INTA General Villegas advierte: el 50% de los lotes del oeste bonaerense necesita fósforo y la soja y el girasol empiezan a responder a la fertilización

Disertante durante una presentación técnica sobre nutrición de cultivos y manejo de suelos en el Simposio Regional FERTILIDAD 2026 en Santa Rosa.
Mirian Barraco, investigadora del INTA General Villegas, presentó en el Simposio Regional Fertilidad 2026 en Santa Rosa evidencia de que la soja y el girasol del noroeste y oeste bonaerense —históricamente considerados cultivos de baja respuesta a la fertilización— comienzan a mostrar respuestas crecientes a fósforo, azufre y boro como consecuencia del deterioro sostenido de la fertilidad de los suelos. Su diagnóstico es claro: el 50% de los lotes de la región debería recibir fertilización fosfatada y la reposición debe pensarse como una estrategia de largo plazo, no como una práctica anual.

La fertilidad que se fue sin que nadie la repusiera

Los suelos del noroeste y oeste bonaerense presentan ambientes restrictivos, con menor contenido de materia orgánica y textura frecuentemente arenosa. La baja reposición histórica de fósforo en soja y girasol —cultivos que durante años se sembraron asumiendo suelos bien provistos— derivó en situaciones de deficiencia que hoy se expresan en respuestas productivas concretas a la fertilización. “Ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”, señaló Barraco.

Soja: inoculación irremplazable y acidificación como amenaza

En soja, la fijación biológica de nitrógeno aporta cerca del 50% de las necesidades del cultivo, lo que la diferencia de las gramíneas. Sin embargo, la acidificación y la falta de calcio se reflejan en una menor nodulación, afectando ese aporte natural. En ese contexto, Barraco destacó que la inoculación sigue siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico: “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”.

Para el fósforo, la especialista advirtió que el cultivo es sensible a altas dosis aplicadas en la línea de siembra por riesgo de fitotoxicidad, por lo que insistió en diseñar un plan de reposición sostenido en el tiempo en lugar de pensar en aplicaciones anuales aisladas. En cuanto al azufre, los años de agricultura continua y la pérdida de materia orgánica están generando respuestas cada vez más notorias.


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Girasol: nitrógeno moderado, azufre con impacto y boro clave

En girasol, Barraco mostró respuestas importantes a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque con una advertencia para el nitrógeno: dosis altas pueden provocar caída en el contenido de aceite. Por eso recomendó estrategias moderadas con aplicaciones en estadios V4 o V6. “El azufre le da un escalón de rendimiento”, aseguró, posicionando a ese nutriente como uno de los de mayor impacto relativo en el cultivo.

Barraco cerró su presentación señalando que las rotaciones y los cultivos de cobertura serán claves para recuperar fertilidad y sostener productividad en sistemas agrícolas cada vez más exigidos. El mensaje del Simposio Fertilidad 2026 se repite en cada exposición: en el oeste bonaerense, la fertilidad no es un punto de partida dado sino un recurso que se construye con diagnóstico, planificación y reposición sostenida en el tiempo.

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