajos que alientan la inversión en vientres. Carlos Steiger, director del Ag Barómetro Austral y coautor del estudio, explicó que el optimismo ganadero argentino se apoya, en gran medida, en la expectativa de que continúen las políticas de reducción de retenciones y en la ausencia de restricciones a la exportación de carne vacuna.
Las diferencias entre ambos países también se reflejan en el mercado de tierras. En Estados Unidos, el 57% de los productores considera que los precios se mantendrán estables durante el próximo año, el 35% espera una suba y el 8% una caída. En Argentina, en cambio, el 50% espera que los valores aumenten, el 46% prevé estabilidad y solo el 4% anticipa una baja. El estudio explica esta diferencia por el nivel ya elevado de los valores de la tierra en Estados Unidos, donde las tasas de interés y los costos de producción limitarían nuevas subas, frente a una Argentina donde muchos productores perciben que la tierra agrícola continúa subvaluada tras años de inestabilidad en las políticas públicas. De sostenerse la mejora institucional, plantea el informe, una eventual suba de precios podría interpretarse como una recuperación de valor antes que como el inicio de un ciclo especulativo. También difieren los factores que los productores consideran determinantes para el valor de la tierra: en Estados Unidos pesan más las inversiones alternativas y las tasas de interés, mientras que en Argentina influyen más los ingresos de la actividad agropecuaria y la política agrícola.
Pese a estas diferencias de fondo, ambos países coinciden en buena parte del diagnóstico sobre los problemas actuales del sector: los altos costos de los insumos aparecen como el principal obstáculo para mejorar la situación financiera de las explotaciones en ambos casos, seguido por el riesgo climático y los bajos precios de los productos en Estados Unidos, y por los bajos precios y el riesgo climático en Argentina. Una diferencia relevante es la incertidumbre sobre las políticas públicas, que en Argentina aparece entre los principales factores que limitan la mejora financiera, algo que no ocurre entre las preocupaciones de los productores estadounidenses. Al respecto, el estudio advierte que los cambios en los derechos de exportación, las reglas cambiarias y las intervenciones en los mercados no solo pueden afectar la rentabilidad presente, sino también las decisiones de inversión de largo plazo, amplificando los riesgos de precios, financieros y climáticos que ya enfrenta el sector.
Para los autores del estudio, la comparación deja una conclusión de fondo: aunque productores argentinos y estadounidenses comparten buena parte de los problemas cotidianos de la actividad, sus expectativas hacia el futuro difieren de manera sustancial. Esa brecha, sostiene el informe, no responde únicamente a las condiciones de los mercados agropecuarios, sino también a los incentivos de política, las condiciones financieras y la estabilidad institucional de cada país, tres variables que hoy inclinan la balanza del optimismo hacia el campo argentino.








































