El jabalí europeo, introducido en la Argentina a principios del siglo XX para la caza deportiva, se convirtió en una de las especies exóticas más nocivas del país y hoy figura entre las quince más invasoras del planeta. Según estimaciones difundidas por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el daño que causa a cultivos e instalaciones agropecuarias asciende a unos 1.600 millones de dólares anuales, mientras que la falta de coordinación entre provincias y de un plan federal de manejo impide frenar su expansión.
Francisco Pescio, docente de Producciones Animales Alternativas en la FAUBA, explicó que los primeros ejemplares llegaron al país de la mano de un grupo de estancieros que los trajo para practicar caza deportiva en La Pampa, donde sus colmillos y cabezas son valorados como trofeos y también se aprovechan la carne y el cuero. Durante décadas la población se mantuvo bajo control, pero al no tener depredadores naturales en el territorio argentino, los jabalíes crecieron a un ritmo cada vez más acelerado en las últimas décadas.
Los ejemplares adultos pueden superar los 200 kilos, se desplazan en manadas numerosas —llamadas piaras— y, según advirtió Pescio, pueden volverse agresivos. La magnitud del problema llevó a que la especie sea declarada plaga en varias provincias: Buenos Aires, por ejemplo, decretó su “caza plaguicida”. El riesgo no se limita a lo económico: el año pasado un jabalí mató a un puestero en Mendoza, y en las últimas semanas se reportaron ejemplares merodeando por la localidad bonaerense de Ingeniero Maschwitz, lo que encendió las alarmas en el periurbano de Buenos Aires.
Te puede interesar
Pronóstico de lluvias hasta el 24 de agosto
El Niño y la chicharrita: qué variables definirán el riesgo para el maíz 2026/27
El INTA advierte por una limitante silenciosa que afecta la salud física del suelo
El sueldo del peón rural aumenta de julio a octubre: así quedan los básicos
Siete economías regionales siguen en rojo y el maní logra salir de la zona crítica
La suba de los fertilizantes le costó USD 180 millones extra al agro argentino
Google ahora te deja elegir qué medio ver primero: activá Ruralnet en un click y cambiá tu forma de informarte
A los daños directos sobre cultivos e instalaciones se suma un riesgo sanitario. Los jabalíes pueden transmitir enfermedades a los cerdos domésticos, como triquinosis, hepatitis y peste porcina, lo que eleva el riesgo para los productores porcinos, en especial los pequeños y medianos, además del riesgo para las personas. Según explicó Pescio, al no existir producción formal de esta carne, la que circula proviene de faena clandestina: cazadores elaboran conservas, fiambres y chacinados que llegan a ferias y restaurantes sin controles sanitarios ni verificación de triquinosis, lo que deja al consumidor sin forma de saber qué está comiendo ni qué riesgos corre.
Para el especialista, la solución pasa por habilitar la cadena formal de faena, algo que hoy no existe: el último frigorífico habilitado para esta actividad cerró en 2019. Sin ese eslabón no hay incentivos económicos para los cazadores, y sin cazadores registrados no hay forma de controlar la población de la especie. Dado que los privados que operaban este tipo de establecimientos ya no pueden afrontar los costos de habilitación, Pescio planteó que el Estado debería impulsar frigoríficos públicos o mixtos a nivel municipal, provincial y nacional.
Existe, sin embargo, un antecedente que muestra que el problema tiene solución cuando hay coordinación. En el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, los jabalíes devastaban los brotes y ejemplares jóvenes de las palmeras yatay que caracterizan al parque. Las autoridades convocaron entonces a cazadores locales, organismos de control sanitario y pobladores de la zona, y diseñaron un programa que otorgó permisos de caza solo a los pobladores en áreas habilitadas, con control sanitario de cada animal cazado y reparto de la carne entre los cazadores y comedores comunitarios cercanos. El esquema permitió controlar la invasión, generar ingresos para los pobladores locales y abastecer de alimento a quienes más lo necesitaban.
Pescio remarcó que las manadas de jabalíes no reconocen los límites provinciales: sin un plan federal de manejo, las poblaciones crecen en las zonas donde no se las caza y luego se desplazan hacia donde la presión de caza es menor, lo que perpetúa el problema. Para revertir esa dinámica, sostuvo que es necesaria una decisión política que articule a las provincias y la Nación, junto con un fortalecimiento del marco científico a través de universidades nacionales, el INTA, el CONICET y otras instituciones capaces de asesorar a quienes toman las decisiones.
“No estamos en el mejor momento institucional para enfrentar este tipo de problemas. Entonces, ¿hacia dónde pienso que vamos? Vamos hacia un crecimiento explosivo del jabalí”, concluyó Pescio.







































