El INTA revela los tres factores que definen si el trigo rinde bien o mal esta campaña

Vista aérea de parcelas experimentales de trigo en la llanura pampeana argentina, con diferentes variedades en evaluación, bajo un cielo renovado con nubes dispersas y luz natural. Imagen de investigación agrícola y mejoramiento genético de cultivos.
Con la siembra de trigo en marcha en gran parte del país, especialistas del INTA Marcos Juárez identificaron los tres factores que más impactan sobre el rendimiento del cultivo: la elección varietal, la nutrición y la eficiencia en el uso del agua. La información surge de los ensayos de la Red de Evaluación Territorial (RET) de Trigo, desarrollada por el INASE y el INTA en todas las subregiones trigueras del país.

La elección de la variedad es el primer eslabón de la estrategia. Los resultados de la RET, disponibles en el sitio del INASE, permiten comparar el comportamiento de distintos materiales en diferentes ambientes y subregiones a lo largo de varias campañas, aportando información concreta para seleccionar los genotipos más adaptados a cada zona productiva.

La nutrición es el segundo pilar. Según explicó Guillermo Donaire, especialista del INTA Marcos Juárez, para producir una tonelada de trigo se necesitan aproximadamente 30 kilos de nitrógeno. Los requerimientos escalan con el objetivo de rendimiento: para 3.000 kilogramos por hectárea hacen falta alrededor de 90 kilos de nitrógeno; para 5.000, unos 150; y para 7.000, aproximadamente 210 kilos por hectárea. A eso se suman fósforo, azufre, potasio y micronutrientes necesarios para sostener el crecimiento y desarrollo del cultivo.


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El tercer factor es el agua. “La eficiencia en el uso del agua mide cuántos kilos de grano se producen por cada milímetro de agua consumida. En buenas condiciones, el trigo produce entre 10 y 20 kilos de grano por cada milímetro de agua”, explicó Donaire. Los programas de mejoramiento trabajan en el desarrollo de genotipos con mayor tolerancia a los estreses hídricos y mejor eficiencia en el aprovechamiento de este recurso.

Para el especialista, los tres factores no funcionan de manera aislada: alcanzar el máximo potencial productivo requiere gestionar de manera integrada la nutrición, el suelo y la genética, siempre en función de las características de cada ambiente.

“La información generada por los ensayos de la RET y el conocimiento sobre los requerimientos del cultivo permiten ajustar las estrategias de manejo de acuerdo con los objetivos productivos y las condiciones de cada región”, señaló Donaire. En una campaña que arranca con buenas reservas hídricas en varias zonas del país, la combinación de variedad adaptada, nutrición ajustada y manejo eficiente del agua aparece como la hoja de ruta más sólida para capturar el potencial disponible.

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