En el Simposio Regional Fertilidad 2026 realizado en Santa Rosa, el especialista Esteban Ciarlo, de Fertilizar Asociación Civil, presentó un diagnóstico alarmante sobre el empobrecimiento de los suelos en las regiones semiáridas y subhúmedas: el fósforo registra una caída promedio del 82% respecto a su condición original y el zinc es el segundo nutriente más deficitario. Frente a ese cuadro, datos de una red de 42 ensayos en 10 campañas demuestran que la fertilización balanceada mejora los rindes, la rentabilidad y la eficiencia en el uso del agua entre un 19% y un 72%.
El diagnóstico: suelos empobrecidos por décadas de extracción sin reposición
La intervención agrícola continua sin reposición adecuada de nutrientes generó un empobrecimiento generalizado de los suelos de la región. El fósforo registra una caída promedio del 82% respecto a su condición prístina y se ubica en umbrales críticos de deficiencia. El zinc es el segundo nutriente más deficitario porque se repone bastante menos de lo que se exporta. En cuanto al boro, Ciarlo sintetizó la situación con una frase directa: “de boro estamos bien, pero vamos mal”. La pérdida de materia orgánica, por su parte, implica directamente una pérdida proporcional de nitrógeno.
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La receta conservadora no rinde: apenas U$S 6 por hectárea de ganancia
El análisis de cuatro estrategias de manejo sobre la red de ensayos reveló respuestas dispares según el cultivo: el trigo es el que más responde a la nutrición, el maíz siempre crece si mejora la estrategia, y la soja presenta las menores respuestas relativas. La estrategia frecuente o conservadora que aplica el productor promedio genera ganancias marginales de apenas U$S 6 por hectárea y balances de nutrientes fuertemente negativos.
Por el contrario, el tratamiento completo —con las mayores dosis e incorporación de micronutrientes como el zinc— maximiza el potencial de rinde y logra revertir la degradación con un balance de nutrientes positivo, sumando en promedio 6 kg por hectárea de nitrógeno más fósforo y azufre en los cultivos de la red. “Antes de pensar solo en la economía, debemos entender que fertilizar bien es optimizar cada milímetro de agua disponible”, afirmó Ciarlo.
Nutrir mejor es usar mejor el agua
Nahuel Reussi Calvo, investigador de la UNMdP, planteó que gran parte de las brechas de rendimiento no se explican solo por falta de lluvias sino también por deficiencias nutricionales y degradación de suelos. En trigo es posible producir 22 kilos de grano por milímetro y en maíz 37 kilos, pero la mitad de los milímetros caídos no los está capturando el cultivo. Estrategias de fertilización basadas en diagnóstico pueden incrementar la eficiencia en uso del agua hasta un 72% en campañas donde el agua es la principal limitante.
El investigador también alertó que la eficiencia hídrica se ve afectada principalmente por la pérdida de carbono orgánico y el aumento de la densidad aparente del suelo. “En ambientes con deficiencias, la nutrición balanceada puede cerrar las brechas. Tenemos mucho para ganar”, afirmó.
“El año climático tiene mayor peso que la relación insumo-producto. La clave es hacer diagnóstico y poner nitrógeno donde hace falta”, concluyó Reussi Calvo. Los datos del Simposio Fertilidad 2026 instalan una conclusión clara para las regiones semiáridas: en ambientes donde el agua escasea, la nutrición balanceada no es un gasto sino la herramienta más eficiente para producir más con cada milímetro de lluvia disponible.





































